Esperaba sentada en la entrada de la casa, llovía y algunas gotas de agua eran traídas por el viento hacía mí.
Mordí mi labio inferior, pensando que cierta parte de mi cuerpo definitivamente necesitaba atención. Empecé a sentir frío así que entré a mi solitaria casa. Cerré la puerta con llave detrás de mí.
No había almorzado pero no tenía hambre., solo necesitaba una sola cosa.
Caminé por el pasillo desabrochando la camisa y al entrar tiré al mochila hacia una esquina y coloqué el seguro. La habitación estaba un poco oscura así que prendí la pequeña lámpara sobre mi escritorio. Me dejé caer sobre mi cama e incómodamente retiré mis pantalones. Abrí mis piernas un poco y coloqué una almohada pequeña entre ellas, cerré los ojos.
Aquel sueño de la noche anterior me había mantenido pensando todo el día., no recordaba mucho, sin embargo, lo que sabía era suficiente para que me mojara completamente. Apreté la almohada con mis piernas lo más que pude y allí ocurrió la magia.
Mi cuerpo empezó a dar pequeños movimientos sobre la cama, terminé de retirarme la camisa, después mi sostén. Me quité la ropa interior y coloqué sobre la almohada, froté mi vagina contra la misma de arriba hacía abajo repetidas veces, primero suavemente hasta que la velocidad fue incrementando junto a mis latidos.
El molesto sonido de mi celular invadió el silencio de la habitación. Estiré mi mano y contesté.
—Hola, Gabriela. ¿Ya empezaste a hacer tu parte del trabajo?
—Sí, justo estaba empezando.
—Bien, tienes dos horas para enviarme tu parte.
—Lo sé, ya voy a terminar.
Finalicé la llamada y dejé escapar todo el aire que tenía.
Mierda, maldito trabajo. Ok, respiré profundo (Gracias, Ela por dañar el momento por enésima vez).
Transcurrida media hora desde la llamada de Rafaela, estaba frente al computador releyendo lo que yo había escrito que no me gustaba para nada. No estaba mal, pero era demasiado mediocre para mí, quería algo más y tenía la mente en blanco. ¿Cómo llenar mi mente de ideas rápidamente? Esto me estaba estresando necesitaba pensar de manera inteligente.
La búsqueda de algo que sirviera en mi mente, se sentía como si miles de personas me hablaran al mismo tiempo., me estaba desesperando porque la hora avanzaba y aún no obtenía lo que necesitaba. Opté por comer algo y definitivamente me ayudó con el hambre, sin embargo seguía sin ideas.
Como primera opción recurrí a los libros del estudio que estaban relacionados con el tema, ya que Google no tiene las respuestas en todos los casos. Obviamente fue más difícil que presionar teclas en para que apareciera la instantánea respuesta, pero lo que encontré de verdad valió la pena. Pude profundizar más en el tema y entonces fue cuando misteriosamente las aclamadas ideas aparecieron. Escribí como automáticamente y el trabajo estuvo listo en el tiempo indicado.
Presionar el botón de guardar y luego enviar provocó cierto placer en mí.
—¿Qué tan atrevida eres?
—No lo sé, depende de lo que me pidas.
—Te atreverías a venir aquí.
—Está lloviendo.—Los truenos y relámpagos aparecían de vez en cuando.—Ahora es cuando te pregunto: ¿Qué tan atrevido eres?
—Creo que soy muy arriesgado.
—Atrévete a venir aquí para hacerme compañía.
—Me dijiste que no hiciera eso...
—Ahora te digo que lo hagas.
—Desconocía ese carácter imponente.
—Si vienes vas a descubrir más cosas.
No dijo una sola palabra más y colgó la llamada. Me sentía un poco como Carol.
Mamá había llamado para avisar que llegaría más tarde de lo común, tenía un dificultoso problema de trabajo. Camilo y su hija visitaban a su madre., por fin estaba sola y no pretendía quedarme así.
Me excitaba en hecho de que solo me hablara al oído. La ropa de él iba quedando por el suelo y aunque la tarde estaba fría, nosotros no.
nunca fue importante para mí estar con alguien, creía que era un estado natural por el que atravesaban los humanos para satisfacer su instinto carnal, nada más. Es decir, no tenía grandes expectativas.
¿Nervios? ¿Aquella sensación capaz de atemorizada, entorpecer y paralizar a cualquier ser humano? A veces los tengo, sin embargo, no soy una persona que se deje controlar por eso.
A pesar de que no me gusta el alcohol, solo por esta ocasión, le pedí algo fuerte a Damien.
Buscó de una especie de ron que Carol le robaba a Camilo. tres o cuatro tragos después ya las risas salían descuidadamente.
De nuevo estaba sobre mí en una cama como en varias ocasiones... Uff, las recordé todas y estaba por reírme como demente.
Sus labios me recorrían, mis audaces manos lo tocaban sin miedo a equivocarse. Él me tenía al alcance y disposición. Puedo decir que la lujuria superó mi ataque moral y mi conciencia.
Yo reaccionaba con la mínima caricia, nuestras miradas estaban conectadas sin ser incómodo, estábamos combinados en todos los sentidos.
Separó mis piernas para introducirlo lentamente, la sensación era extraña creo que hasta me molestaba un poco, supongo que no era lo mismo tener un cepillo o un rímel. Estaba apretando mis manos contra su espalda, me estremecí, disfruté al sentir su cercanía envuelta en mi excitación.
Los jadeos inundaban la habitación y tenía la sensación de que la magnitud de sensaciones que se estaban viviendo allí, podrían causar que si alguien llegara nos descubriera. Cuando acabamos, nos quedamos un rato acostados sobre la cama, no quería hablar, solo pensaba en que estaba sintiendo el líquido resbaladizo correr entre mis piernas.
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Mi Otra Yo
JugendliteraturConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
