Medio desnudo, apenas cubierto con el guayuco del disfraz de gladiador, se encuentra Alejandro tendido en su cama, esperando el efecto del analgésico, tomado hace poco. Mientras se enfrentaba a uno, otro de los zombis lo atacó a traición con un bate. Creer tener una costilla seriamente lesionada. Con los ojos cerrados y el antebrazo tapando la luz, siente a alguien entrar. De nada sirve su explícita prohibición de subir.
—Jacky, ya te dije...
—¡Mamarro carajazo! —se asombra Marucha, ante el descomunal hematoma a punto de sangrar. —¿Con qué te dieron? —sopla la lesión. —¿Con una grúa? —lo palpa con sumo cuidado, examinándolo.
—¿Qué haces aquí? —trata de incorporarse, sorprendido por su intromisión. —Te exigí expresamente no...
—Me aseguro que puedas bailar sin problemas. —prosigue su inspección sin prestar atención a sus protestas. — ¿Te puedes sentar sin ayuda? —se queda esperando su respuesta, al no obtenerla, saca del bolsillo de su bata de baño una panela de jabón azul con mantequilla, comenzando a frotarla de forma circular en la contusión. –Debiste llamar un médico.
—Tú lo haces muy bien para ser una...
—Experta. —lo interrumpe antes de ser atacada. —En el barrio aprendemos a socorrernos unos a otros. No hay doctores, ni nadie a quien le importe.
—Eres una verdadera caja de sorpresas. —bajando la guardia, la deja proceder sin criticar. —Verte tan versátil, autosuficiente y segura de ti misma, me hace pensar que en lugar de un castigo, fueron una bendición tus sufrimientos. —contrae todos los músculos esperando su violenta reacción. —Te templaron como el fuego a los metales.
—¿Es un elogio o un insulto? —nunca sabe cómo actuar con él –¿Termino lo que empezaron tus amigos come muertos o te beso?
—¿Amigos míos o tuyos? –es menos peligroso lidiar con ella a las malas. –Se veían más interesados en ti que en mí.
—Siempre terminas poniéndola. –deja de frotarlo. La rara mezcla casera rinde sus frutos; el hematoma, ya no se ve tan descomunal –Hasta luego mal pensado.
—¡Gracias Maru! —por su propia salud mental, prefiere mantenerla lo más lejos de su alcance. —Me alivió bastante el dolor. —cierra los ojos, agotado. –Voy a dormir un rato para terminar de recuperarme. –se estira plácido en la cama, seguro que saldrá, dejándolo solo.
Para su sorpresa, en lugar de oír la puerta cerrarse, siente unos labios lastimando los suyos. Recibe una arremetida. Casi tan cruenta como la del jardín. Su instinto de supervivencia es superior a su dolor, termina agarrando por el cuello a su agresor.
—¿Así me agradeces la ayuda? —apenas puede articular, sintiendo la falta de oxígeno.
—¿Ayuda? —afloja la presión, permitiéndole respirar. –Creo que enloqueciste y vas a liquidarme. —la mantiene aplastada con su cuerpo, previendo otra arremetida.
—Pensé que mis besos terminarían de relajarte.
—¿Besos? —aún no se atreve a soltarla del todo. El ataque de los clones fue más sutil.
—No le lleva nada al realizado por ti, la otra noche en la cocina. —se defiende.
—Tienes razón. —evoca su violencia anterior.-Debía impedir tu salida. —termina de soltarla. —Disculpa.
−Hay otras formas de persuasión más efectivas. –entrelaza los dedos sobre su nuca, impidiendo separarse.
—Pero no soy el indicado para enseñarte. —busca incorporarse, infructuosamente.
—¿Te doy asco o no sabes cómo hacerlo? —monta su pierna desnuda sobre él.
—Porque soy tu albacea, tienes novio, eres casi una adolescente...
−Y aparte de todo me tienes miedo. –interrumpe triunfal, recordando su plática con Samuel.
—¿De admitirlo me dejarás tranquilo, yendo a vestirte? –es capaz de todo con tal de deshacerse de ella.
—No. –le divierte mortificarlo. —Eso ya lo sé. —planifica como vencerlo. —Muéstrame si estoy equivocada.
—Soy más fuerte tú. —se resiste a su chantaje. –Además, practico artes marciales
—Yo soy más rápida y llevo siglos jodiendo tipos tarados. —sube la otra pierna sobre su cuerpo dispuesta a luchar. –Podemos revolcarnos en la cama hasta la hora de la presentación o tener un respiro antes de terminar contigo en el baile.
—No entiendo la razón de tu animadversión hacia mí.
—Eres un hombre, un obstáculo a vencer: No mereces ninguna confianza.
— ¿Por qué subiste a curarme entonces?
—Porque te quiero ganar sin trampas, en buena lid.
—Quizá puedas llevarte una sorpresa. -aprovechando su proximidad, le saborea los labios con su boca, sin llegar a besarla. Centímetro a centímetro, recorre su carnosidad degustándola a placer. Al sentirla temblar emocionada, une por fin su boca a la suya en un beso largo, apasionado, cautivador. Baja sus manos hasta los femeninos muslos, recorre la suave piel vehemente. Es delicioso escucharla gemir, mientras se mueve provocativa, exigiendo más. Le encanta sentir su boca explorando la suya. Debe parar, antes de perder el poco autocontrol que le queda, pero su sabor lo embriaga. De repente se deja escuchar una chillona alarma, haciéndola saltar asustada y bajarse de un brinco de la cama.
–Te salvó la campana, pero la próxima vez, gano yo. –advierte, obviando su contundente derrota antes de salir corriendo.
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Mariana
RomanceLa desesperación por la supervivencia en Caracas (Venezuela) con su pobreza crítica, marginalidad, violencia y falta de dinero llevan a Mariana al borde. "Hago lo que sea pa' que mi chamo no se acueste sin na en la barriga ". Sólo por su hijo es...
