La gente que vivía cerca de la playa era amable y comprensiva. Cuando llegaron, los recibieron muy bien, con comida y con ropa limpia. Kagome estaba feliz, se sentía aliviada de ver humanos luego de dar vueltas rodeada de demonios. Compartió con los niños, con la gente enferma y los ancianos, eso le ayudaba a adquirir un poco más de experiencia. Shippo y Kirara también se habían integrado bien, especialmente con los niños.
Fueron días muy agitados, pero de manera positiva. El hecho de ser un sacerdotisa también conquista los corazones de la gente y fue más fácil convencerlos de quedarse unos días.
Sonriente y con un plato en la mano, caminó por la arena hasta llegar a la cabaña que compartía con Sesshomaru y Jaken. Shippo dormía con Kirara y los niños.
Se sacudió los pies y corrió la cortina. Había música afuera, gente cantando y pasándola bien. Su acompañante se encontraba sentado, viendo por una de las ventanas completamente sereno. No se veía molesto y tampoco incómodo.
-Oye -Se acercó llamando su atención-. Traje algo para ti y para Jaken.
-Jaken se ha ido -Se volteó y miró con curiosidad el plato en sus manos. Olfateó un poco y arrugó la nariz-. No como comida humana.
Se puso de rodillas y lo dejó en el suelo. -Está rico, son frutas -Tomó una y la acercó a su rostro que aún mostraba negación-. Te va a gustar.
Ella suplicaba con la mirada, había estado muy feliz con su estadía en ese lugar. Cayó en cuenta de que podía arruinar eso si no accedía a comerse la dichosa fruta. Con un suspiro aceptó y tomó la fruta para comerla.
Estaba muy sonriente, demasiado. La última vez que la había visto sonreír de esa manera fue momentos antes de engañarla para quitarle a colmillo de acero.
-Te gustó -Afirmó, esta vez se acomodó para apoyar su espalda también en la pared y estirar las piernas.
-Mhm.. -Volvió a mirar por la ventana-. Parece que están alegres por tu llegada.
-El líder de la aldea dijo, que la sacerdotisa que custodiaba esta aldea había muerto por el ataque de un monstruo marino. Desde entonces han pasado casi 50 años y no ha habido señales del monstruo otra vez. No encontraron su cadáver, ni el del monstruo pero creen que pueda estar hundido -Sintió su acercamiento y luego una de sus manos en su largo cabello-. Me gustaría quedarme y continuar con su trabajo.
Sesshomaru volvió su vista a ella. Lo imaginaba, se habían quedado mucho tiempo y había compartido demasiado.
-¿Estás segura?
-Primero terminaré con Naraku -Separó su mano-. Y luego traeré a mis amigos y a la pequeña Rin. Tienen habilidades que no cualquiera tiene, estoy segura de que serán bien recibidos.
Encogió sus piernas y siguió comiendo, esta vez no tan feliz. El demonio sabía que había pasado mucho tiempo desde que InuYasha fue sellado y sus amigos desaparecieron. Era muy seguro que ya ni siquiera saliera un respiro de sus bocas. Tragó saliva, no tenía idea de cómo podía mantener su alegría si cuando pensaba en sus amigos ella caía deprimida de nuevo.
Tomó su barbilla con delicadeza, y la guió para mirarlo. Ella tenía sus ojos brillantes de guardar lágrimas y los labios rojos por el jugo de la sandía.
No era bueno con las palabras, pero no quería verla en ese estado. Se sentía con más fortaleza cuando sonreía.
No lo pensó mucho, hace tiempo que deseaba probar sus labios de nuevo y la acercó sin preguntar para sellar sus labios.
La chica estaba sin palabras, sus mejillas estaban ardiendo tanto que incluso la piel contraria fue capaz de sentirlo. Sesshomaru abrió su boca tan sólo un poco, rozando sus colmillos con los labios de la sacerdotisa, pidiéndole entrada para algo más profundo.
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¿De donde viene nuestro odio? || Sesshome
FanfictionUn total malentendido que viene del pasado provoca una enemistad que no tiene razón ni lógica y que con el tiempo va perdiendo fuerza para transformarse en sentimientos humanos. Sesshomaru y Kagome, tendrán que pasar por ciertas situaciones juntos...
