—Debe ser maravilloso amar tanto a alguien. —es ella quien lo separa, sin resentimiento. —que incluso sin pronunciar su nombre, todo tu ser lo refleja.
—Brizna yo...
—Tranquilo. —limpia el lápiz labial sin permitir su excusa. –Yo fui la abusadora, al querer probar el pastel ajeno. —es increíble que un hombre la rechace sin gestos, ni palabras. —Mejor, planeamos cómo hacerme pasar por ella. —resignada, lo invita a sentar, en unos bancos cercanos.
—Marucha, es muy conocida en su barrio, será mejor que ella misma te explique como no levantar sospechas. —no le sorprende ver acercarse a Luna, empujando la silla de Mariana. —Así que ella también, cuida de ti. —musita cayendo en cuenta. —Pensé que la protección era unidireccional.
—No.—admite satisfecha. –En esta familia todo es recíproco.
—Toma. —apenas llegar, Maru le entrega las llaves del auto, junto con su chaqueta de cuero negro, a Brizna.–Saluda a todos desde lejos como si los conocieras. —tira besos con la punta de los dedos diciendo adiós. —Pero, no permitas a ninguno acercarse, evitando inconvenientes. —la instruye e intenta disimular su enojo. —Pasa cerca del módulo con los vidrios bajos, así no levantas sospechas. —Después te detienes un poco más allá, como si revisaras algo. —apoyándose en la silla, se levanta con cuidado, demostrando cómo caminar. –Debes ser muy sexy. — mueve las caderas, insinuante. —con el objetivo de alegrarles el ojo, antes de irte.–vuelve a sentarse.
—Maru te dirá la ruta acordada. —se inmiscuye Luna, disminuyendo la tensión del ambiente. –En la gasolinera entrando a Valencia, vas a llenar el tanque, distraes al empleado, mientras los muchachos, suben a la parte trasera, sin ser vistos. –masajea los hombros de Maru, e intenta relajarla. La nota demasiado tensa, a punto de explotar en cualquier momento. –Detente lo menos posible, de preferencia en los mismos sitios, utilizados por los buses colectivos. Es primordial, no llamar la atención. Mantente en contacto. Los estaremos vigilando, desde el aire. Habrá gente nuestra, a lo largo de toda la carretera.
—No te arriesgues innecesariamente. –acota Alejandro, dando un apretón de manos como apoyo emocional.
—¿Qué hacían tan apartados de todos?–pregunta Mariana, a pesar de su inútil esfuerzo en mantenerse callada, mordiendo su lengua.
—A Alejandro todavía le duele el pecho y un poco la cabeza. También,le molesta el ruido. –cree necesario, Brizna borrar cualquier malentendido. –Aproveché para ofrecer mis servicios de rehabilitación y entrenamiento personal.
—Se nota. –se fija en el casi imperceptible, resto de lápiz labial en la boca masculina. Le provoca matarlo. Estuvo a punto de poseerla y ahora besa a otra con descaro. ¿Es cierto? ¿Ella apenas significa su pasaporte a la fortuna Murray? Descubrirlo le hace hervir la sangre, enervarse... Duele mucho, más de lo imaginado.
—¿Samuel sigue con las niñas? –pregunta como si le importara que los descubrieran besándose.
—Sí. –su indiferencia la deja sin palabras.
—Quedé en leerle un cuento. –se levanta, despidiéndose. –Como lo tienen todo planificado, ya no me necesitan. –besa a Brizna en la mejilla. –Cuídate mucho. –se dirige después a Luna, abrazándola con cariño. –Discúlpame abuela, todo está muy bueno. Pero de veras me siento mal, me cuesta respirar, deseo acostarme.
-¿Quieres que te aplique un analgésico? También tengo oxígeno. –se preocupa.
—No, gracias. –apenas, roza la cabeza a Maru, como a una niña malcriada. –¡Buenas noches! –se dirige a la casa.
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Mariana
Roman d'amourLa desesperación por la supervivencia en Caracas (Venezuela) con su pobreza crítica, marginalidad, violencia y falta de dinero llevan a Mariana al borde. "Hago lo que sea pa' que mi chamo no se acueste sin na en la barriga ". Sólo por su hijo es...
