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¡Entrégame esa espada!

Entiéndelo, tu no puedes controlar tanto poder, Sesshomaru.

Kagome frotó su sien. Desde que se encontró con ese violento demonio había estado teniendo.. sueños o imágenes extrañas que pasaban por su mente. Miró aquella cosa de tela roja, que estaba en la armadura del demonio y había cortado por error con su espada.

¿Ese era su nombre? ¿Sesshomaru?

Bajo las gradas rápidamente después de agarrar de nuevo el arma, debía comenzar a hacer otras cosas. No quería lastimar a ese hombre pero al menos esperaba que la dejara tranquila por algún tiempo, después de todo él fue el que empezó a amenazarla.

Iría a buscar lo que la señorita Kikyo le había indicado. Tal vez su destino es ese. Ser una excelente sacerdotisa. ¡Ella podia hacerlo!
Antes de que la mayor dejara este mundo como decía, debía por lo menos, una vez demostrarle que todo el tiempo que invirtió en ella no fue en vano. —¡Lo haré, señorita Kikyo! —Dijo para sí misma con cierta motivación y continuó caminando hacia la cabaña en la que vivió desde que nació.

Kikyo había cuidado de ella desde que era una niña de diez años, ¿desde tan joven era una sacerdotisa admirable? Ella nunca le cuenta nada sobre su vida, sólo la alienta a que la suya sea mejor. Pobre señorita Kikyo, tal vez tuvo una vida muy difícil y mejor prefirió no molestar con sus lamentos.

Kagome siguió su camino mirando el adorno de la armadura. Todo estaba comenzando a agitarse desde que cumplió años. Un demonio aparece por que quiere matarla por una razón que desconoce, Kikyo está débil y tiene muchas preguntas sobre su propia vida. Su momento de actuar como una mujer tal vez era ya y estaba poniendo pretextos.

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Corrió la cortina y alzó su mirada, su expresión de felicidad fue desapareciendo.

—¿Se-Señorita Kikyo..?

Escuchó una pequeña queja. Eso estaba mal.. muy mal. Su cuerpo tembló y se le cerró la garganta con un nudo que su miedo y una gran preocupación le provocó. Tiró la espada y corrió a socorrer a su joven protectora.
Había sangre, sangre por todo lado.. la ropa de la sacerdotisa estaba manchada de su sangre. La más joven no sabía que hacer, estaba asustada y eran heridas muy profundas y continuas.
¿Quién había hecho tal cosa? ¿En qué momento? Se había ido.. sólo unos minutos..

Si tan sólo.. si tan sólo se hubiera quedado con ella. 

La cara cansada de Kikyo estaba salpicada de el líquido rojo, tenía una expresión llena de dolor y las lágrimas recorrían sus mejillas. Su piel comenzó a perder color. Kikyo había sido apuñalada de la manera más cruel y rápida posible. No había.. Ninguna salvación. Kagome comenzó a llorar desesperada, trataba de parar aquel sangrado manchando sus manos también pero era imposible. —¡¿Quién te hizo esto, señorita?! —Preguntó. No podía ni siquiera para ella misma explicar el miedo, la confusión, y la tristeza que sentía. Le temblaba el cuerpo y Kikyo estaba agonizando debajo suyo—. Kikyo.. por favor.. ¡No me dejes! ¡resiste! —Gritó y ella abrió sus ojos con angustia. Expresando su adiós.

—Un.. demonio..

Salió como un suspiro, el cuerpo de la azabache mayor se puso pesado y su respiración desapareció. Lentamente los latidos de su corazón también lo hicieron. —¡No! ¡Señorita Kikyo! —Kagome agarró a la mujer por debajo de sus axilas, colocó su cabeza en su regazo y su dolor explotó en un llanto ruidoso que alarmó a los aldeanos que estaban cerca—. No.. No me dejes.. —Las lágrimas bañaron sus mejillas y las de la ahora fallecida sacerdotisa—. ¿Quién.. quién te hizo esto..? —Murmuró abrazando el cuerpo sin vida—. No era momento.. no tenía que ser ya.. Señorita Kikyo.. —Su pecho ardía.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora