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Los habitantes de la aldea se mantuvieron en una barrera junto a los monjes, los exterminadores junto a InuYasha, Kagome y Sango se mantuvieron fuera de ella ya que su papel allí es defender el lugar.

El viento soplaba más fuerte cada vez, le ponía la piel de gallina a Kagome. Era una sensación poderosa y horrible al mismo tiempo.

—Se acerca.. —Avisó. InuYasha desenvainó su espada y los exterminadores se acomodaron de acuerdo a sus puestos.

Estaba nerviosa.

Sentía que sería su primera gran pelea, contra algo verdaderamente poderoso. No podía pensar en otra cosa. Aunque sentía su cuerpo extraño, no se echaría hacia atrás. Ella estaba segura de que podría con eso. Ella es la sacerdotisa de esa aldea, las vidas de esas personas dependen de ella.
Acababan de llegar y estaba cansada, pero no se rendiría.

Salió de su trance en cuando la barrera que cubría toda la aldea, la que había reforzado con Miroku comenzó a brillar continuas veces, como si alguien la estuviera golpeando.

y entonces palideció.

—Se va a romper —El sudor bajó por su sien y apretó su arco—. La barrera.. ¡Cúbranse! —gritó. La barrera estalló volviéndose pequeños fragmentos de vidrio que cayeron sobre ellos. InuYasha la cubrió con su cuerpo, mientras los exterminadores usaron sus capas para protegerse.

—Esa maldita esta aquí —Gruñó el de cabellos plateados—. Puedo olerla en todo el lugar.

—No viene sola.

El cielo se abrió, como si hubiese intercambiado con la tierra y aparecieron miles de criaturas. Había traído un ejército de demonios, algo que la hacía dudar completamente sobre su relato. ¿No dijo que odiaba a los monstruos?

Midoriko finalmente se mostró frente a ellos vistiendo tan elegantemente como siempre y una armadura fuerte. La espada con la que luchó toda su vida era firmemente sostenida con su mano derecha.

InuYasha se apartó de Kagome y ambos la miraron. Pero Kagome, Kagome fue quién pudo ver más a través de ella. Había algo que no estaba muy bien.

—InuYasha, Kagome —Los nombró a ambos al mismo tiempo que los miraba con demasiada frialdad. InuYasha apretó sus dientes—. Lamento que haya tenido que mostrarme amenazante.

—¿Qué es lo que quieres? —Kagome se hizo al frente. Necesitaba mirarla más de cerca, algo en su interior brillaba. Podía verlo.

—He venido por la espada que InuYasha sostiene —Estiró su brazo izquierdo y abrió su mano—. Ha pasado mucho tiempo, estoy agradecida de que fueron a sacarla por mi. Ahora que Colmillo de Acero se encuentra con nosotros, solo me queda Souunga. Una vez que reúna todas las espadas colmillo cambiaré el mundo entero —Sus pies tocaron el suelo y camino despacio hacia ellos.

¿De donde viene nuestro odio? || SesshomeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora