Parte 2
—Se fueron —dice la historiadora Sazguljend mientras termina de despedirse de los chiquillos, quienes viajan en una carreta conducida por Kraslin—. Me costará acostumbrarme a estar con poca compañía de nuevo.
—Sí, será difícil, las cosas estuvieron demasiado animadas en este viaje —añade Eomstyll, su esposo, acariciando la roja cabellera de su mujer.
—Sí, es triste. Pero de seguro aparecerán otra vez, algún día —complementa una voz chillona a un costado de la pareja.
Los casados observan en dirección de la vocecilla y se encuentran con Frauen.
—Pensé que irías con los otros —comenta Saz, acariciando a la personilla con su dedo índice.
—Así era, pero Frauen decidió estar un tiempo más con ustedes —dice la Zhana, cruzándose de brazos, sonriente.
— ¿No deberías ir con tu Diosa?
—Frauen ya cumplió la misión, que se quede un poco más no le va a hacer daño.
Entrando en la capital, la pareja recorre la ciudad, únicamente en compañía de la pequeña Zhana que revolotea a su alrededor y que a veces los incita a actuar más como enamorados. Saz le sigue el juego a la pequeña y se mantiene afirmada del brazo de su esposo, quien hace una mueca y se ruboriza al ser visto por los demás habitantes del lugar. Silbidos se escuchan a sus espaldas, lo que de cierta manera le molesta, pero no dice nada para no arruinar el momento con su mujer.
En ese día, ambos visitan un restaurante. Los trabajadores del local reconocen al capitán de la guardia y le ofrecen un sitio especial para él y su esposa. Observan con curiosidad a la diminuta chica que vuela a su alrededor, no están acostumbrados a ver a una Zhana. Bueno, en realidad nadie debe estar acostumbrado, pues si bien, son amistosas, no suelen mostrarse mucho.
Ambos ordenan un perseferante, un animal bastante grande con una carne de un sabor característico, el cual es agridulce. Las costillas de la bestia son particularmente sabrosas, por lo que marido y mujer compiten para ver quién logra comer más primero. La ganadora es Frauen, quien se interesó en el sabor dulce de la criatura y terminó siendo adicta a ella, devorándola casi completamente. Obviamente la pareja la regaña por su acto y ella comienza a llorar pidiendo perdón, por lo que al final olvidan el asunto y vuelven a pedir un plato del animal, convidándole un poco a la Zhana quien todavía pareciera tener hambre.
El acompañamiento que le sigue son un conjunto de papas horneadas y una ensalada con unos frutos rojos similares a los tomates, pero de una textura más acuosa. También incluyen hojas de un vegetal amarillento, las que son bastante crujientes y combinan con el jugo del fruto dicho. El postre es una pequeña tarta con frutos secos a su alrededor y de una masa empalagosa llena de almíbar, bastante consistente, que termina de satisfacer a los comensales. Como bebestible tienen jarras de cerveza negra, enfriadas con magia de hielo.
Una vez satisfechos, la extraña pareja de Kaevalery y Shatevalery se pasean por los callejones, observando las tiendas de la capital. Algunas poseen grandes adornos y piedras con propiedades mágicas para llamar de mejor manera la atención de los transeúntes, con bellos tallados de madera, los que simbolizan el producto usual a vender o a algún dios existente que se espera que le dé beneficios al local. Otras tiendas se muestran más lúgubres y no parecieran tener mucha clientela, pero sus productos son de una calidad inmejorable y sus precios muy altos, siendo específicas para los nobles de la capital.
Saz entra a una tienda de ropa y observa los diferentes trajes en venta. Toma un vestido rojo con vuelos sobre el escote y una falda con pequeños azulejos y se luce frente a su esposo.
—Te ves bien —dice el hombre, mirando hacia otro lado con las mejillas enrojecidas.
—Oh, vamos. Si vas a decir eso, al menos mírame a mí, no a la silla que está ahí —regaña la mujer.
—Perdón, es que te ves tan bien que no puedo mirarte directamente.
La persona encargada de la tienda y la Shatevalery ríen a carcajadas, a lo que el capitán de la guardia reacciona ruborizándose aún más. Sazguljend se decide por el traje y lo compra felizmente. Frauen odia la ropa, por lo que se mantiene fuera de la tienda, saludando a los sorprendidos transeúntes de ver a una Zhana en la ciudad.
La mujer, luego de salir del local, camina hasta una tienda de utensilios de escritura, comprando papel y otros insumos.
— ¿Para qué quieres tanto papel? —pregunta el hombre, llevando consigo una caja llena del material luego de la compra.
— ¿Para qué más? —Saz brinca sobre un escalón de la ciudad—. Tengo que escribir un libro de nuestro viaje.
— ¿Oh? ¿Y cómo lo llamarías?
—Estaba pensando en algo como «El tesoro ancestral y la calamidad andante», pero no quiero llamarle así a Kinna. Recuerdo que la Federación Maquinista le decía de otra forma, ¿cómo era?
Eomstyll coloca su mano en el mentón y observa los tejados de las casas de la capital, intentando recordar el apodo.
—Bruja... ¿glotona?
— ¡Eso mismo!
Saz abraza a su marido y le da un beso en el rostro.
***
Por la noche, el Kaevalery observa a su esposa frente a un escritorio. Ella tararea una canción mientras escribe sobre las hojas de papel que acaba de comprar. Se le ve feliz y entretenida, cosa que le hace más difícil el comunicarle la noticia.
— ¿Qué sucede, Eomstyll? Frauen lo ve preocupado —pregunta la diminuta voladora, sentada sobre el mueble donde la Shatevalery escribe.
—Es sólo... No, tengo que decirlo, de nada sirve ocultarlo.
La Zhana lo mira con curiosidad, ladeando su cabeza tiernamente.
—Saz, tenemos que hablar.
— ¿Eh? —La mujer detiene su escritura y voltea su cuerpo sentado hacia la dirección de si marido, frotándose una rodilla por el frío de la noche—. ¿Qué necesitas decirme, amor?
—Ven, siéntate a mi lado.
La Shatevalery obedece y se acerca a su marido. El hombre la abraza fuertemente, sorprendiéndola.
— ¡Oye, ¿qué haces de forma tan inesperada?! ¡Frauen nos está viendo, no podemos hacer nada esta noche! —exclama con nerviosismo la mujer, intentado zafarse de su esposo, pero luego siente algo extraño en el Kaevalery—. Tú... ¿Por qué estás temblando?
No pareciera ser sólo lo que dice la mujer. Además de temblar ligeramente, su respiración se escucha algo entrecortada, no jadeante, sino como cuando una persona llora o tiene miedo.
Algo sucede. Algo que ella desconoce. Con un semblante serio, la mujer se dirige hacia su marido:
—Mi esposo. ¿Qué sucedió? Dime.
El Kaevalery guarda silencio por varios minutos, decidiéndose de si hablar o no. Sazguljend lo espera pacientemente, muy seria. Finalmente el hombre respira profundamente y se atreve a decir lo que debe anunciar.
—Dentro de unos días más, seré ejecutado —comenta, mirándole los ojos a su amada.
La Shatevalery se mantiene petrificada ante tal declaración.
— ¿Eh?
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Exhekar Tales II: El Tesoro Ancestral & La Bruja Glotona
FantasyUn artefacto más antiguo que la historia del mundo. Un grupo de personas curiosas que desean saber sus orígenes. Una bruja que devora todo a su paso. Esta historia habla del viaje de unos aventureros que desentierran los secretos del mundo en el que...
