Capítulo 3

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Como si fuese zambullido en un volcán saliendo de su inactividad mientras era envuelto en jazmines, Taehyung abrió sus ojos de golpe. Su nariz no necesitaba olisquear el aire para buscar la procedencia de ese aroma. Jimin definitivamente había entrado en su celo.

Con los años, se había acostumbrado al olor del precalentamiento de su mejor amigo. Esto no le afectaba y quizás por eso pudo continuar durmiendo con él a su lado sin problema pero ahora estaba recibiendo la primera oleada de su celo llegando a su punto máximo y era tentadoramente abrumador aún cuando a él no solían afectarle los omegas en celo.

En ese instante era incómodo, sentía su cuerpo reaccionar a él porque sin percatarse, Jimin incluso estaba secretando feromonas de apareamiento al tener a un alfa tan cerca. Yacía en su cama ya en su forma humana, revolcándose dormido como si estuviera ardiendo en fiebre.

Seguía sin entender cómo el pelirrojo teniendo un ciclo tan regular, había vuelto a entrar en estro cuando ni siquiera se cumplían dos meses desde el último. Los lobos comunes tenían ciclos anuales o semestrales, esto era así para hacer coincidir el nacimiento de las crías con la época de mayor cantidad de alimentos disponible, clima más cálido o momentos propicios de migraciones en dependencia de su geografía.

Los licántropos como ellos con el poder para cambiar de forma, tenían estros un poco más regulares. Jimin por ejemplo, tenía cada cuatrimestre su celo y él hasta el momento siempre lo ha tenido dos veces al año, cada seis meses. Gracias a su cercanía y para evitar percances como aquel que ocurrió cuando recién se presentaban, ambos llevaban la cuenta y ponían distancia cuando sus estros se acercaban.

Cerró los ojos para hacer un nuevo intento de transformación y, aunque aún un poco débil y adolorido, lo consiguió. Amaba su capacidad de curación en su forma mamífera pues era verdaderamente veloz. Su nuca y espalda le ardía un poco, todavía podía sentir las garras y colmillos de aquel alfa.

Hasta el momento había escuchado bastante de él, era el líder de los alfas y con esto gobernaba a todos los lobos de Asia oriental que jerárquicamente estuvieran por debajo suyo. Los únicos exentos de obediencia absoluta en teoría eran los élderes del consejo general. Incluso los ancianos de menor poder como algunos que representaban manadas más pequeñas y no las cinco principales, debían acatar su mando.

Había oído muchas cosas de su persona pero esa fue la primera vez que estuvo remotamente cerca suyo. Una vez estuvo en la manada para conversar con su padre cuando acababa de derrocar al antiguo líder Bul pero, como en aquel entonces todavía él no tenía potestad suficiente como para participar en las reuniones y tampoco le importaban, no pudo verlo.

Seguía sin conocer su aspecto humano pero a su maldito lobo quizás nunca lo olvidaría. Lo derribó con tanta facilidad que estaba avergonzado consigo mismo. Un alfa como él fue nada ante ese imbécil y, en un enfrentamiento como ese, no podía hacer uso de sus habilidades para adentrarse en su cerebro y quebrarlo desde adentro. Las peleas físicas extensas le pasaban factura pero con ese otro alfa todo sucedió tan rápido.

Cerró los ojos cuando la imagen de sus dientes y rojas irises a punto de devorarlo invadió su visión. Esperaba pronto dejar de revivir ese momento. Por inercia, llevó la mano a su cuello y palpó la zona, retirándola rápidamente por la incomodidad pero también, lo la nariz y labios que recorría su cuello.

— Mierda, Jimin... No hagas esto. — Se quejó bajo y esto bastó para que el pelirrojo luchara por mantener su cordura, arrastrándose fuera de la cama. — Quédate aquí en mi habitación, mi olor siempre te ayuda a sentirte un poco mejor. Yo me mudaré temporalmente a la otra recámara.

— ¡Vete ya, Tae! — Gruñó entre jadeos, conteniéndose, volviendo a ser él. Nunca fue fácil pero no sucumbiría a sus instintos de omega para arrastrarse y mendigar la polla de un alfa. — ¡Salte!

Between WolvesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora