28. Parte 2

608 80 4
                                        

-Kagome.

El nombre de la joven sacerdotisa salió casi como un suspiro de los labios rojos recién pintados de Midoriko. La mujer estaba ansiosa, estaba emocionada por conectar su mente con la de su única hija y encontrar el arma que le permitiría tener control sobre el infierno.

Extendió su pálida mano y suavizo la expresión en su rostro para generarle confianza a Kagome sin embargo ella estaba quieta en su lugar y su rostro estaba brillando por las pequeñas gotas de sudor que bajaban por su sien y frente. Estaba nerviosa y asustada y eso nada más le hacía sentirse con la seguridad de que podría manipularla.

-¿Qué esperas, niña? -Realmente Kagome no estaba dando indicios de que iba a moverse pero sus ojos observaban todo inquietamente.
Analizó todo con cuidado buscando algo que pudiera servirle, no vió nada pero algo llamó su atención. Había un arco, un arco muy peculiar sobre una mesa en la que también se encontraba una piedra que tal vez fue de color rosa porque estaba degradándose poco a poco haciendo que su mitad se viera blanca, incluso parecía tener una luz débil, pero podía verla.

Midoriko se levantó sacándola de su trance y se hizo hacia atrás bruscamente golpeando a Naraku con su espalda. -No deberías de estar tan nerviosa, Kagome. ¿No se supone que tienes poderes extraordinarios? -Sonrió un poco.

-¿Por qué haces esto? -Kagome tenía su ceño fruncido y cada vez se sentía mas nerviosa, podía sentir el sudor hasta en sus clavículas.

-Tu sabes porqué-Agarro un poco del cabello de su hija y lo acarició-. Sólo cede, Kagome. Ayúdame, podríamos tener una vida mejor que la pudimos tener originalmente. Viviremos juntas, como una madre y una hija completamente normales.

La menor estuvo a punto de responder pero sintió de nuevo tres presencias diferentes y una cuarta un poco más suave. Su piel volvió a erizarse y sintió el alivio en cada parte de su cuerpo. Como los poderes que tenía ya no estaban, era solo una pequeña parte, apenas y podía sentir a sus amigos cerca pero no podía diferenciarlos.

Apretó los labios y caminó detrás de Midoriko. Sabía que había una barrera protegiendo el lugar pero parecía que ella no estaba haciendo ningún esfuerzo para que se mantuviera en pie. Las sacerdotisas tienen que guardar cierto nivel de concentración en las barreras, sin importar su nivel. Recordó que Kikyo solía acostarse y cerrar sus ojos para poder concentrarse sólo en eso.

Ciertamente había algo extraño. Ella seguía pensando que esa Midoriko era nada más una caja con algo mas en el interior, pero que en definitiva no era ella.

Midoriko se puso de rodillas en el futon que habia en medio de la habitación y después se aseguró de que Kagome también lo hiciera. Sus ojos la siguieron en cada movimiento que hacía.

-Cierra los ojos -Le ordenó.

Kagome estuvo a punto de hacerlo, pero apareció una pequeña niña con vestimentas blancas, atravesó la pared como un espectro y sostenía un espejo en sus manos. Ignoró por completo la orden que la malvada sacerdotisa le dijo y prestó atención a esa niña tan extraña.

-InuYasha y Sesshomaru están aquí -Avisó moviendo su espejo para que la imagen de ambos se mostrara en él. El corazón de Kagome se aceleró y se sintió con más fortaleza de repente.
Ella y Midoriko se miraron de una manera competitiva y esta última sonrió maliciosamente.

-Mira, si han llegado los dos al mismo tiempo.

Kagome tuvo un mal presentimiento al instante, vio a Naraku caminar hacia la puerta corrediza y salió. Después, la niña desapareció en la misma dirección a la que él iba.
Pensó que quedarse solas tal vez no sería tan malo, pero tenía que pensar bien en lo que podría hacer para atacarla y detenerla de una vez por todas.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora