—¿Y qué te consideras? —preguntó de repente.
—¿Acerca de qué? —no tenía ni idea de a qué se refería.—¿Eres virgen o no? —Genial. La pregunta del millón.—¿Quieres hablar de eso ahora?—Solo si tú quieres.—No, no me vengas con eso. ¿Quieres hablar de eso sí o no?—Pues... sí —dijo con una voz aguda.—¿Por qué todos preguntan eso?—No lo sé. Nuestro cerebro es inferior al de ustedes, por eso tenemos preguntas limitadas.—Ja, ja... Señor sarcasmo.—Obviamente.—Entonces dime... ¿por qué preguntan eso?—Las preguntas eran para ti, pero... es algo.—¿Y según tú, qué es?—Curiosidad.—¿La curiosidad te hace preguntarte si Gabriela ha tenido relaciones con alguien?—No exactamente... pero sí. Además, no puedes negar que ustedes también se hacen preguntas así.—No, nosotras nos hacemos preguntas como: ¿Cuál es la cura para la estupidez humana? Cosas así. Todo en un lenguaje muy formal.—No. Yo creo que es más como: ¿Con cuántas perras habrá follado Damien?—¿Crees que nos llamamos perras entre sí?—Sí. Ustedes se juzgan entre sí y también se critican. Son tan criticonas que hasta se autocritican.—La crítica es algo de la naturaleza humana. Quien te diga que no critica... obviamente está mintiendo.—Qué profunda.—Sí, también tengo cosas más profundas.—Es definitivo. Estoy interesado. Retomando el tema principal... ¿qué te consideras?—Ya que es tan importante para ti... no soy virgen.—Lo sabía. ¿Con quién fue?—Conmigo.—Explica.—Es que he hecho tantas cosas... que ya no me considero virgen. ¿Necesitas más detalles?—Sobre tus tocamientos.—Sí.—¿Entonces te has masturbado?—Sí, pero depende de mi estado de ánimo.—Yo no hago esas cosas, es algo muy sucio.—Avenida sarcasmo. ¿Sabes? La primera vez fue horrible. Tenía una sensación de culpa y me sentía como una degenerada... pero ya es algo normal para mí.—Sigo opinando que te irás al infierno por autocomplacerte.—Oh, sí, San Damien. Esto me está dando ganas de tocarme.—Nunca pensé que tuvieras tal mentalidad la primera vez que te vi. Creí que eras demasiado santa. También me sorprende que no haya pasado nada con tus relaciones pasadas.—Me toca ser así en casa, tú lo sabes. ¿Qué relaciones pasadas? Siempre he optado por no tener novio. No necesito a alguien que me complique la ya complicada vida que tengo.—¿Pero no necesitas a alguien que sea detallista contigo, que se acuerde de fechas importantes, alguien que esté para ti cuando lo necesites?—Sí. Esa persona soy yo. Siempre estoy ahí para mí. ¿Quieres que encuentre a alguien como tú?—Los traumas te han hecho dura.—¿Para no querer novio tengo que estar traumada?—No, pero es como si quisieras fingir ser dura.—¿Por qué tendría que fingir contigo?—No lo sé. A veces no sabemos la razón de nuestras acciones.—¿No las sabemos... o ignoramos el hecho de saber?—Ya que eres la persona más indiferente del mundo, me interesa saber: ¿qué soy yo para ti?—Cambias de tema muy abruptamente.—Contesta, por favor.—Damien, no te pega preguntar eso... pero eres el novio de mi hermanastra, una distracción, un amante. Nunca creí usar este término, pero... algo así como un amigo con derecho. Tú vas a dejar a tu novia por mí, no sé por qué no la dejas.—¿Quieres que la deje por ti?—No. Sin embargo, no voy a cambiar mi vida por ti. Lo aclaro.—Es decir... ¿vas a estar con más personas y conmigo al mismo tiempo?—Realmente no lo sé. Nunca sé lo que haré. Pero si un día hago algo con otra persona, te lo contaré.—Cada vez me sorprendes más.—De verdad lamento si no soy lo que esperabas.—Sé que no te importa lo que opine. Será como tú quieras. Ahora todo tomará un aspecto más clandestino, es lo que tú deseas. Hoy no tengo nada que hacer en toda la tarde. ¿Nos podemos ver?—Tengo que hacer algo con una compañera, pero después iré a tu casa.Escuché un ruido en la entrada y me asomé a la ventana para ver de qué se trataba. No fue sorpresa ver a Carol discutiendo con unos perros.—La fiesta fue más larga de lo que yo pensaba.—¿Qué fiesta?—Tu novia acaba de llegar.—¿Cómo está?—Mal. Está vomitando en la entrada. Me pregunto cómo habrá llegado.—Deberías ayudarla si está en esa condición.—Creo que se está yendo de nuevo.—¿La dejarás vagar así por las calles?—Veré si la alcanzo. No te prometo nada.Colgué y me puse unas sandalias que estaban junto a la puerta. Me encontré con mamá en el pasillo. Se veía cansada. Al parecer esperó a Carolina toda la noche. Ni su padre se preocupa tanto por ella.—Mamá, Carol está afuera.Ni siquiera me miró. Casi corrió hasta la puerta. Eso producía en mí tanto... era algo extraño que me ponía de mal humor y me estresaba. Sabía que no ganaría nada con eso. Respiré profundo y seguí como si no pasara nada.
ESTÁS LEYENDO
Mi Otra Yo
Novela JuvenilConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
