Narrado por DamienJusto después de que Gabriela colgara el teléfono, me metí a bañar.El agua de la ducha caía sobre mi cabeza y se deslizaba lentamente por mi cuerpo, recorriendo mi espalda, mi pecho, cada músculo que se tensaba mientras mis pensamientos giraban en torno a ella. Sus palabras, su voz, la forma en la que jugaba con su cabello, cómo su mirada parecía esconder un mundo entero de secretos que quería descifrar. La imaginé aquí, entrando a la ducha conmigo, sus manos frías contrastando con el calor de mi piel. Y ahí, como siempre, mi imaginación era un problema. Sobre todo cuando estaba solo.Escuché el timbre. Genial... excelente momento para una erección.Me puse la bata de baño. Me miré al espejo y todo se veía extraño, pero bajé a abrir. En cuanto vi la silueta detrás de la puerta, supe que era Carol.Estaba hecha un desastre. El maquillaje corrido, confeti enredado en su cabello, los zapatos manchados de algo que preferí no identificar. Y su mirada... vidriosa, pero alerta.—Damien, amor... no creerás lo que pasó. —Se lanzó a mis brazos. El olor a alcohol y marihuana era tan evidente que me mareó.—No estás bien, Carol. —La sostuve por la cintura para llevarla al baño. En un descuido, su mano terminó justo en mi pene.—Rayos, Damien... ¿planeas violarme? —rió con esa voz rota.—Claro. —Contesté con ironía mientras trataba de mantener el equilibrio.En el baño, ella misma empezó a desvestirse. Me pidió ayuda con la cremallera de su vestido y obedecí.Cuando el vestido cayó al suelo, mis ojos recorrieron su cuerpo desnudo, como tantas veces, pero esta vez había algo distinto. Una marca roja en el costado derecho de su abdomen. El golpe visual me heló la sangre. Carol había estado con alguien.—¿Y esa marca? —pregunté con voz más fría de lo que quería.Ella bajó la vista, observó la mancha roja y frunció el ceño, como si ni siquiera supiera que estaba ahí.—No lo sé... creo que me golpeé con algo. —Respondió rápido, demasiado rápido. Luego, como si quisiera cortar la tensión, tomó mi cepillo de dientes y empezó a lavarse.—Necesito que me digas dónde estabas. —Mi voz sonó dura.—Amanecí con mis amigas... como cuando tú prácticamente me sacaste de aquí ayer.—No te saqué, solo te pedí que te fueras porque estaba cansado.—¿Cansado de qué? ¿De mí?—Obviamente no, Carol.—Olvidemos eso, por favor. —Se soltó el cabello, dejó caer la ropa interior al suelo y, sin decir nada más, me miró con una sonrisa ladeada, esa que siempre era una invitación silenciosa.Abrió la llave de la ducha. Un hilo de agua fría cayó sobre su piel haciendo que se estremeciera. Dio un pequeño salto y luego se giró hacia mí. El vapor empezó a llenar el baño, empañando el espejo detrás de nosotros.Avancé hacia ella y la seguí dentro de la ducha. El agua nos envolvió de inmediato. Carol cruzó sus brazos tras mi cuello, se alzó de puntillas para alcanzar mi boca. Su primer beso fue suave, casi tímido, pero en segundos se volvió ansioso, húmedo, cargado de una desesperación que no entendí. Mordió mi labio inferior, sus uñas rasguñaron mi nuca, pegó su cuerpo mojado al mío. El contraste entre el agua fría y el calor de su piel me sacudió.De repente, se arrodilló frente a mí. El agua caía sobre su espalda mientras su mano rozaba lentamente mi miembro. Lo rodeó con sus labios, su lengua jugueteó con la punta antes de deslizarlo profundo en su garganta. Un gemido bajo se escapó de mí. Cerré los ojos un instante y ahí estaba Gabriela, tan vívida que casi dije su nombre.—¿Te pasa algo? —preguntó Carol levantando la mirada con el agua chorreándole por el rostro.—Nada. —Contesté demasiado rápido.Volví a besarla. Esta vez no hubo delicadeza, solo hambre. La empujé suavemente contra la pared de azulejos, nuestras lenguas se encontraron con furia. Bajé mis manos hasta su sexo y deslicé dos dedos dentro. Estaba húmeda, tibia, el agua resbalaba por sus muslos mezclándose con sus propios fluidos. Sentí cómo se estremecía cuando mis dedos entraban y salían rápido, mientras mi otra mano estrujaba sus senos duros bajo el agua.Carol gemía contra mi boca. Me acerqué a su oído.—Así te gusta, ¿verdad?Su respuesta fue un gemido roto. Levanté su pierna derecha y la apoyé en mi cadera. La penetré de golpe, sintiendo cómo su cuerpo se abría para recibirme. La embestí fuerte, una y otra vez, el sonido de nuestra piel chocando ahogado bajo el agua. Ella gritaba mi nombre, arañando mi espalda como si quisiera dejarme marcado.—Más, Damien... más... —susurró con voz rota.Mi respiración era un temblor contenido. No era solo placer, era algo más oscuro. Era deseo mezclado con culpa. Porque mientras la follaba, mi mente no estaba aquí.Cuando el orgasmo llegó, fue un rugido silencioso dentro de mi pecho. Eyaculé dentro de ella, el calor de mi semen mezclándose con el agua fría que lo borraba todo. Carol se soltó de mí, exhalando fuerte, apoyándose contra la pared.Salió de la ducha sin decir nada, tomó una toalla, secó su cuerpo y su cabello con movimientos mecánicos. Se enrolló la tela alrededor y recogió la ropa.Yo cerré la llave y salí tras ella.—Lavaré esto. —Dijo sin mirarme.—¿Por qué fingiste estar ebria?—Quería saber si te aprovecharías de mí en esa situación.—¿Y lo hice?—¿Tú qué crees?—Que no.—En realidad estaba un poco borracha.—Espero que no hayas hecho algo indebido.—¿Cómo qué? ¿Embarazarme de otro? Aunque parezca lo contrario, no te engaño, Damien. Yo sería incapaz.—Me conmueves, amor.La miré en silencio. Hablaba como siempre, me respondía como siempre, pero había algo roto. Y no era solo ella. Era yo. Porque mientras la tocaba, mientras me corría dentro de su cuerpo, no dejé de pensar en Gabriela.
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Mi Otra Yo
Teen FictionConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
