Sintiéndose ignorados por los supuestos tórtolos, ambos se ponen de acuerdo, dejándolos solos.
—¿Por qué si la conoces desde la época de las cavernas, te la llevas tan mal con Jacqueline? —pregunta Marucha, aparentando inocencia frente a Francisco, quien la invita a comer helados en la cafetería del centro asistencial.
—Tuvimos un problema personal bastante serio y ninguno de los dos ha logrado superarlo aún .— no está dispuesto a contarle lo ocurrido entre ellos, porque lo más probable es que se ponga de parte de Jacqueline, cambiando su amable actitud hacia él.
—No será tan grave, cuando Alejandro parece haberlo comprendido y aceptado sin rencor. –quiere comprobar su teoría del amor que hay entre ellos. Sus miradas y gestos los delatan cada vez que están juntos, lo que no logra cuadrar, es el papel de su albacea, en aquel trío sentimental.
−Los hombres tenemos una muy diferente forma de afrontar la vida a ustedes, las mujeres. –lo pone nervioso hablar de Jacky, apenas ha probado su helado y ya comienza a derretirse en la copa.
—¡Qué descubrimiento tan insólito! — exagera abriendo los ojos y la boca, como si acabara de revelarle un secreto universal. – ¡Fíjate que no se me habría ocurrido, ni en mil años!
—No te burles. —se avergüenza, como descubierto en un delito.
—Entonces no me creas retrasada mental. —le da un pellizco retorcido en la mano. —Tengo veinte años, varios sobreviviendo en la calle, cuando tú vas, yo vengo. —se ufana de su experiencia.
—¿Debo entender que por eso te las sabes todas? —le agrada su chispa.
−Y una más. —se jacta, quitándole el helado, después de acabar con el suyo. —La vida sigue, si no te agarras con fuerza, te lleva por delante, te tumba o te aplasta, pero nunca se detiene. – devuelve su copa vacía. —cógele el ritmo o mejor aún ponla a bailar al tuyo.
Contrario a lo esperado, la recuperación de Alejandro se hace larga y tortuosa, ameritando casi un mes para ser dado de alta. La enfermera, ya está al borde de un colapso nervioso y él a punto de estallar, por tanto encierro. Incluso Jacqueline enojada, no regresa a visitarlo por su insistencia en pedirle que escuche a Francisco. Fuera de toda lógica, en contra de las estrictas especificaciones médicas, exige su computadora, alegando que estar sin hacer nada, lo estresa más. También lleva semanas sin ver a Marucha, negándose admitir que aquello agudiza su mal humor.
***
Apenas regresar a su casa se da un largo baño de burbujas, yendo después desnudo al jacuzzi para terminar de relajarse. El dolor no se le ha quitado por completo, pero ya no le dificulta respirar. Con los ojos cerrados, inspira lento y profundo, dejándose envolver por el ambiente natural que lo rodea. El mismo construyó el lugar detrás de la antigua casona, muy cerca de la piscina. La estructura metálica con cristales fotocromáticos, dejan ver todo el verdor; la bóveda transparente del techo, invita a soñar con los ojos abiertos, embebido en la inmensidad del cielo azul.
Puede llegar desde su habitación sin ser visto por uno de los innumerables pasadizos ocultos, usados desde niño. Le gusta pasar inadvertido y con el secreto revelado por su abuelo, deambula hacia cualquier parte. Necesita recobrar fuerzas. Durante su hospitalización logró contactar varios posibles inversionistas en Nueva York, en escasos días viajará. Con esa excusa seguirá evitando a Marucha. Si no estuviera en clases, le gustaría llevarse a Samuel. Quiere compartir más con el niño, mostrarle otras formas de vivir, sobretodo alejarlo de Caracas. Tiene un mal presentimiento con él, desde que le hablara de como se sentía en la casa. El seguir su primer instinto, le ha ahorrado muchos sinsabores en la vida. Cree que de haberlo hecho cinco años atrás, Elizabeth aún viviría
Siente a alguien sumergirse a su lado (dado el tamaño de la bañera de hidromasajes, pueden estar en ella cuatro personas a la vez) debe ser Jacky que como siempre hará las pases después de sus arrebatos. Mantiene con los ojos cerrados. –Gracias por venir, te he extrañado mucho. –suspira reconfortado, por sus suaves caricias en el cabello húmedo. –Sí prefieres no volveré a entrometerme. –es su única amiga, no soporta estar sin ella. – Disculpa si te ofendí, sabes cuanto te quiero, lo que significas para mí, por eso es que insisto en tratar de hacerte feliz a plenitud. –lo sorprende un inesperado beso en los labios. Nunca lo hace cuando están a solas. Abriendo los ojos, la separa con brusquedad.
−¿Otra vez estoy robando el puesto a tu novia? –ríe Mariana, nunca se divirtió tanto fastidiando la paciencia a alguien. –Si la amaras como dices, no la harías sufrir
−¿Qué haces aquí? –ignora sus comentarios. ¿Cuándo se le quitará la sensación de ser perseguido por una boa constrictora a punto de asfixiarlo?
−Asustarte como siempre. –sin importar su abierto rechazo, vuelve a besarlo. Por primera vez es ella quien acosa y acorrala a un hombre. Eso la incita, dándole ganas de devorarlo vivo.
Con la poca fuerza de voluntad que le queda, Alejandro la aprieta con ambas manos por el cuello, musitando rabioso. –Debo alejarte de mi a cualquier precio, de lo contrario enloqueceré. –después agotado física y mentalmente, sin fuerzas, ganas, ni deseos de seguir luchando; como un loco suicida, se entrega al mar de sensaciones despertado por Maru. Rendido a sus encantos, se dedica a enseñar una forma menos violenta, pero más intensa de besar. Goza localizando los puntos con mayor sensibilidad dentro su boca, casi sin darse cuenta, termina preguntándose por qué una supuesta callejera, tiene tan poca pericia besando.
−Cada día me sorprendes más. –acaricia su cuerpo mojado. – ¡Eres increíble! –deja de tocarla, alejándose otra vez, aunque ahora sin brusquedad. –Jacky puede llegar en cualquier momento, no quiero empeorar nuestra situación. –intenta usarla como escudo.
−No te preocupes –se levanta con intención de salirse. –No soy tan mala como piensas. –volviendo a sumergirse, alza las manos . Simula atacarlo, blandiedolas frente a su cara en forma de garras. –Si no, peor. – Torna a besarlo, como acaba de aprender. Nunca disfrutó tanto unos labios. Parecen derretirse bajo los suyos. Es delicioso sentirlo estremecer con sus caricias como si se tratara de un novato. La excita su actitud entre sorprendido y asustado. Sin darle tiempo para arrepentirse, sube sobre él, apreciando la dureza de su miembro a plenitud −¿De veras te aterrorizo? –ríe a carcajadas –¡Porque te voy a devorar completito!
−¡Santo Dios! – suspira casi sin aliento mientras la empala afianzándose con fuerza a sus caderas. Jadeante siente su cabalgar desbocado. –Maru más lento, recuerda que sigo convaleciente. –frena sus embestidas, mientras ahoga los frenéticos gritos con su boca hambrienta, sobre la suya. Al fin logra mantener el ritmo hasta llevarla al clímax en una interminable danza entre burbujas. Pierden la noción del tiempo, disfrutándose . Entre brumas, como despertando de una brutal embriaguez, Mariana, termina de salir del agua.
–¡Mosca! Te tengo en la mira con el dedo en el gatillo, apunta como si estuviera armada.
−Recuerda que las mujeres siempre llevan las de perder. –se fija en el diminuto traje de baño lila que deja al descubierto todas sus exquisitas curvas. –Mantente alerta con todos, porque eres un manjar tan exuberante que a ninguno se nos ocurre pensar en tus sentimientos, al momento de gozarte. –Todavía hierve todo su ser. −Eso te traerá muchos sufrimientos. –cierra los ojos, tratando de volver a concentrarse en su respiración. –Yo sólo soy un hombre bastante mayor que tú, –advierte, suspirando. –Deja las amenazas, dedícale más tiempo a Samuel. –insinúa, buscando otros temas menos peligrosos. –Se siente solo, el ambiente de la casa le es hostil, le hace falta compartir con chicos de su edad.
Ahora es ella la sorprendida. ¿Cómo sabe tanto de su hijo? Son muy pocas las personas con quien Samuel habla. Está acostumbrado a desconfiar de las supuestas "buenas intenciones" mostrándose la mayoría de las veces parco. Incluso a ella le cuesta sacarle las palabras de la boca.
−Se la lleva bien con Magda, pero ella fémina al fin, quiere dominarlo. A los hombres nos molestan las manipulaciones.
−Pero esa es nuestra especialidad y siempre lo hacemos con mucho éxito. – pícara, le lanza un último beso sonriendo antes de advertir – Lo que acaba de ocurrir es sólo una pequeña muestra de nuestro poder, pero ni imagines que eso cambia nuestra situación, te tenía ganas desde la primera vez. –aclara para convencerse a sí misma. – Si me tocas sin mi consentimiento te daré la paliza de tu vida, por muchas artes marciales que sepas. − se aleja tongoneándose.
YOU ARE READING
Mariana
Roman d'amourLa desesperación por la supervivencia en Caracas (Venezuela) con su pobreza crítica, marginalidad, violencia y falta de dinero llevan a Mariana al borde. "Hago lo que sea pa' que mi chamo no se acueste sin na en la barriga ". Sólo por su hijo es...
