—Kagome ha podido tocar la espada —Naraku le decía con asombro a la sacerdotisa que estaba sentada a su lado. Ambos miraban el espejo de la niña atentamente.
—Sólo los seres que tengan sentimientos hacia los humanos, el deseo de proteger, podrán tocar la espada. Colmillo de Acero fue creada para proteger a Izayoi —Se levantó y caminó hacia el jardín. El aire estaba tibio y las estrellas brillaban con mucha intensidad. Un suspiro salió de su boca.
Naraku se preguntaba que pasaba por su cabeza, a decir verdad le estaba enfermando la melancolía y nostalgia que ella sentía siempre. Debía sentir el más profundo odio, pero nada más podía sentir su confusión. Ella no funcionaría si su alma continuaba atormentándola con aquellos recuerdos. Sus ojos rojos no podían hacer más que observarla con duda. —Midoriko..
—Iremos mañana por la espada, para cuando salgan de ahí estarán cansados y débiles para enfrentarse a mi —Las criaturas de color celeste comenzaron a llegar hacia ella otorgándole almas para mantenerse de pie.
No sabía cuales eran las posibilidades de ganar, pase lo que pase, InuYasha no se detendría aunque su verdadero problema eran Sesshomaru y Kagome. Sabía muy bien que si Kagome tenía un arranque, si descubría esa pequeña chispa que haría explotar sus poderes estarían en problemas y Sesshomaru no tardaría en cortarle la cabeza.
Su corazón inexistente, latía imaginariamente con tristeza. Volvía a recordar. Recordó el rostro de su hermana y de su padre. Todos eran muy felices y aunque ella no pudo hacer lo mismo que otras mujeres, siempre acompañó a su familia. Protegió a Izayoi hasta el último respiro.
Movió su cabeza y soltó su cabello mirando el cielo con melancolía. Tenía tantos sentimientos negativos en su interior, su alma estaba furiosa. Despidió a las serpientes y volvió al interior del palacio, donde su sirviente y la niña sin emociones la esperaban.
—Puedo sentir tu duda —Sus ojos frívolos miraron al azabache con traje de mandril.
—No me juzgues si no has movido un dedo —la mujer frunció el ceño.
—Cuida lo que dices, puedo desaparecer tu esencia si lo hago. —Amenazó—. Prepárate para la mañana. Porque iremos por la espada —Pasó de él pero se detuvo en la puerta, y sin mirarlo continuó hablando—. Sé todo lo que tienes planeado, sólo necesito un poco de tiempo —Ella se retiró, y el hombre sólo miró la puerta por donde ella había salido. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios y su mirada se volvió profunda. Sabía que se daría cuenta, nunca fue una mujer tonta. Le daría el tiempo que necesitara entonces.
Los delgados brazos de Kagome temblaron por el esfuerzo que hacía al jalar la espada que estaba pegada en el pedestal, Sango y Miroku estaban confundidos. La espada no rechazó a Kagome pero al mismo tiempo no parecía aceptarla. Myoga estaba nervioso porque eso estaba volviéndose cada vez más peligroso y pesado. Se suponía que InuYasha nada más tenía que ir por la espada y salir sin haber sido lastimado o arruinar la tumba de su padre. Nunca imaginó que Sesshomaru sabía algo sobre eso, se le fue de las manos.
Las garras con veneno de Sesshomaru se acercaban peligrosamente al cuello vulnerable de su hermano. Tenía la intención de hacerlo sufrir, que sintiera cada una de sus uñas en su garganta hasta la muerte. Su mente repetía la palabra "muere" cada que podía, y eso lo ponía ansioso. Para cuando InuYasha estaba en el límite de la preocupación, aquel sonido limpio y metálico los sacó de su trance.
—La señorita Kagome pudo.. sacarla.. —Miroku miraba asombrado al igual que Sango y la pulga. La exterminadora se levantó siendo apoyada por Kirara. Jaken tenía la boca abierta y su cuerpo no reaccionaba. Parecía que se desmayaría en cualquier momento. Era imposible, Myoga también lo creía.
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¿De donde viene nuestro odio? || Sesshome
FanfictionUn total malentendido que viene del pasado provoca una enemistad que no tiene razón ni lógica y que con el tiempo va perdiendo fuerza para transformarse en sentimientos humanos. Sesshomaru y Kagome, tendrán que pasar por ciertas situaciones juntos...
