Capítulo 22.

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La casa segura estaba a las afueras de la ciudad de Londres, con suficientes tierras alrededor, como para tener jardines con flores y un pequeño bosque que rodeaba la parte trasera y los laterales de la casa. La casa era de buen tamaño, con cuatro habitaciones y todas las comodidades necesarias para los días que pasaríamos allí, Lena, que parecía conocer perfectamente la casa, me guio hasta una habitación, para que me pusiera cómoda y me dejó una de las dos maletas.

—Sé que con lo que pasó, ya no pudieron volver a la casa por tus cosas, entonces, hice esta maleta para ti —tomé la maleta, sonreí y la abracé.

—Gracias, Lena, eres muy amable —ella movió su mano derecha, como diciendo que no era cierto.

—Solo ponte cómoda y así mañana podemos empezar a con las clases.
—¿Estas muy cansada? —pregunté mirándola, yo no quería quedarme quieta, esperando a que pasara algo más —Me gustaría empezar con todo eso ya, no quiero sonar mal, pero es mejor no perder el tiempo.

—Tu actitud me agrada, busca algo más cómodo en la maleta y te espero en la sala para empezar entonces —sonrió y salió de la habitación —Tienes cinco minutos para bajar, Ariana.

—Como diga, generala —reí y busque en la maleta, me puse unos leggins y una camisa oversized, bajé la escalera corriendo y ella estaba ahí, vestida muy similar.

—Ok, para empezar, vamos a calentar un poco, no quiero que te lastimes los músculos el primer día —asentí y ella empezó a estirarse. Mientras yo seguía, paso por paso todo lo que ella iba haciendo, no quería lastimarme tampoco.

Al terminar de estirar y sin aviso previo, corrió hacia mí, atacándome, por instinto, levanté las manos y la empujé, ella se alejó de nuevo y me miró.

—Reaccionas rápido, eso es bueno —yo me quede en silencio, porque no tenia nada que decir, no entendía muy bien lo que había hecho —Al menos no tendremos que trabajar mucho en tu reacción ante el peligro, muchas personas se quedan pasmadas cuando alguien ataca.

—Crecí en un orfanato lleno de niños que se metían en problemas cada vez que encontraban la oportunidad, yo tuve que aprender a reaccionar rápido, para no terminar envuelta en sus travesuras —levanté los hombros y ella rio.

—Imagino lo difícil que fue, aunque también pienso que esa experiencia te ha hecho mas fuerte, ¿no? —asentí.

Era verdad, haber vivido en un orfanato de muchas maneras, pero mas que nada de forma emocional, no me apegaba tanto a las personas porque sabía que en algún momento saldrían de mi vida, así que disfrutaba al máximo el tiempo que tenia con ellos para quedarme con los mejores recuerdos y así no sentirme tan mal cuando alguien hiciera falta en mi vida, aunque con Caleb las cosas se sentían diferente, pero llevábamos solo unas horas separados y yo ya sentía su ausencia en lo mas profundo de mi corazón, y me asustaba sentirme así por él, cuando antes nunca me había apegado tanto a alguien y debía prepararme por si llegaba el momento en el que tuviera que alejarme de él si en algún momento dejaba de querer involucrarse conmigo.

La tarde se fue muy rápido, Lena era muy buena enseñando, daba las indicaciones de la mejor manera y luego pasaba a la práctica, me mostraba con paciencia como era que debía hacer cada uno de los movimientos que iba enseñándome hasta que podía hacerlo bien y pasamos al siguiente, esa tarde logré aprender tres de ellos a la perfección, al terminar, las dos fuimos directo a nuestras habitaciones a descansar para el día siguiente.

Y así fue nuestra rutina por dos semanas, nos levantábamos, comíamos algo y ella empezaba a atacarme para ver si podía recordar todos los movimientos que me había enseñado el día anterior y cada cinco días, debía mostrarle todos los movimientos que aprendí para después ella atacarme y ver si realmente podía poner en práctica todo lo que ella estaba enseñándome. Todo iba muy bien hasta que una noche sentí un ruido fuera de la casa, me levante en pijama y descalza, salí de la habitación sin encender las luces y mire hacia todos lados con la poca luz de luna que entraba por las ventanas, en ningún lugar de la casa vi que hubiera algo fuera de su lugar, todo estaba perfectamente puesto, como siempre, pero nuevamente, aquel ruido se escucho fuera de la casa, luego la puerta principal se abrió y yo me agaché atrás de uno de los pequeños muebles de la sala de estar, no podía dejar que nadie me viera.

Mi corazón estaba acelerado y las palmas de mis manos sudaban mientras esperaba escuchar algo más, sentí unos pasos y supe que estaban dentro de la casa, no me moví, porque el lugar donde estaba y la oscuridad me ayudaban a mantenerme oculta el tiempo necesario, solo esperaba que si llegaban a disparar no me pasara lo mismo que en la bodega, si me hubiera quedado en silencio, podría haber salido de allí sin que notaran mi presencia.

Los pasos se escuchaban cada vez mas cerca y mis nervios crecían, todos esos días aprendí muchas cosas, pero no sabia como iba a reaccionar ante el verdadero peligro que me acechaba en ese momento.

—Sal de ahí, niña, se que estas escondida en algún lugar —la voz que se escuchaba era muy profunda y con un marcado acento ruso —Es mejor que salgas por voluntad propia, porque si yo te encuentro primero, va a ser peor.

Mis manos temblaban ante las palabras de ese hombre, nuevamente me habían encontrado y no había tenido suficiente tiempo para prepararme y sentirme lista para pelear, aunque nunca, nadie estaría listo para enfrentarse a quien te guiaría en tu camino hacia la muerte y siendo honesta, esperaba que todo eso fuera un sueño y al despertar estuviera en la cama, porque de esa manera tendría mas tiempo para prepararme.

—Aquí estoy, ven por mi —escuche a Lena hablar desde la puerta de su habitación, voltee hacia allá y la vi ahí, de pie, tan valiente como quisiera serlo yo en ese momento.

—Bien hecho niña —respondió el hombre y encendió las luces.

Lena tenia ambas manos en la espalda y en cada una de ellas llevaba un arma, definitivamente nadie creería que ella podría con ellas, si vieran su rostro y su voz tan dulce, definitivamente quería, si sobrevivía, ser tan valiente y feroz como ella lo estaba siendo en ese momento.

—Tú no eres ella —empezó a caminar de nuevo y Lena, sin apartar la mirada del hombre, con una de las armas me señaló la cocina y la puerta trasera, me estaba pidiendo que saliera, que me fuera de ahí y la dejara a ella encargarse de la situación y era lo correcto, ella sabía cómo actuar mientras que yo solo entorpecería todo.

Despacio empecé a acercarme a la isla de la cocina y me escondí atrás de ella para esperar el momento perfecto para correr a la puerta e irme de ahí corriendo, tal y como lo hice en la bodega. 

Este capítulo me genera demasiada tensión señores

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Este capítulo me genera demasiada tensión señores.
Sigan leyendo.
Los amo.
Francy

Sin promesasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora