Dos partes 🌊

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Esto es cómo hace unos meses atrás, la única diferencia es que hace unos meses ni siquiera me importaba qué Carol tuviera novio, sin embargo, ahora esta extraña emoción que me da una punzada cada vez que la escucho hablar de él cómo si fuera un ángel, lo ideal y perfecto. Cada día se siente peor y más cuando me entero de que mi estúpida ilusión es una mierda.

Es decir, no tenía nada planeado junto a Damien, ni siquiera que fuéramos novios y pero es que no me esperaba esto tampoco y también hay cierta parte de mí que es esperaba que esto fuera un maldito cuento de hadas.

La mañana siguiente a enterarme de que mi amante del cuál creí que jamás me importaría más que para encerrarme en su habitación o encerrarlo en la mía estaba comprometido y tras soportar el entusiasmo de mi madre sobre la boda de su hija favorita, todo siguió cómo de costumbre.

Hoy desayuno al aire libre, revistas,  planes ideas y un gran deseo de hablar:

—Estúpida, tú gran amor es más falso que cualquier cosa que sea ridículamente falsa.

Estúpido ardor en mis que anunciaba lágrimas, se me aguaron los ojos, pero fingí que fue a razón de un bostezo.

Aguanté cómo siempre e inclusive aporté ideas y sonreí cómo si nada, me di asco propio y  me aventuré diciéndole a mamá que iba a la biblioteca, ni siquiera me prestó atención porque no se detuvo a preguntarme nada.

Agradecí que fuera desatenta cuando me vi a unas calles de mi casa, de verdad necesitaba estar fuera por un momento.

Tras unos minutos caminando y próximo a llegar hacia la biblioteca, mi celular sonó y a pesar de todo lo que está sucediendo, lo desbloqueé rápidamente con la esperanza de que Damien me hubiera dicho algo y no fue así.

Cómo atraída por el recuerdo, pasé justo por la calle en la que lo seguí por primera vez, se podría decir que aceleré para chocar contra éste gran error.

Creo que debo empezar a pesar que tal vez lo de anoche significa que ya todo terminó así de fácil y rápido cómo empezó.

—Perra, no vas a llorar en la vía pública.

Eso diría mi otra yo, sin embargo a esta parte devastada de mí lo que menos le importaba era la gente.

Las dejé salir y no eran percibidas gracias a mi cabello con frizz que ocultaba mi cara un poco.

—Gabriela. —No levanté el rostro, sabía que era él. No podría decir que su perfume me lo dijo porque cuántas personas existen con el mismo perfume, pero su voz era otra cosa, única e inconfundible.

—¿Cómo me encontraste? —Pregunté. No era lo más importante, sin embargo es lo que he visto que hacen en las películas.

—Eso no importa, solo vine a decirte algo.—Por su tono se podría decir que vino a luchar por nuestra relación clandestina.

—No tienes nada que decir, para mí todo está muy claro.— La mayoría de las veces me hago la sufrida, pero para esta ocasión no.

—De todas formas quiero explicarte.—Damien, creo qué tendrás que hacer algo más que solo perseguirme hasta aquí.

—Pues, yo no estoy dispuesta a oír.

—Te vas a poner en esa actitud de niña inmadura.

—Bien, di toda la mierda que quieres decir. —Contesté cruzando me de hombros.

—Gabriela, Yo te quiero.— Quería reír de tristeza. ¿Raro? Lo sé, así son mis emociones.

—Lo siento, no estoy para eso. —Interrumpí la conversación y me levanté de aquél asiento, caminé alejándome de allí, lo he pensado y he decidido que no quiero sus disculpas ni nada. Todo iba bien, me iría de allí y oficialmente todo se habría terminado.

Pero no, en lugar de quedarse sentado viendo cómo me iba, se levantó y caminó tras de mí, apresuré el paso lo más que pude y no sirvió de nada. Logró alcanzarme y tomarme del brazo.

—Deja que termine de hablar.

Cedí y permanecí en silencio esperando su gran mensaje para mí.

—Gabriela, no quería que lo supieras de esa forma, estaba buscando el momento indicado.

—Que justamente Carol me lo dijera fue el mejor momento.

—No no lo fue, es que creí que esperaría a que yo estuviera preparado.

—Damien no me estás diciendo nada.

Exhaló y me miró directamente.

—El anillo no era para ella, era para ti.

—¿Qué mierda me estás diciendo?

—Si, Gabriela. Todo era una sorpresa para tí, pero Carol llegó a mi casa de sorpresa, vió todo y tuve que decirle que era para ella.

—No me estás diciendo esto.

—Te lo estoy diciendo, pero no es verdad. La verdad es que no vine a disculparme, solo vine a decir qué me casaré con Carol y tú ya sabías que esto podía pasar, solo te pido que evites hacer drama o actuar cómo anoche, vas a hacer que sospechen. Y por último, no me mires así porque tú más que nadie sabías de qué se trataba esto.

No creí que dormiría. Imaginé que me quedaría ahí tumbada, pensando en todo menos en dormir.

— De vuelta a la realidad— Me dije a  mí misma al despertar, cuándo abrir los ojos era un reto gracias a toda la claridad del día.

Aún con los ojos cerrados me senté en la cama y dejé que mis pies entraran en contacto con el suelo frío, me quedé unos minutos hasta que finalmente abrí los ojos y me levanté.

Me senté frente al espejo y me miré directamente cómo si mi reflejo y yo fuéramos dos personas totalmente distintas.

Estaba dividida en dos partes, la positiva y la negativa. Cómo siempre una tenía más razón y justamente era la que yo no quería.

Mi Otra YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora