25.

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—Hace calor.. —Sango se sentó y descubrió que su traje estaba húmedo debido al sudor. Su cara estaba roja y el cabello pegado y mojado también.

Kagome se devolvió y se agachó a su lado, se preocupó por ella. Tal vez no aguantaría demasiado y pensó en si misma también, porque sería difícil de lograrlo. Podía sentir el calor como cualquier otro. No por sus poderes.. sería totalmente especial.

—Los exterminadores ni siquiera llegaron aquí —Kagome murmuró. Sango asintió, era imposible que aguantaran tanto calor. Eran las llamas que provenían del infierno.

—¿Qué haremos? —Jadeante, Sango intentó hacerse viento con su mano. Era demasiado molesto.

—Si continuamos vamos a desmayarnos —Miró hacia arriba, Kagome también estaba sudorosa y sentía que pronto iba a caer desmayada de tanto calor—. Vámonos, tal vez pueda pensar en algo si nos refrescamos.

Ayudó a Sango para que se levantara. Kirara puso su cabeza debajo del brazo de la exterminadora para ayudarle también y las tres caminaron devuelta.

Había algo que no le permitía a Kagome sentirse bien con eso, aunque lo tomaría como una advertencia. Probablemente esta lucha no sería suya, no podría hacer demasiado. Ya estaba débil, y sabía que podía estarlo aún más con la pesadez que sentía su cuerpo.

Caminaron por un largo tiempo, parecía más lento el regreso que cuando habían logrado llegar casi hasta la punta. La montaña temblaba constantemente y caían piedras de diferentes tamaños junto a cuerpos humanos totalmente destruidos, temían que se soltará alguna lo suficientemente grande como para aplastarlas o que un cuerpo les cayera encima.

En lo que caminaban, Kagome se dió cuenta de que en realidad no habían avanzado nada. Miró a su alrededor y entrecerró sus ojos.

—No puede ser.. —Se detuvo y dejó a Sango recostada sobre una piedra junto a Kirara, mientras ella caminaba despacio hacia el borde que daba a una caída de gran altura.

Estiró su mano sólo un poco y el destello de color rojo se expandió por toda la montaña.

—Te diste cuenta muy tarde —Habló alguien detrás suyo, provocándole un pequeño susto que la hizo voltear.

—¿Cómo te atreves..? —Kagome frunció el ceño.

—Era la única forma de atraparte, eres muy necia. Esta barrera que hice con una ilusión.. ni siquiera la sentiste. Tu poder está bajando considerablemente y tus ojos, ni siquiera con esos ojos tuyos pudiste verla —La sacerdotisa avanzó y alzó un dedo—. Yo te devolveré todo tu poder si aceptas venir conmigo.

Kagome estaba preocupada, la verdad era que sospechaba que todo eso fue obra de su madre pero nunca consideró el hecho de que ella pudiera aparecer.

—No iré nunca contigo. —Respondió llevando su mano hacia atrás para sacar una flecha, sin embargo su cuerpo se paralizó antes de poder tocar siquiera la pluma que adornaba el final de esta.

—No tienes opción, Kagome. Tu naciste para eso.

—¿Qué estás diciendo? ¡Yo nunca me iría contigo!

—Mueve la boca todo lo que quieras.

La mujer mantuvo a Kagome paralizada y Naraku apareció detrás suyo, sacando unos desagradables tentáculos de su espalda para aprisionar a Kagome. Desaparecieron de ahí sin decir una sola palabra más, ignorando los gritos de Kagome pidiéndole a Sango que fuera por InuYasha. 

Sango abrió sus ojos, ella había escuchado todo. Sabía quién había secuestrado a Kagome. La culpabilidad le lleno el cuerpo y también de sintió impotente, pero no podía hacer nada. Se sentía descompuesta. Intentó levantarse, apoyándose en su espada y Kirara le ayudó a subirse después sobre ella. Lo mejor sería sacar a Sango de ahí.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora