-Hola Gabriela- Dije y no recibí una respuesta de mi otra yo.
Ella no era tan amable cómo yo, permaneció en silencio y me vió con lástima y en cierta forma hasta se burló de mí. Me sentí un poco cohibida conmigo misma.
-¿De qué te ríes? - Pregunté y la voz se me había cortado un poco.
-¿Vas a llorar? - Preguntó y se volvió a reír de mí, pero esta vez sin disimular - Eres patética.
Aunque me doliera sabía que eso tenía un poco de verdad.
-Tú y yo estábamos bien solas, tú decidiste meter a alguien más y fue totalmente un error. De tantas personas y lo elegiste a él.
-No lo elegí- Interrumpí. - Solo sucedió, en ese entonces solo hacíamos lo que queríamos.
- Te dejaste engañar con frases tan básicas, al parecer tus experiencias pasadas no sirvieron de nada, volviste a confiar cómo una idiota.
-Lo sé, soy una decepción
-No, debo felicitarte algo. Atacaste a Carol por un buen lugar y eso que aún no lo sabe.
-Tendré qué aclarar todo lo que pasó, yo no soy así.
-¿Te estás volviendo loca? Obviamente no dirás nada. ¿Qué tengo que hacer para que te saques esa estúpida idea de ser buena?
-No hay nada que hacer.
-Si lo hay, pero ni siquiera yo quiero recordar cosas de tus años cómo estúpida, ¿Qué me dices?
-Tienes razón, tengo que abandonar esa idea y si Damien quiere jugar de esta manera, pues así será.
-Estúpida, no te lo estás creyendo, solo lo dices para sentirte mejor, pero tú sabes que justo cuando lo veas todo se derrumbará.
-¿No crees en mí?
-No. Sé cómo eres. Quieres engañarme con tu personaje de perra mala.
-¿Con quién estás hablando? -Cuestionó mamá al entrar a la habitación, había espantado de una gran forma.
-Mamá, por favor.
-¿Con quién hablas?
-Conmigo.
Hizo una mueca extrañada.
-Mami, aún no estoy de manicomio, no te preocupes.
-Tu peinado dice todo lo contrario, eres un desastre.
-El desastre que medio criaste.
-¿A qué te refieres con eso?
-A eso mismo, me criaste hasta que te casaste y tu prioridad fueron otras personas.
-No podrías estar más equivocada, pásame el peine.
Estiré la mano y tomé el peine sobre la mesa para luego dárselo.
-Tu siempre serás mi prioridad y si te refieres a Carol con todo esto, recuerda que tú siempre serás mi hija y sabes lo que significa eso
-Mamá, no te compliques conmigo. Yo sé cómo son las cosas y sé entender.
-Gaby, me tengo que ir, pero cuando vuelva tenemos que hablar.
-No es necesario.
-Uff, que bueno que me dijiste que no porque en realidad no quería hablar. -Exhaló aliviada.
-Gracias, ahora sí estás siendo tú.
-Te espero para desayunar.
Le hice un ademán con la mano para que saliera de la habitación y rápidamente lo hizo.
-Creí que estabas pensando que en realidad había cambiado algo, solo quería ver tu cara de ilusa. - Musitó mi yo en el espejo.
-Aunque no lo creas, yo sé la diferencia entre lo real y lo que es falso.
-¿Me lo dice la chica cuerda que está hablando sola?
-Exacto.
-De verdad, busca ayuda profesional.
-No, en lugar de eso haré algo mejor.
-¿Qué?
No tenía todo planeado, pero estaba segura de que haría lo correcto, puede que Carol sea una perra vestida mas yo no seré igual a ella.
Mientras me duchaba, algunos vagos recuerdos del sueño vinieron a mi mente, quería recordar algo más aparte de lo poco que sabía, pero me fue imposible.
Me di prisa, cómo si alguien me estuviera esperando. De repente ya no parecía la loca deprimida de hace media hora. Recogí mi cabello en una cola alta y un poco de perfume fue el toque final.
Me di la vuelta y observé el desorden en mi habitación y supe que no estaría muy tranquila si salía y lo dejaba así, entonces aproveche para hacer una organización superficial.
Respiré profundo antes de abandonar mi habitación. Y cómo cualquier día fui a la cocina ( mi lugar feliz) que resultó no ser tan feliz cuándo vi a Damien sentado junto a Carol.
-Buenos días. -Dije en voz alta llamando su atención y él levantó la mirada mientras que Carol siguió igual.
Desvíe mi mirada de él y me dirigí hacia el refrigerador, pero seguía con la sensación de que seguía observándome.
Tras tomar mi desayuno, normalmente me iría a mi habitación, sin embargo mamá me insistió tanto para que me sentará que terminé justo al lado de Damien.
Ella lo tocaba cómo si fuera un títere y él fingía ser muy decente, gran papel lamentable el que están haciendo.
Los desayunos jamás habían sido tan incómodo a pesar de estar en una familia disfuncional.
Mamá se sirvió su café y ocupó el la última silla desocupada. Fijé mi mirada en el delicioso desayuno que esperaba ser comido.
-Estuve pensando y me encantaría qué fueras mi dama de honor... -Seguí comiendo hasta que mencionó mi nombre. -Gabriela.
-Es una pena que yo no esté interesada en eso, pero gracias por tu consideración. -No sé cómo a algunas personas le es difícil decir "No" si no es lo mejor.
-Gabriela, no seas así con tu hermana.
-Mamá, no es mi hermana y no lo haré. - Una de las cosas que más detesto es que insistan demasiado. Y dije que no de nuevo, también en ocasiones un solo no es suficiente para alguien, entonces solo lo digo en tres ocasiones y si no funciona, entonces se procede a la violencia... Verbal.
-¿Por qué no?
-¡Porque no quiero! - Grité, pero me arrepentí al ver las miradas desaprobación de todos. No tuve otra opción que desaparecer cómo si de magia se tratara. Tenía ganas de volver por mi desayuno, pero eso dañaría mi drama.
Podré soportar el hombre hasta que por lo menos Damien se vaya.
ESTÁS LEYENDO
Mi Otra Yo
Подростковая литератураConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
