Quebrarse

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Existe una ciudad inmensa en la cual habita un enorme dragón. Tiene dientes afilados y escupe fuego cada vez que suelta una risa maligna, araña las paredes de los edificios y deja a su paso un olor fétido, a muerte mientras camina con sus andares sinuosos. Dentro de la ciudad también hay una niña pequeña, el recuerdo de la infancia de alguien que hace mucho tiempo creció. El dragón guarda a la niña en un pequeño jardín donde existe un columpio. La niña llora todo el día, odiando su prisión y sobre todo su miedo a salir de ella. A veces en los brazos de la niña nacen pequeñas flores rojas. Un día en la ciudad llueve y las lágrimas de la niña se mezclan con la misma. El dragón se acerca a ella y la abraza contra su pecho. La lluvia como siempre ha traído la tregua; la paz para la niña y el alivio para el dragón. Ambos miran preocupados al cielo y sienten el sufrimiento en sus venas. El dragón rompe a llorar y la niña queda en silencio ante semejante estruendo. Ahora es la niña quien lo abraza y lo conforma. Afuera la mujer ha roto a llorar y la ciudad sigue observando en silencio el espectáculo.

M. Figuera

Relatos Sin NombreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora