XXVI. Año Nuevo.El día 31 de diciembre había llegado.
Como Shawn lo había prometido alrededor de las 8 de la noche nos encontrábamos de camino a la casa de mis padres, sólo seríamos nosotros cinco, ya que mi nana prefirió quedarse en el castillo con los empleados que no tenían una familia a la cual ir en esta noche, sinceramente no me sorprendió su elección.
Justo como el día en el que me llevó a la montaña, hoy también estaba manejando él, ya que no quería que nadie innecesario nos acompañara y supiera nuestra ubicación.
Kian venía dormido en la parte trasera, sentado en su silla de seguridad, sonrío con ternura al verlo con su cabecita de lado, abrazando a su oso de peluche café. Debido a que mi pequeño venía dormido Shawn y yo nos mantuvimos en silencio durante el trayecto para así evitar que nuestro hijo se despertara.
Al llegar, Shawn estacionó la camioneta junto al auto de mis padres, ambos bajamos del vehículo aún en silencio, cerré la puerta del copiloto y abrí la puerta trasera para tomar el bolso que había traído con nuestra ropa ya que teníamos planeado dormir aquí. Shawn se encarga de sacar a Kian de su silla, mi pequeño se queja un poco pero aún así se vuelve a acomodar en el hombro de su padre para seguir durmiendo.
Rodeo la camioneta yendo con Shawn repasándolo por un segundo, no traía un traje completo, pero si venía vestido formalmente. Claramente él no se mira muy contento de estar aquí, pero lo ignoro, le extiendo la botella de vino que había traído para obsequiarles a mis padres y él rueda los ojos, sin embargo igual la toma con su mano izquierda ya que con su brazo derecho sostenía a Kian.
—Tienes suerte de que te ame más que a mi ser. —Shawn me dice en voz baja y le sonrío antes de recorrer la poca distancia hasta la entrada de la casa de mis padres.
Mi primer instinto es abrir la puerta y adentrarme como si aún fuera mi casa, pero me detengo de hacerlo por respeto a mis padres y toco el timbre.
No pasa mucho tiempo antes de que la puerta se abra y mi padre aparezca en mi campo de visión, con un suéter rojo, le sonrío y él me devuelve la sonrisa antes de atraerme en un corto abrazo, al alejarse de mi, mira detrás a Shawn, y al verlo, su sonrisa desaparece por un segundo y hace una reverencia.
—Pasen, están en su casa. —Mi padre habla cordial haciéndose a un lado.
Escucho a Shawn agradecer y nos adentramos en la casa donde crecí, el olor a comida me hace sentir hambre, seguramente mi mamá estaba en la cocina. Mi padre cierra la puerta, y luego de hacerlo, veo a Shawn entregarle la botella de vino, mi padre entrecierra sus ojos en desconfianza, pero aún así le da las gracias mientras yo trato de no reírme ante la actitud de ambos hombres.
—Thea. —Escucho la voz de mi madre y me giro viéndola salir de la cocina con un mandil por encima de su falda larga negra y su blusa color crema.
Me acerco a ella y la abrazo, al separarme, ella mira a Shawn y se limita a hacer una reverencia igual que mi padre.
—¿Por qué no llevan a mi nieto a la recámara de invitados? —Mi mamá sugiere y sin poder evitarlo frunzo mi entrecejo.
—¿Pasa algo con mi habitación? —Pregunto y ella niega sonriendo.
—Kian siempre ocupa ese cuarto cuando se viene con nosotros, es como su propia recámara. —Responde a lo que asiento en comprensión. —Vayan a recostarlo, yo tengo que regresar a la cocina para terminar lo que estoy haciendo.
—Está bien. —Concuerdo y miro a Shawn indicándole que me siguiera.
Subo las escaleras y guío a mi esposo hasta la recámara de invitados la cual está pegada a la mía, abro la puerta que está sin seguro y enciendo la luz cuando me meto, sigue siendo lo mismo que recordaba, lo único nuevo eran los juguetes que mis padres habían comprado para su nieto. Shawn va directo a la cama, acuesta con cuidado a Kian quien apenas y se mueve un poco, mi príncipe ya venía con pijama pues me temía que se iba a quedar dormido pronto, y no me había equivocado, su padre le quita sus zapatitos y lo arropa antes de inclinarse y besar su frente. Shawn debía ser uno de los mejores padres de toda la historia.
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G O L D |S.M.| #3
FanfictionLa crueldad y la maldad son las columnas que sostienen el castillo, y un Rey desquiciado es quien domina su destino. En un reino donde lo que se creía oro, terminó cayendo al suelo como simples cenizas de lo que alguna vez fue considerado un tesoro...