Narrado por Rafaela
No sé quién es, nunca lo había visto. ¿Será su cita? No, lo dudo porque ella no lo traería con su mamá en casa.
Empecé mi análisis desde sus botas negras de cordón, luego su pantalón de tela color verde musgo y un suéter del mismo color que sus botas.
No era una vestimenta fuera de lo común, pero todo estaba tan bien adaptado a su cuerpo que lo hacía ver tan atractivo. Me miraba con cara de: ¿Quién es esta tipa? Y entonces me fijé en su rostro pálido con una expresión seria que cambió por un sonrisa al momento que Gabriela saltó a sus brazos, él seguía mirándome a sus espaldas y ella jugaba en su corto cabello ondulado y castaño que combinaba con sus hipnotizantes ojos café y sus pobladas cejas., era bastante alto, lo noté cuando vi que Gabriela llegaba mucho más abajo de sus hombros.
Grabriela seguía hablando con él mientras lo abrazaba y ese chico había cambiado su mirada de: ¿Quién eres extraña? A Hola. Yo le sonreí y él también lo hizo.
—Ah, casi lo estaba olvidando, ella es Rafaela. —Me señaló sin mírame. ¿Ya había olvidado que estaba allí?
—Rafaela, él es mi amigo de la infancia, Emir.
Por fin conozco algo de su pasado.
—Es un placer conocerte, Rafaela.
Se acercó a mí y me extendió la mano, fue tan extraño parecía la recreación de una escena de alguna película antigua.
—Emir, lindo nombre. ¿Podría gemirlo? —Dije en tono de broma. Gabriela me miraba extrañada, sorprendida y confundida
—Me encantaría. —Contestó el chico lindo de la habitación.
—Ok. ¿Qué está pasando? —Preguntó Gabriela
—Es que soy especial, no todos los días se conoce a un Emir.
Emir solo se quedó por unos quince minutos, después se fué y yo volví a quedarme a solas con Gabriela.
—Y dijiste que no estabas saliendo con nadie .
—No estoy saliendo con nadie, te dije que simplemente es mi amigo.
—Claro, pero te gusta. Vi como te colgaste de su cuello. Cómo toda una gata. —Reí falsamente
—De ninguna manera. ¿Cómo me va a gustar? Es Emir.
—A mí sí me gustó, pero si te gusta entonces no me gusta.
—¿Te gustó más que yo? — No me digas que soy tan evidente y ella lo descubrió. Voy a entrar a mi papel de estúpida.
—¿Qué? Estás totalmente loca. ¿Cómo me vas a gustar?
—No te alreres, solo era una broma. No pasara nada, a menos que tú quieras. — Se acercó a mí y masajeo mis hombros.
—¿Qué te sucede? ¿Qué fumaste, Gabriela?
—Cállate, hablas demasiado.
Sus labios se pegaron a los míos en un abrir y cerrar de ojos, yo permanecía con mis ojos bien abiertos porque no sabía qué estaba pasando. Definitivamente algo no cuadraba e intenté detenerla, pero no lo hizo y yo tampoco quería que lo hiciera.
Intercambiamos sonrisas de complicidad. Sus manos en mi cintura, mis brazos rondando su cuello. Era un beso tierno, movimientos lentos, una pura suavidad liviana.
Ese beso me conmueve las ganas de besarla más. Me dejo llevar, me pierdo, la extraña sensación de sus manos recorriendo mi columna, mis piernas entre las suyas.
La apegué a mi cuerpo con una mínima porción de fuerza, sintiéndo con mis labios la tibieza de tu cuello, se escapan pequeños ruidos de nosotras. Envuelvo su boca en un beso inasiable, y nuestra respiración se convierte en una sola. Me estremece la pasión creada de píes a cabeza. Teníamos la temperatura perfecta, creamos nuestro clima en aquella habitación.
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Mi Otra Yo
JugendliteraturConmigo se confirma el dicho de "Las apariencias engañan" pues soy una chica tranquila hasta que la puerta de mi habitación se cierra.
