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Exhaló con muchísimo alivio, era un aire abrasador. Cálido pero sin llegar a ser bochornoso. Al fin pudo sentir el césped bajo sus pies después de haberse quedado varios días en el palacio de Sesshomaru. Él comprendió que ella necesitaba estar cerca de los humanos, le gustaba hablar y reírse, hablar de cosas sencillas y triviales. Algo que los demonios no hacían con mucha frecuencia. Además, necesitaba estar en un lugar en donde no sintiera tantas energías demoníacas. Eso la ponía nerviosa y de alguna forma la intimidaba.

Por suerte él había accedido a traerla de vuelta. Kirara ya se había recuperado lo suficiente como para acompañarlos.

Caminaron durante mucho tiempo y algunas veces iban por aire, desde la mañana hasta el atardecer. Pararon de vez en cuando en algunas aldeas para que pudiera alimentarse y para que pudiera buscar pistas sobre sus amigos y la gente de la aldea, pero nadie tenía idea de donde estaban. Nadie los había visto.

Cansada y ligeramente desanimada por no poder dar con ellos, se sentó a la orilla del lago y lanzó pequeñas piedras. Sesshomaru se había ido sólo por si podía detectar algún aroma o alguna energía diferente.
Aún había tensión entre ellos, pero él intentaba arreglarlo sacrificando su vida por ella, no le permitía usar sus poderes ni defenderse de demonios o monstruos de bajo nivel.

—No olfateo a nadie —Lanzó delante de él a una pequeña criatura verde que sostenía el báculo de dos cabezas que algún día usó para ayudar a InuYasha. Era su sirviente, que seguro se había perdido hace un tiempo.

Kagome se volteó y observó con lástima al pequeño sapo, aunque él había intentado lastimarla en el pasado también.

—No te preocupes —Dijo tras un suspiro desesperanzador—. Esperemos que mañana podamos tener un poco más de suerte —Se levantó y Kirara la siguió. Había hecho una fogata cuando estaba sola y mientras más oscurecía más frío hacía. Por lo que quiso buscar algo de calor.

—Kagome —Sesshomaru caminó hacia ella. No había otro sentimiento en su voz, siempre sonaba muy neutral. Aún así, sin saberlo se sentía mal por ella. No sabía que era tan importante perder a sus amigos.

—Mhm.. —Levantó su cabeza y lo observó esperando que dijera algo. Él endureció un poco sus facciones, era difícil pronunciar palabras de las que no estaba acostumbrado. Ella lo sabía, por eso respetaba su tiempo. Sonrió apenas y se hizo a un lado dándole espacio—. Ven.

Con el aire atorado, Sesshomaru caminó hacia ella y se sentó a su lado cruzándose de brazos. Era muy difícil cortejar a un humano.

—¿Aún estás enojada conmigo? —Sólo miró hacia el frente.

—No tanto como antes, al final me salvaste la vida —Alzó sus cejas con desinterés—. Sólo que me es difícil aceptar mis sentimientos por ti, eres impredecible. No quiero arriesgarme a ser traicionada de nuevo.

—Hm..

Había sido difícil de oír, pero ya empezaba a empatizar con ella. Creía que ya podía entender más o menos a lo que ella se refería. Las disputas entre seres inmortales se solucionan con peleas o simplemente la muerte, siendo o no una pareja. Tenía que repetir todos los días que Kagome es una humana. Una humana y una sacerdotisa.
Los humanos suelen reconciliarse de otras maneras, no sólo usando la fuerza.

Respiró profundo y la miró de reojo antes de pensar bien qué decir. Quizás no era el momento, ella estaba de mal humor porque había más problemas. Terminó con uno y continuaban con más.

—Amo bonito.. —Jaken se acercó tímido—. ¿Cuáles son sus planes ahora? Por estar perdido creo que me he perdido de algunas cosas —Sesshomaru no respondió, continuaba en lo más profundo de su mente.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora