Los ojos de rojo intenso miraron con atención la espalda de la mujer que se encontraba de rodillas en un campo de energía. Parecía que estuviera meditando pero no, ella sólo estaba regenerando su cuerpo que había sido dañado por una flecha sagrada. Descubrió que entonces no es tan resistente como pensaba. Estaba segura de que si sufría una caída desde lo alto se partiría en dos y no habría arreglo.
Su cabello estaba recogido y tenía el quimono hasta sus codos. Kagome es muy diferente a ella, el corazón y la pureza que tal vez tuvo alguna vez en su vida ahora la rodeaban a ella y la protegían de cualquier tentación. Sus mirada estaba decaída y pensó que era bastante malcriada y desobediente.
Igualmente no venía a criarla.
—¿Qué harás ahora? —Naraku habló desde la oscuridad sin quitarle los ojos de encima. Estaba interesado en cualquier plan que ella tuviera. Todo lo que ella hace incrementa sus poderes y le ha sido de mucha utilidad. Midoriko guardó silencio aún pensando en sus cosas, tenía mucho tiempo y nadie podía detenerla. Ya no estaba viva y tenía bastante energía. Ella buscaría hasta el final y se vengaría de todo el daño que le hicieron. Todo el desprecio que recibió y las burlas.
Takemaru.
Ese nombre sonó como un eco en su cabeza, ese estúpido general con el que fue obligada a casarse y tras de eso tener una hija de él. Probó su fidelidad poniéndole misiones en contra de su hermana pero cada día supo que él jamás le tocaría un cabello a Izayoi. Nunca sintió envidia hacia su hermana menor, es decir, ella la amaba. Intentó todo para ayudarla y protegerla del monstruo pero al final la prueba de que su cariño no significó nada para ella se puso en frente suyo dispuesta a atacarla. InuYasha era igual a Izayoi. Si no fuera por esas ridículas orejas y esos ojos de oro. Hubiera sido interesante visitar a su hermana pero se dejó morir bastante fácil. Sabía que había sufrido consecuencias por sus actos llenos de caprichos, sintiendo rechazo por su elección hacia un demonio y pariendo un niño híbrido. Pobre Izayoi, seguro en algún momento pensó que debió hacerle caso a su hermana mayor y ese maldito de Takemaru, que nunca la apreció ni siquiera para fingir que serían buenos reyes algún día..
Una risa amarga salió de sus labios. Chasqueó sus dedos y apareció una niña albina que creo a base de un vidrio que encontró. La nombro Kanna, representa la nada, el desinterés absoluto en este mundo. Sería de utilidad para mostrarle todo lo que necesitaba ver, aunque no tenía una gran capacidad visual como su hija, podía ver todo lo que ocurría y a quién quería ver. Además de que así podría recolectar almas y mantenerse de pie sin necesidad de ir ella. —Takemaru continúa con vida —La voz suave de Kanna salió en un susurro y en el espejo se reflejó el hombre ya avanzado un poco de edad pero se veía claramente que era él. Ahora vivía como un aldeano cualquiera y tenía la infelicidad marcada en su rostro junto algunas cicatrices de quemaduras.
Midoriko se levantó cuando su pecho se cerró por completo y no se había dado cuenta de que aún su alma contenía sentimientos llenos de impotencia y tristeza si no fuera por las lágrimas que salieron de sus ojos. Pensaba que no podía llorar. Suspiró y se acomodó la ropa. Naraku no dejaba de verla y eso la estaba molestando demasiado. Se volteó y lo miró también. —¿Por qué me miras así? ¿A caso quieres algo que desconozco? —Preguntó sin ocultar su tono molesto.
—No quiero nada, señorita —Bajó su cabeza.
—No te desconcentres en cosas estúpidas, Naraku. Necesito que estes centrado y alerta a cualquier cosa —En respuesta el hombre asintió observando como la mujer se marchaba. Claro que jamás dudaría de su belleza hipnotizante pero no estaba interesado en ella. Sería extraño y asqueroso, estaba muerta. Podía tener una mente retorcida pero jamás en su vida pensaría en saciar sus deseos carnales en un muerto viviente. No estaba de alguna forma tan mal.
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¿De donde viene nuestro odio? || Sesshome
FanfictionUn total malentendido que viene del pasado provoca una enemistad que no tiene razón ni lógica y que con el tiempo va perdiendo fuerza para transformarse en sentimientos humanos. Sesshomaru y Kagome, tendrán que pasar por ciertas situaciones juntos...
