Untitled Part 38

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Todavía no amanece, cuando Jorge siente el filo de un cuchillo en su garganta. Sin moverse un centímetro, abre los ojos. Dormitaba esperando que su presa diera la primera señal, ya lo hizo.

—Si aprecias en algo tu vida, dime dónde está Maru y no opongas ninguna resistencia.

—¿Crees que aparte de feo y bajito, soy idiota? —la sorprende tirándola sobre el escritorio. No le queda duda: ¡Está fuera de forma! Ya la han tumbado dos novatos, en una misma noche. –Si Maru te dejo aquí, fue por algo. —en esa posición, la admira con facilidad. Se parece mucho a su amor imposible: Piel canela, grandes ojos negros rasgados, cabello liso y brillante. Incluso tiene la misma expresión maliciosa y salvaje, pero esta suena más cultivada.

—No es lo que piensas. –ahora, le toca a ella dominarlo con una llave.–Me pagan para cuidarla.

—Yo lo hago gratis.–con mucho esfuerzo, logra desarmarla.

—Entonces, ayúdame porque está en peligro mortal. —reconoce que sabe defenderse muy bien, algo raro en un policía de barrio. —Juntos podemos redoblar esfuerzos. —tirándolo al suelo, se  lanza encima, dispuesta a golpearlo hasta hacerlo confesar.

—Primero, muerto que soplón. —la hala de los cabellos. —Demuestra antes que no trabajas para Mario Murray.  –a pesar de la golpiza, le cae bien la guajirita. Muy bonita, por cierto.

Aquel nombre es el menos esperado oír, en un bario de Petare. Sabe que Luna tiene personas contratadas para velar día y noche por Mariana. ¿Será él uno de ellos? – ¿No serás tú el traidor? —aprovecha su cercanía para afincar un puñetazo a su mandíbula. —Por la plata baila el perro, además los policías son muy mal pagados.

—Mientras me entretienes, los matones de tu patrón liquidan a Maru y a los muchachos en el Puerto de La Guaira. –confiesa al fin, recordando lo dicho por Maru: "Cuídala bien, es muy buena persona".

—¿En el Puerto? –se extraña. –¿No es en el puente de San Antonio? –deja de golpearlo para buscar su celular y llamar Alejandro, pero Jorge valiéndose de su descuido, la sujeta violento por el mentón, dando el beso más largo y apasionado de toda su existencia. Si la vida le pone aquel monumento de mujer por delante, no le dará chance a nadie más de flecharla. La conquistará de ser posible, a punta de patadas y mordiscos como presiente, les encanta a las de su raza.


Después de despertar sobresaltado, antes del amanecer por la llamada de Brizna y discutir con Luna, debido a su negativa de dejarlo participar en la operación, llega Alejandro al puerto de la Guaira; necesita tratar de impedir la tragedia que siente se avecina. Por sugerencia de la patrona, él  igual a  sus acompañantes, viste como trabajador del puerto, pantalones azules y franelas estampadas con propagandas gubernamentales.

Se dividen en varios grupos para cubrir todos los blancos posibles. Sabe que en el segundo piso se encuentra Brizna con el novio de Maru, se comunican desde su primera llamada e incluso, todos llevan micrófonos ocultos; así Luna no perderá ningún detalle de cuanto suceda. Aquella es la oportunidad esperada por años, debe probar la culpabilidad de Mario Murray, quiere reunir la mayor evidencia posible en su contra.

Más que reconocerla, Alejandro siente a Maru, oculta tras una columna, cerca de las grúas de desembarco. Después de Beth, es la primera mujer en causarle aquella apremiante necesidad de proteger. — ¿Qué diablos haces tú aquí? —sujetándola furioso por los hombros, la sacude. – ¡Me provoca matarte! –la acorrala como si de veras pensara exterminarla.

—Quien no debió venir, es otro. —no se deja someter, aunque su corazón salta de júbilo, viendo la ansiedad en sus ojos. ¡En verdad, se preocupa por ella! —Yo estoy acostumbrada al peligro –se ufana. —Me sé manejar en situaciones de riesgo, en cambio, tú eres...

—Un niñito de mamá al cual dejaste durmiendo muy tranquilo en su cama. —termina la frase, conociéndola de antemano.

—¡Exacto! —mira con precaución en todas direcciones antes de empujarlo. —Es mejor mantenerte a salvo. —declara con sarcasmo

—Pero da la pequeña casualidad que no soy yo, quien tiene un hijo esperandome. —sin amilanarse, arremete en su contra, olvidando su pie enyesado. —Si llegan a herirte por testaruda, te juro que te asesino. —la tira al piso, justo al momento de sentir una detonación muy cerca de sus cabezas. —No me perdonaría, si te llega a pasar algo a ti también, por un descuido de mi parte. —busca su boca, besándola con desespero. —Prefiero morir yo, sabiendo que tú y Samuel están a salvo. —coloca un prendedor con forma de corazón en su blusa, antes de explicar. —Es idea de Luna para mantenernos en contacto, por si acaso.

—Debemos movernos rápido. —aparenta indiferencia, no quiere que Ale se percate de cuánto la afectan sus manos en su piel, menos aún de sus sentimientos hacia él. —Hay un francotirador montado en la grúa, frente a nosotros. —logra incorporarse de nuevo, caminando a prisa.

—Mantente pegada a la pared. —la protege, usando su cuerpo como un escudo entre ella y los proyectiles, justo al momento de ver reflejado el láser en su pecho, la cubre, siendo él impactado por la espalda.

Todo pasa con tanta precipitación que Mariana, no asimila lo sucedido: Su infaltable discusión, la inesperada confesión. —removiendo cada fibra de su ser. —los desesperados besos, su inútil esfuerzo por ocultar cuanto lo ama... Todo pasa como una película en su mente, mientras lo siente desfallecer en sus brazos. — ¡Ayuda por favor! —grita, aferrándolo desesperada para evitar su inminente caída. Acaba de salvar su vida, quizá a costa de la suya, mientras ella: ¡Lo insultaba! Las piernas se niegan a responder, el corazón quiere partirse por dentro, los segundos se le hacen eternos, mientras se desploman juntos al pavimento. Como si viviera una pesadilla, busca la fatal herida, pero no la halla. Igual, él permanece desmayado, con los labios amoratados. Negándose a darse por vencida, sus manos recorren ávidas el delgado tórax. Más tranquila, nota el chaleco antibalas, bajo de la franela. — ¡Gracias Diosito! –exclama agradecida besándolo, mientras baña el pálido rostro con sus lagrimas.

--¿Es que ni disparar sabes? –se desespera Brizna viendo caer a Alejandro, sin  Jorge atinar ni un balazo al de la grúa, por lo cual trata de desarmarlo.

—Yo te cubro. —se resiste el policia. —No  lo olvides: Tú eres el objetivo.

—Lo sé. — grita desesperada. –Por eso, mejor me defiendo yo misma. Tengo mejor puntería que tú. —termina de quitarle la pistola, negándose a ser tratada como una damisela en peligro. —  Manejarme bajo presión, es una de mis especialidades. No puedo perder más el tiempo, estando Alejandro herido. —corre delante de él, aunque debido a la discusión pierden de vista al sicario. Decidida, busca bajar al piso inferior, cuando es interceptada por un hombre armado, el cual a pesar de su confusión inicial, (por ver a otra guajirita igual a la del encargo) la apunta directo a la cabeza.

—¡Suéltala o te mueres! —amenaza, nervioso.

MarianaWhere stories live. Discover now