Apenas llegar a la acogedora vivienda, separan de nuevo a Alejandro de Mariana. El callado León conduce a uno a darse un relajante baño de hierbas aromáticas y la misma Luna, se encarga de llevar a la agotada Mariana, a una enorme tina llena de agua tibia con pétalos de rosas. –Remójate hasta sacar todas las tristezas y preocupaciones de tu alma. –ordena, ayudándola a desvestirse, luego de haber envuelto sus piernas en plástico para evitar se moje el yeso o las vendas. –Tranquila, nota su inquietud. –Soy experta cuidando enfermos, les garantizo que amanecerán como nuevos.
-Luna mandó a prepararles este cuarto para comer y dormir un rato. – explica León, dejando a Alejandro, en la cómoda habitación de amplios ventanales con vista al mar. El centro es dominado por la enorme cama de madera antigua. En una esquina esta la mesa servida para dos: Asopado de mariscos, ensalada de vegetales frescos y carite. Tiene mucha hambre, pero aquello es una exageración. Demasiado para consumir antes de acostarse. Sin decidirse a empezar, se sienta pensativo delante del banquete.
−Come sin remordimientos. –entra Luna empujando la silla de Maru. – un mondadientes tiene más masa muscular que tú, necesitas mucho fósforo y calcio para recuperarte. – la acerca junto a él, sirviendo el caldo – Deben estar sanos y fuertes para enfrentar un enemigo común. –los acompaña comiendo un mango, cortado en trocitos. –Después me aseguraré, se tomen todo mi brebaje especial. – observa su intercambio de miradas mientras. –Se cuanto piensan, pero mientras estén bajo mi cuidado, se acostumbran a obedecerme como todos. –Exige, satisfecha mirando sus platos vacíos. Después llena sus tazas con una humeante bebida de color amarillo verdoso. –Tiene malojillo, toronjil, yagrumo, canela, curcuma, pimienta negra y mi ingrediente secreto. Los ayudará a relajarse y dormir tranquilos. –anuncia, yendo hacia la puerta. –Felices sueños.
−Abuela –la ataja en la puerta – ¿Cómo hago con Maru?
−Ya le puse el pijama. –se hace la inocente. –Ruedas la silla y la ayudas a acostarse.
−¿Y yo? –insiste en hacerla razonar –¿Dónde me acuesto?
−Te creí con más imaginación. –levanta una ceja, mientras lo observa de arriba, abajo. –Usa la poca que te queda. –sale, pasando llave tras de sí.
−No te preocupes, no te puedo comer así –señala sus piernas lesionadas: Una, vendada desde la pantorrilla hasta el muslo y un yeso, cubre la otra desde el pie hasta la pierna. Molesta por su actitud, usa las manos para mover las ruedas, hasta la cama. –Perdóname por todo, la desesperación me impedía razonar. – acepta sus culpas. − Agradezco cuanto hiciste por nosotros –reconoce dolida. –Pero si prefieres tirarte por la ventana, a dormir conmigo, allá tú. –coloca el freno, apoyándose en el tacón que le colocaran al yeso, se afianza con ambas manos a la cama, sentándose sin su ayuda. Alejandro continúa escuchando el golpear de las olas en el acantilado que adivina en la oscuridad.
−Necesito estar muy sobrio para pensar. –resignado, se acuesta con ella, cerrando los ojos. –Junto a ti, es una misión imposible. –reconoce sincero. Antes de cerrar los ojos.–No podemos dejarnos vencer. –se atreve a girar hacia ella. –Estamos juntos en esto. Unidos es la mejor forma de enfrentar la tormenta que se nos avecina. –acaricia su cabello recién lavado.
−Con Samuel a salvo, le echo pierna a lo que salga.
−Ya no te queda ninguna sana. –estando con ella, le resulta tan fácil reír y ser optimista.
−Todavía me quedan las dos tuyas. –a cada momento le gusta más su compañía, atreviéndose a confesar. –Me alegra confirmar que no me equivoqué contigo. –aprovecha su cercanía para besarlo en la boca, como él la enseñara (con suavidad y sin violencia).
-Tú en cambio eres demasiado peligrosa. –hace el beso más apasionado, exigiendo respuesta –Entras por los ojos, invades mis pensamientos, me envenenas la sangre sin poder evitarlo. –suspira recorriendo el largo cuello con sus labios entre abiertos. – Luna parece dispuesta a terminar de hundirme en tu ser. –amolda su cuerpo al su cuerpo.
Aprovechemos entonces. -sube una pierna sobre la suya. Sin prisa lo continúa besando, extasiada.
-Maru.- como siempre, se estremece al tenerla en sus brazos
−Shiii, no digas nada. –siente el palpitar de su corazón tan acelerado como el suyo. El sabor de sus besos la enajenan.
−Es necesario que hablemos. –se aferra con ansias a su talle.
−Después, ahora necesito otra cosa. –comienza a desabotonar la camisa.
−¡Santo Dios! –se deja llevar metiendo sus manos bajo la bata, la saca por la cabeza. –No puedo razonar contigo. – acaricia desesperado la suave piel, con olor a rosas. – ¡Maru! –sin pensar baja el pantalón del pijama, penetrándola a placer, mientras ella gozosa clave las uñas a su espalda. –Maru, maru, maru repite como una letanía; mientras la embiste tratando de no lastimar sus piernas.
No sabe cuánto tiempo después, Mariana despierta. Alejandro sigue sobre ella, dormido. Se nota relajado y tranquilo. Es tan atractivo aun sin cabello. Parece un gatito abandonado. Con sumo cuidado para no despertarlo, besa sus ojos. Poco a poco lo empuja hasta dejarlo boca abajo. Menos mal, la cama es enorme. Estira la mano hasta la cabecera para agarrar la bata de dormir, con un suspiro de satisfacción. Se cerciora dejar todo aceptable. No quiere que la doña se percate cuán bien, resulto su plan de unirlos. Endereza un poco su cabeza para que respire con libertad y montando su pierna vendada sobre las caderas masculinas, vuelve a dormirse
En la misma posición, los halla Luna, al amanecer. Sonriente, abre las cortinas y sale, ahora sin cerrar la puerta.
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Mariana
RomanceLa desesperación por la supervivencia en Caracas (Venezuela) con su pobreza crítica, marginalidad, violencia y falta de dinero llevan a Mariana al borde. "Hago lo que sea pa' que mi chamo no se acueste sin na en la barriga ". Sólo por su hijo es...
