Porque en la vida nunca bastaba, Gaspar creía conocer la felicidad plena junto a su novia, pero un día se da cuenta que nada de eso es real, anhela nuevamente esa libertad, ese deseo de volver a ser como antes. Dejando atrás una ciudad que lo vio na...
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Valentina tenía una capacidad infinita de despertar todos sus sentidos sólo con verla en la distancia. Sabía que era ella la que se acercaba corriendo, si hasta parecía que ahora conocía su figura. Sonrió recordando la noche anterior, no le había hecho el amor dulcemente como las veces anteriores, lo hizo duro y fuerte. Le había mordido los pechos, las caderas, los hombros, el estómago.
Algo de lo que tanto le gustaba entre ellos, que no eran necesarias las palabras. Se buscaban mutuamente, era como si se necesitaran. Pero no se lo dijeran. Evitaba a toda costa expresar muchas cosas personales, pero era inevitable contarle anécdotas, historias de pequeño, hablarle de su familia. Ella cada vez que lo hacía parecía que sus ojos se llenaban de lágrimas, le dolía, pero no le decía nada. Jamás hablaron de lo que vio en su casa, ni jamás ella quiso mencionarlo. Sabía que ese era su tema tabú, así como para él era lo de Camila.
Le contó que había terminado una relación larga, pero nada más.
Ella pareció también distinguirlo y se sonrieron, él venía del trabajo y ella toda sudadita de correr.
-Hola.- Le dijo Gaspar entrando al edificio.- ¿Quieres elongar?
- Creo que no tengo tiempo, tengo que ir a trabajar.
- Lo había olvidado, como yo tenía que trabajar de mañana, lo olvidé por completo. Esas calzas me matan, Valentina.- Le dijo palmeándole el trasero, cuando abría el departamento. Una risita nerviosa de Valentina, lo hizo reír también.
- Sinceramente parecemos conejos en época de apareamiento.- Dijo volviéndose. La vio ir a la cocina a tomar agua, y la esperó.
- No me parece que la estemos pasando mal.- Le dijo mordiendo una manzana verde que tenía en el mesón.
- No he dicho lo contrario, los conejos parecen siempre felices.- Dijo riendo, haciéndolo reír también a él.
-Tus ocurrencias... hoy tengo turno de noche, así que no estaré en casa.
- Ya...
- Llegaré a la una.
- Bien. ¿Por qué me lo estás diciendo?- Le pregunto acercándose a él.
- Porque no quiero que te preocupes por mí.
- ¡Vaya! No sabía que me preocupaba por ti.- Le dijo tirando de su camiseta.
- No seas así, Valentina. Sé que miras a la hora que llego.
- Eso no es cierto.- Dijo caminando a su dormitorio. Se comenzó a quitar la ropa, y Gaspar se quedó en el marco de la puerta. Admirando su figura, parecía tener esas proporciones justas, que le encantaban. Cuando tenía sólo los calzones se dio cuenta que estaba usando unos colales que nunca había visto. Su pene pareció endurecerse en extremo, y tragó saliva.