Capítulo 9: [Ruinas de una civilización antigua] (1)

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Parte 1

—Bien, volvemos a estar aquí —comenta Eomstyll mirando hacia la entrada del bosque de Shaal—. Esta vez no nos desviaremos e iremos directo a las ruinas, ¿me oyen?

— ¡Sí, capitán! —responden al unísono Kaljy, Kinna y Tina, jugando con el Kaevalaery barbudo. Los tres ríen al mismo tiempo seguido de ello, ganándose un coscorrón de parte del hombre, exceptuando a la llamada calamidad andante, no se arriesga a hacerle daño.

—Mocosos mal criados. —El capitán de la guardia de Lugarta mira hacia el cielo y suspira—. Supongo tendremos que acampar aquí, ya está oscureciendo y sería peligroso entrar, ¿estás de acuerdo, Saz?

— ¿Eh? Bueno... Si tú lo dices...

El hombre mira a su esposa, ella comienza a desviar su mirada de un lado a otro, como aguantándose el decir algo.

«Quiere entrar ahora mismo», piensa el calvo. Luego, mira al resto del grupo, todos se comportan de una forma similar. El Kaevalery rasca su calva, volviendo a suspirar.

—Está bien, está bien, entraremos ahora. Pero estén preparados para cualquier cosa, no quiero problemas en el camino, ¿entienden?

El grupo asiente, con rostros felices y se adentran a la arboleda, con antorchas en mano.

Ya han estado ahí antes, cuando entraron a la ciudad bajo las raíces, pero esta vez, todos los exploradores observan aquel bosque detenidamente por primera vez. Los árboles verdosos observan, imponentes, a los intrusos que perturban la paz de su hogar, teniendo un grado de separación amplia en el camino que toman para ir a las ruinas. Los arbustos representan el único obstáculo al pasar, pero no suponen problema con un poco de magia de tierra para reubicarlos. De esta forma, les es fácil el llevar la carreta para transportar sus hallazgos.

La luz de la luna ilumina el sendero escasamente, por lo que el fuego que llevan en manos les es bastante útil.

De vez en cuando, uno que otro monstruo menor se cruza en su camino, siendo rápidamente eliminado por Eomstyll, Saz o Megala, no suponiendo un problema. Por suerte para ellos, estos enemigos son todos débiles y de escasa cantidad.

—Cuidado —dice Kaljy, a la cabeza de todos, guiando a los demás—. A nuestra derecha, cruzando esos árboles, hay un nido de Aspa(rr)ma.

—Deberíamos evitar que Frauen pase por ahí entonces —bromea Tina, a lo que los demás ríen en voz baja.

— ¡Oye! ¡Frauen no hará nada con ellos! ¡Frauen es una Zhana buena! —reclama la pequeña voladora, agitándose alrededor de la Talavalery.

— ¿Quieres que te recordemos el cómo te conocimos? —pregunta la joven de cabellos color del cielo, con una sonrisa burlona, a lo que la diminuta personilla lanza un bufido y se sienta sobre la cabeza del niño Sofry, sin decir palabra alguna, pero gruñendo de vez en cuando.

El grupo sigue avanzando cautelosamente y pasa a un costado de un claro.

—Algo huele delicioso-nyah —comenta Kraslin, olfateando el aire y babeando ligeramente.

—Es como carne asada —complementa Kinna.

— ¿Quizás es un grupo de viajeros que está acampando en el claro? —pregunta Saz, aunque en su mente no halla sensato el cocinar algo que despida tanto aroma en medio de un bosque durante la noche.

Los exploradores sienten curiosidad ante esto y observan el claro para ver de quién se trata. No son viajeros de ningún tipo. Allí, dos enormes Tarou están cocinando sobre una fogata a una bestia regordeta, haciéndola girar de vez en cuando. Los jugos y la grasa de la criatura caen sobre las llamas, haciéndolas sonar frecuentemente.

Exhekar Tales II: El Tesoro Ancestral & La Bruja GlotonaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora