11.

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Para Kagome el día continuó con tranquilidad. Realizó el pequeño funeral para la madre del que sería el nuevo terrateniente, ocupando el lugar de su padre. Con ayuda de los guardias enterraron a la mujer en el jardín.
Todos en esa casa necesitaban un momento, y ella lo sabía. Entonces se inclinó y se retiró en silencio. Fue a su habitación temporal y abrió la puerta. Se sentó en el borde mirando el cielo. Quería que fuera de noche ya.

Encima de una pequeña mesa había un peine de color plateado, suspiró por que ya se había sentado pero quería peinar su cabello. Entonces fue por el peine y volvió a su lugar. Estaba todo tan callado y lo agradecía. Odiaba escuchar mucho ruido.
Se peinó en silencio, con cuidado. Tratando su cabello negro con cuidado. Quería quedarse en algún lugar para siempre, encontrar todas las respuestas desde ahí o al menos salir y volver. Pero quería otro, empezar desde cero ella sola.
Quizás podría toparse alguna aldea desprotegida.

Tocador dos veces la puerta para pasar, ella cedió pero no se volteó por que continuó pensando en sus cosas y peinando su cabello. Bankotsu la miró desde atrás, adoraba ese hermoso cabello negro. —Disculpa si molesto tu tranquilidad —Dijo él acercándose.

—Oh. Eres tú. No te preocupes, es tu casa después de todo —Finalmente se detuvo y miró atentamente al moreno. Hasta cuando se sentó—. ¿Necesitas algo? —Esta vez usó su curiosidad.

—Sólo quería hablar con alguien, ya se siente vacía esta casa. Solía hablar con mi madre siempre, pero ahora no tengo.. a alguien —Pareció hacer algo parecido a un puchero.

—Tienes muchas sirvientas y sirvientes. Habla con ellos o sal a la aldea —Aconsejó—. Si haces amigos y amigas, puede que no te sientas solo. Haces fiestas y seguro conocerás a alguien a quien puedas amar —Le sonrió, queriendo alentarlo.
En los ojos del muchacho apareció un brillo, casi con esperanza. Creyendo que las palabras de la sacerdotisa eran un tipo de indirecta, que obviamente no era así. Kagome buscaba que su alma se pusiera feliz y así estuviera tranquilo. Que no se preocupara por la soledad al perder a sus dos padres o caería en una profunda tristeza. —¿Te preocupa estar solo? —Le preguntó sosteniéndole la mirada. Aunque los ojos de él no se encontraban siempre en el mismo lugar, a veces miraba cada rasgo de su cara. Sus labios, su clavícula que se asomaba por el cuello del quimono o incluso en sus manos.

—Yo.. supuse que algo así pasaría. Todas las mujeres de nuestra familia han tenido la mala suerte de morir jóvenes o padecer alguna enfermedad —Resopló—. Sabía que mi madre no se salvaría aunque intenté protegerla con todo lo que pude. Lo único que se nos salió de las manos fue la muerte de mi padre, pero era algo que tenía que pasar.

—Estarás bien. Haz las cosas bien, se bueno con la gente y serás recompensado con una buena vida. Sé que eres un buen hombre, sólo tienes que.. salir y descubrir tus capacidades —Bankotsu no podía creer que una mujer hablara de esa forma. Tenía una manera tan sabia y cautivadora de hacerlo. Él quería que ella se quedara. Definitivamente fue un amor a primera vista. Debía ser su esposa, seguro no se opondría a su propuesta. Aunque fuera algo pronto.. no era nada del otro mundo. Estaba enamorado de ella, de la fuerza en su espíritu, de su cara, de su forma de hablar. No la conocía bien, no sabe de donde viene ni por qué camina sola por estos lugares o su edad, pero tendrían tiempo para eso después. Podía darle una buena vida si ella aceptaba.

—Yo.. quisiera hacerte una pregunta —Cambió de tema, pero Kagome lo entendió. Esperó en silencio a que él hiciera su pregunta—. ¿Existe alguien en tu vida? —Su voz tembló por que seguro estaba nervioso y sentía pena de hacer una pregunta tan personal. Kagome se sorprendió, incluso su expresión cambió.

—Yo no puedo enamorarme —Respondió cortante y sin dudar. Claro que nunca olvidaría la primera regla si llevaría la vida que decidió llevar a partir de la muerte de Kikyo. La decepción apareció en el rostro de Bankotsu—. Las sacerdotisas no podemos dejar que los hombres nos deseen, tampoco ceder a sus cortejos de lo contrario nuestra concentración y poder perderá su fuerza y podremos ser blancos fáciles.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora