Alessandro amaba el calor.
Amaba tener los rayos del sol pegándole directos a la piel, sintiendo como cada poro se alimentaba que, de alguna forma se sentía que se hacía uno con la luz.
Amaba todo de un nuevo día, pero aquel mismo; no estaba de humor.
Su día había iniciado con la vergüenza de haber despertado desnudó, con una humedad pegajosa en todo su vientre pegada y con un Donato avergonzado mirándolo.
Primero se había sentido apenado, después se sintió un poco triste por lo que había hecho antes de haber dormido y, al final se había sentido muy indignado. ¿Cómo había sido posible semejante cosa? Su placer había culminado en una cúspide tan alta, que simplemente se había desmayado.
Aún no podía mirar a Donato a los ojos, incluso dentro de aquel apretujado automóvil, no podía siquiera hacerle saber que estaba muy a agradecido.
Quiso saltar de arriba a abajo cuando supo que iba a salir. No solo a las calles de Roma, sino, a unas horas lejos (muchas horas lejos). ¡Iban a Venecia!
Había leído mucho de toda Italia, sabía de sus reliquias, de sus museos y pinturas. Había estado fascinado con la Toscana, Monte Carlo y, Venecia. Le intrigaba sus calles de agua, sus paisajes al atardecer y sus hermosas casas antiguas. Toda Italia le parecía hermosa y llena de increíbles lugares, ¿cómo era posible que antes solo soñaba con ir y ahora esté de camino?
No había duda de que todo lo que conocía estaba cambiando de forma radical, pero había algo inquietante con todo ello. Tenía esta sensación de que las cosas no pasaban solo porque si, estaba agradecido por todo —por supuesto que si— pero algo se sentía... raro. Esa sensación de que probablemente esté en un muy buen sueño no se desvanecía, y tenía miedo.
Miedo de que todo desapareciera con un solo abrir de ojos.
Miedo de que un día solo como así despertara.
Era como vivir en una fantasía, porque estar afuera, era como algo inalcanzable. Así que no podía evitar preguntarse cómo era que había cambiado su suerte de un tiempo para acá.
Por ahora, no tenia que estarse devanando los sesos por todo aquello bueno que le pasaba, estaba seguro de que iba disfrutarlo y no iba a preguntar nada. Tendría que pasar por aquella vergüenza y tendría que hablar con Donato. Al menos debía disculparse con él, pero, ¿cómo te disculpas de algo semejante? ¿Cómo haces para escapar de algo que realmente no querías hacer? Bueno, era una mentira; quería hacerlo y mucho, pero ahora dudaba.
Miro hacia los asientos delanteros donde se encontraba Donato, aquel iba charlando con otro sacerdote —del cual no recordaba haber tenido una conversación antes—. Ambos estaban en una conversación que parecía ser interesante, pero de repente Donato lo miro. Alessandro le sostuvo la mirada por unos segundos para después Donato sonreírle abiertamente.
Alex le devolvió la sonrisa aunque no de la misma forma. Se seguía sintiendo incomodo y se preguntaba cómo es que su amigo no se sentía de la misma manera. ¿Era diferente por estar en distintos lugares? Alessandro había sido el pecador y su amigo solo había sido su espectador. ¿Hubiera sido diferente si el hubiera encontrado a Donato en aquella posición?
Lo pensó por unos segundos.
Negó.
No, el habría hecho lo mismo. Se habría hecho de la vista gorda y hubiera sido como que nunca pasó. Tal vez eso era lo que hacen los amigos, se apoyaban y daban lo mejor de sí. Miraban a otro lado a pesar de la inmoralidad y sabrían aconsejarte cuando más lo necesitaras.
Tal vez era eso y él debía de hacer lo mismo. Debía empezar a dejar pasar las cosas semejantes. Empezar a mirar a otro lado cuando las cosas estén mal, empezar a... vivir.
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Votos Prohibidos ©
RandomUn devoto, un amor y una confesión. Aun los más santos se van al infierno. ¿Si quiera merece ir al averno? No, un ángel como Alessandro no lo merece. Y tu, ¿te confesarias con él? #1 No apta para menores [100601] #122 prohibido [190811] #100 inocen...
