El interior del armario era una jaula oscura que olía a Damien. El perfume de su ropa, el leve rastro de su piel, todo se mezclaba con el latido acelerado de mi corazón. Mis pies estaban descalzos sobre el suelo frío y maldije en silencio al verlos expuestos.
—¿Zapatos? ¿Qué zapatos? —La voz de Damien sonó forzada, como un actor improvisando una línea que no había ensayado.—¡Estos que están aquí, Damien! —El tono de Carol era un látigo.Me encogí, como si con eso pudiera hacer desaparecer mis pies invisibles.—Ah... esos zapatos. Bueno... los zapatos... —Pude imaginarlo llevándose una mano a la nuca, buscando palabras.—¡Maldita sea, Damien! ¡Sabía que me engañabas! —La voz de Carol quebró el aire como cristal rompiéndose.Mis manos se cerraron sobre la tela de un abrigo colgado, y por un segundo sentí una descarga recorrerme. El miedo, el deseo, el peligro... todo se mezclaba en mi pecho.—Los zapatos son de Jannette —respondió Damien con una calma que me erizó la piel—. Yo nunca te engañaría y eso tú lo sabes. Y si en algún remoto momento dejo de sentir lo mismo por ti, ten por seguro que te lo diré.Jannette. El nombre cayó sobre mí como veneno. Un ácido lento que me quemó por dentro. ¿Quién diablos era Jannette?—Damien... perdóname. —Carol sonó pequeña, arrepentida.—No te preocupes. Yo reaccionaría igual si encontrara unos zapatos no identificados en tu habitación.—Te amo, Damián.—Sabes que odio que me digan Damián.Cerré los ojos y me mordí el labio hasta casi sangrar para no reírme. Su reconciliación muy bonita, pero necesito saber quién demonios es Jannette.—Lo sé... pero también sé algo que amas —susurró Carol.El tono en su voz me hizo querer vomitar. Esa voz empalagosa, de puta barata. Sentí una carcajada abrirse paso en mi garganta y tuve que taparme la boca con un abrigo tirado en el suelo.Entonces escuché el sonido. Una cremallera bajando.El aire dentro del armario se hizo pesado, espeso.—¿Carol? ¿Qué haces? —La voz de Damien se quebró apenas perceptible.—Lo que siempre hacemos... ¿por qué te sorprende?Mi respiración se cortó. Una corriente caliente me bajó por el estómago hasta entre las piernas. No. No. No...—Lo que pasa es que hoy no quiero —dijo él.Un silencio cargado.—¿Cómo que hoy no quieres? ¿Sabes cuánto tenemos sin vernos?Podía imaginar a Carol, acercándose a él, buscando sus labios, y una punzada ardiente me atravesó el pecho. Celos, ira, y una sensación prohibida que me hizo apretar los muslos.—Sí, pero eso no es mi culpa. ¿Podrías respetar lo que digo?—Claro... ¿y tú podrías decirme dónde está tu abuela, que supuestamente estabas cuidando?El silencio cayó como una losa.—Está en el hospital.—Claro... y tú pretendes que yo crea eso. Damien, tal vez no me engañas, pero sé que me ocultas algo. Cuando quieras decírmelo, yo estaré aquí para escucharte. Pero deja de mentirme de manera tan ridícula.—Carol, por favor...—No, no me digas nada. Es tarde. Me voy a casa.El sonido de sus pasos alejándose me hizo respirar de nuevo. La puerta de la habitación se cerró y el silencio me envolvió. Tres segundos después, la puerta del armario se abrió y Damien me tendió la mano. Salí tambaleando, con las piernas aún temblando.⸻Han pasado más de tres horas desde que volví a casa. El reloj marca las 1:37 de la madrugada y Carol aún no ha regresado. Mamá está sentada junto a la puerta, esperándola como siempre. La imagen me da rabia.No entiendo qué pasa por tu estúpida cabeza, Carol. Usas el encierro de mamá y el nuevo matrimonio de papá como excusa para portarte como una idiota. ¿Qué pretendes ganar con eso? A veces hasta me molesta respirar el mismo aire que tú.No estoy preocupada. Carol hace esto todo el tiempo. Cuando llegue, hará su patético drama, vomitará la alfombra, papá la cargará hasta su habitación, tendré que ayudarla a quitarse la ropa, llenar la bañera y... ahogarla.Me detuve. Cerré los ojos. No. Eso no.Ella llorará. Dirá que odia su vida. Mamá le hará sopa. Y mañana volverá a ser la misma perra de siempre. Todo seguirá igual.Volví a mi habitación. Me tumbé en la cama con la vista fija en el techo. El silencio me oprimía el pecho. No estaba sola, podía sentirlo. Damien seguía en mi piel.De vuelta a casa. De vuelta a ser la hija perfecta. No digo que esté mal que quieran que sea destacada e inteligente, pero... ¿y si quiero ser algo más? ¿Y si quiero equivocarme? ¿Y si quiero ser yo?Pero esta es mi vida: una obra en la que tengo que interpretar dos personajes.Gabriela Méndez. En casa: la que no puede opinar distinto ni decir que no. La que guarda secretos que podrían destruir el universo entero de cada vida que controla la mía.Y la otra Gabriela... la que Damien despierta cada vez que me mira como si pudiera romperme y al mismo tiempo como si quisiera hacerlo.Hoy confirmé que Damien es un gran mentiroso. Tan bueno como yo.¿Qué pasaría si me estuvieras mintiendo a mí también, Damien? ¿Debería dolerme? ¿O solo debería abrir más las piernas y dejar que me llenes de tus hermosas mentiras?Sonreí sola en la oscuridad.Quizá es eso lo que soy. Una adicta a tus mentiras. Y a ti.
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Mi Otra Yo
Novela JuvenilConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
