Parte sin título 4

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−Ha pertenecido a la familia por muchas generaciones.

−Las casas viejas tienen chiripas y ratas –dice Samuel, sin siquiera levantar la cabeza del regazo de Mariana, resentido aún.

Alejandro no sabe cuál de los dos tiene peor carácter, si la madre o el hijo. Tratando de discernirlo, llama desde su celular –¡Hola Matilde! Por favor notifica mi llegada con Mariana. — cuelga, entrando al jardín que rodea la propiedad. Para su sorpresa la mira persignarse a través del retrovisor. "Al menos cree en Dios" reflexiona antes de ayudarla a bajar, otorgando su primer voto de confianza. Alguien que se encomienda al Ser Supremo para iniciar una nueva etapa en su vida, merece una segunda oportunidad.

−¡La aventura comenzó! –se le escapa en un suspiro imperceptible.

−Te garantizo, será la mejor de tu vida: Única e irrepetible. –la sorprende con su acertado comentario.

−¿Qué comes que adivinas? –se cuelga de su brazo, disimulando el miedo producido por aquel suntuoso ambiente, mientras sujeta con la otra mano al renuente Samuel.

−No adivino. –explica paciente. –Suelo ser muy observador, además tengo un oído bastante sensible. –advierte tranquilo. –Te recomiendo tener mucho cuidado al murmurar.

−¡No me amenaces! –lo pellizca con saña. –Soy muy bocona, digo lo que siento. –aguardan frente a la puerta de roble tallada de la entrada principal.

−Nunca lo haré. –toca el timbre, anunciando su llegada. – Te aconsejo.

−Tus consejos te los puedes meter por el...

−¡Bienvenidos! –sonriendo amigable, abre la puerta una anciana, interrumpiendo su último comentario. –Pasen, están en su casa.

"Hipócritas" Piensa Mariana mordiendo su lengua para no dejar salir a flote todos los insultos que a su juicio, merecen las estiradas personas que esperan en el recibo: Una joven de rojizos cabellos , una elegante dama delgada y un caballero muy parecido a Alejandro con unos cuantos años más.

−Te presento a mis padres y mi novia. – recuerda cortes, su anfitrión. –Aunque ya los habías visto en el bufete del licenciado Arvelaez.

−Mucho gusto. –se adelanta Jackeline a saludarla.

"Esta es la peor" intuye Mariana, mirándola de arriba a bajo sin disimular su mala impresión. Es muy alta, casi tanto como Alejandro, la rojiza melena rizada, apenas llega a los hombros. –Marucha –acepta renuente la mano. –Este es mi chamito: –señala al niño que sigue cabizbajo, sin atreverse siquiera a levantar la mirada. –Samuel.

−Esperamos hacer de su estadía, lo más provechosa para ambos. – ofrece Jackeline, tratando de hacer la atmósfera menos densa, mientras se acercan los demás, saludando con distante cortesía.

– Ella es Matilde, nuestra ama de llaves. –presenta la madre de Alejandro, a quien les abriera la puerta –Te mostrará al resto de la servidumbre.

Tienen cocinero (chef como le llaman ellos), institutriz, jardinero, chofer (única persona que llama su atención entre tanta gente, le parece haberlo visto antes) y dos mucamas. Siete bocas, demasiados extraños bajo el mismo techo ¿Para qué necesitan tantas personas? Se pregunta Mariana sin pronunciar una sola palabra.

−Ven, te enseñaré tu habitación –tomándola confiada de la mano, se ofrece Jackeline a llevarla al piso superior de "Su nueva casa".

−¡Gracias! –abre al fin la boca al quedar a solas con ella, ya le duele la lengua de tanto morderla.

−¡Es un placer! –pasa la mano por la cabeza de Samuel. –No sabíamos sobre tu hijo, por eso no preparamos una habitación para él.

−No importa –no la saca de su error. –Siempre dormimos juntos.

MarianaWhere stories live. Discover now