16.

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Después de un viaje agotador por algunos días el grupo finalmente había llegado a la aldea.
Cuando visualizaron el arco que lo caracterizaba suspiraron todos aliviados. Kagome estaba nerviosa por que había tomado la decisión de irse y temía haber decepcionado a la gente que confiaba en que ella los protegería una vez que Kikyo ya no perteneciera al mundo de los vivos pero Sango le aseguró que todos la esperaban, no tenían por qué odiarla o desconfiar de ella. Sólo estaba asustada por que se había encontrado acorralada por varias cosas.

Cuando llegaron Kagome se preguntó de donde había salido esa barrera que protegía la aldea, por que no la había visto nunca, si siempre estuvo ahí.. ¿Entonces por qué Sesshomaru había logrado entrar?, esa barrera seguramente la había dejado Kikyo. Nada la podría quitar a menos de que tuviera una excelente manipulación sobre ese tipo de campos. Mordió su labio y miró hacia atrás, la verdad es que no tenía recuerdos hermosos de lo qué pasó hace días, a excepción de Sesshomaru. Se preguntaba si él estaría bien y si pensaba en ella como ella lo hacía con él. Quería verlo de nuevo. —Esta barrera está muy débil —Dijo ella pasando su mano, seguro se estaba desvaneciendo por que el poder que la mantenía arriba ya no estaba. Miroku la miró curioso, quizás podría ayudarle.

—Podríamos reforzarla —El monje se acercó y Kagome asintió.

InuYasha y Sango entraron en ella, después ellos dos pero se quedaron unos minutos más para poder recitar el conjuro con paciencia y que el refuerzo funcionara. Luego, cuando estuvieron seguros de que ya estaba lista caminaron hacia la aldea reuniéndose con sus amigos.
Poco a poco, los aldeanos se enteraron de su presencia y corrieron para recibirlos junto a los exterminadores y otros monjes. Estaban bastante contentos de ver a Kagome de nuevo, a pesar de tener a los exterminadores sabían que nadie sería más fuerte que una sacerdotisa por esa razón se sintieron devastados cuando no encontraron rastros de Kagome y pensaron que entonces ya no tendrían a alguien que pudiera protegerlos como era debido.

Ella observó con detenimiento, se dio cuenta de que la casa que compartía con Kikyo estaba otra vez como nueva, en realidad se veía más grande. Suspiró caminando hacia ella y escuchando los pasos de los aldeanos, también sus amigos se acercaron. En verdad fueron bastante rápidos en construir una nueva cabaña, tenían una sincera esperanza de que ella volviera. —Señorita Kagome —Los aldeanos hicieron una reverencia, ante la mirada molesta de los monjes que estaban en un templo más arriba. Les parecía una falta de respeto lo que ella había hecho. Ninguna sacerdotisa podría ser tan insolente como para abandonar su aldea como ella lo había hecho.
Ignorando ese hecho, Kagome le habló a los aldeanos prometiendo que no se iría a menos de que fuera necesario y que lo sentía mucho. Estaba dispuesta a entrenar duro para poder proteger su vida y la de los demás también.

Confiados en su palabra los aldeanos se retiraron, Kagome entró a la cabaña notando que ahora no sería sólo para ella. Sango y Miroku se retiraron a sus casas. —Creo que viviremos juntos —InuYasha entró mirando la casa. Imaginó alguna vez que ahí viviría con la otra sacerdotisa, pero bueno. Al menos es su familia.

—¿Cómo crees que haya sido la vida de nuestras madres? —Le preguntó la chica buscando madera para encender la fogata que estaría ubicada en medio de la casa. InuYasha suspiró sentándose en su futon.

—Realmente no lo sé —Sinceró encogido de hombros—. Mi madre siempre habló bien de Midoriko a pesar de que ella ahora parece querer hacer daño como si nunca hubiera tenido buenos momentos en su vida —Tenía la mirada encima de Kagome pero después volvió a ver por la pequeña ventana.

Kagome pensó que era mejor hablar de otra cosa, InuYasha no se veía con demasiadas ganas de hablar sobre su madre. Se ponía decaído y también pensativo, sin duda debía extrañarla. Cuidó de él y lo protegió hasta el último día. Por un poco más que ella hubiera vivido y seguro se hubieran conocido. 
Estaba concentrada en prender la fogata, su mente estaba sumida en los acontecimientos recientes. Cuando venían de vuelta habían topado con varias criaturas decididas a "arrancarle los ojos". No entendía como es que todos sabían esa información, dudaba que Kikyo haya sido tan despistada, además de que nunca se lo mencionó lo que significaba que ella no lo sabía. ¿O sí?.  Sacudió su cabeza un poco y se puso a pensar en otras cosas. Tal vez debería hacer la cena ya, e invitaría a Sango y Miroku para charlar sobre la espada de InuYasha.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora