Hombre hecho de humo

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En un edificio de playa existe un hombre hecho de humo. Se levanta por las mañanas y apenas si se puede ver. A través de sus manos se perciben claramente el contorno de las cosas a su alrededor. Durante varios minutos intenta centrarse, opacarse para dejar de ser transparente. Siempre se ducha con agua caliente y después con agua fría: eso lo ayuda. Se coloca ropa de color oscura y desayuna con un café todas las mañanas.

El hombre hecho de humo se alimenta también del amor de los demás. De pequeños corazones tiernos, aquellos que al verlo rebozan amor por él. Goza con la admiración y el deseo que sienten hacia su persona. Raya en el narcisismo. Es capaz de hacer que todos lo amen y él a su vez de no amar a nadie.

Me enamoré de un hombre hecho de humo. Durante las noches de lluvia, cuando nuestros cuerpos se unían yo me volvía un poco transparente... Y él era capaz de brillar. Sus ojos cambiaban de colores mientras relampagueaban de deseo. Cada acometida contra mi cuerpo eran los truenos de su tormenta y cada palabra susurrada al oído tenían un efecto embriagante para mi. Al quedarse dormido el hombre hecho de humo prácticamente no se veía y yo sentía que desaparecería.

Creo que pasé demasiado tiempo con él. Demasiado tiempo amándolo en silencio, feliz de ser convertida en humo de vez en cuando. A pesar de todo cuanto lo amaba, a pesar de cuanto deseaba ser la felicidad para él... Jamás fui suficiente. Y llegó el día donde no podía conformarme más con ser convertida en humo. Donde yo también deseaba que él se convirtiese en uno conmigo y poder vivir juntos en el opacidad.

M. Figuera

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