Diecinueve 💮🍃

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Narrado por Gabriela.


Cuando todo se acabó y Ela se fue, me quedé acostada pensando en lo que había pasado. Estaba confundida. ¿Cómo pude haber disfrutado tanto besar a una chica? ¿Eso me hacía gay? Yo era completamente hetero.

Después de todo, fue solo un beso. Todavía me gustaban los hombres... Pero yo solo quería comprobar si le gustaba y efectivamente sí. Tal vez no fue la mejor forma de hacerlo, pero sabía que al preguntarle lo negaría a muerte.

-Besé a una chica. - Las palabras salieron solas de mi boca y a Damien no lo sorprendió para nada, solo se quedó en silencio mirando hacia el techo.

-¿A quién besaste? - Se sentó en una para poder verme y comprender mejor.

-A Rafaela. -Solté. Estaba un poco apenada, pero estoy segura de que lo entendería.

-¿Y fue cómo un tipo de ritual para reforzar su amistad? -Preguntó con una sonrisa.

-¿Qué? ¡No! Es que quería saber si le gustaba.

-Y entonces te gustó besarla.

-Solo digo que fue interesante y divertido.

-¿Cuál es el gran problema?

-En primer lugar, ella está enamorada de mí.

-¿Te lo dijo?

-No, pero lo sé.

-¿Y en qué quedaron?

-En nada, he estado evitándola desde entonces.

-Muy mal, Gabriela. Tienes que hablarle.

-Lo sé y lo voy a hacer.
Me miró incrédulo. -De verdad lo haré, pero primero hay algo que me debes.

Lo besé sorpresivamente y el me correspondió. Me senté sobre él mientras con sus manos ya había levantado mi falda y se dedicaba a estrujar mis nalgas con fuerza.

Entonces yo hice lo propio con mi blusa. De un tirón me la bajé y deje al aire mi pecho. Él no dudó en tocar cuando se percató de lo que le ofrecía.

Mientras tanto yo ya estaba dedicada a masajearle el miembro por encima del pantalón que en en nada ya lo tenía entre mis manos. Tieso, caliente, vibrante, con unas venas protuberantes que lo adornaban.

Mis latidos y respiración incrementaba, estaban vuelta un estanque, en ese momento sentí que un hilo de flujo comenzó a colgar de mis labios menores hasta que por el movimiento terminó pegado a uno de mis muslos.

Ya estaba lista para que me penetrase, pero entonces se me ocurrió algo que pondría a prueba su grado de locura.

-¿Sabes algo Damien?

- ¿Qué?-Cuestionó mientras besaba mi cuello.

-¿Te atreverías a hacerlo en la sala? No hay nadie más a parte de nosotros dos y además no creo que vengan hasta en un par de horas.

-¿Me estás retando?

-Eso creo.

-¿Qué pasó con tu espíritu de discreción?

-Sigue intacto, pero a veces necesita sentir un poco de peligro.

-Entonces vamos. - Rodeé su cintura con mis piernas al igual que mis brazos en su cuello para que me llevara cargada hasta la sala.

Me solté y apagué todas las luces por las cuales se podía ver del exterior al interior de la casa.

Caímos en el sofá y al instante se incorporó, y sin miramientos frotó su glande contra mi feminidad un par de veces, como queriendo mezclar mis flujos con sus líquidos seminales.

Me miraba tratando de decir sin palabras lo que quería, así que me puse se rodillas frente a él. Acogí su miembro en mi boca, mis labios lo apresaban. Hundo mi boca en su sexo hasta que se corre.

Así que, una vez más, aquella fue una experiencia que me hizo confirmar que una gota de semen cayendo por mi mejilla era la mejor forma de terminar la noche además de por fin sacar a Ela de mi mente.

Cómo traída psicológicamente escuché que tocaban el timbre desesperante mientras me llamaban. Era ella, estaba aquí,al parecer mi mensaje de disculpas no fue suficiente.

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