Capítulo 22

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— ¿Por qué no podemos vernos hoy? — Preguntó Namjoon del otro lado de la línea y Jimin solamente podía observar como su mejor amigo descargaba su furia contra un saco de entrenamiento.

— Tengo asuntos que atender en la manda, me pondré en contacto contigo en otro momento. ¿No te molestarás?

— No podría molestarme por eso, aprovecharé para hacer algunas cosas también. — Hubo un corto silencio. — ¿Cómo está Kim? ¿Se encuentra mejor?

— ¿Qué es lo que sabes? — Jimin se incorporó rápidamente en su lugar como si aquello lo ayudara a escuchar mejor. Oh, ese Alfa no podía engañarlo tan fácilmente, sabía cosas. — Dime qué es lo que sabes, Nam.

El pelirrojo sabía qué algo le ocurría a Taehyung, pero este aún no le había dicho qué. Lo respetaba, no tenían que contarse todo, pero cuando lo veía así se olvidaba un poco sobre el hecho de que todos necesitaban a veces un poco de privacidad y soledad para lidiar con ciertos demonios.

— ¿Él no te ha dicho?

— No te estuviera preguntando. Supongo que tiene que ver con tu jefe por la sencilla razón de que estás enterado algo y por eso balbuceas como tonto. Si no me lo dices es porque lo envuelve a él y está bien. Siempre existirán las prioridades en la vida de las personas. — Terminó la llamada sin dejarle responder. Eso estuvo mal, mas su irritación en ese momento lo cegaba.

Dos noches atrás él se había acostado a dormir con Taehyung y despertó sin él a su lado. Cuando llegó horas más tarde no le dijo nada, solo se cambió la ropa que llevaba y salió por su cuenta a trabajar, incluso golpeó casi a muerte a un sujeto que zarandeó a su esposa con más fuerza de la debida. Eso estuvo mal, él también hubiese intervenido, pero el ahora peli blanco simplemente había canalizado su rabia en ese sujeto y, de no ser porque él los apartó, todo podría haber terminado mal.

En la tarde no comió, se limitó a trancarse en su cuarto. Él mantuvo a todos lejos para que no se acercaran y escucharan a su alfa llorar. Había estado emocionado queriéndole compartir las habladurías de las personas que decían que la Diosa Luna seguramente regresaría pronto por la forma en que todos creyeron verse obligados a aullarle. Taehyung y él se hubieran reído mucho de esto, pero su amigo no le dirigió la palabra más que para darle algunas órdenes.

Caminaba por el jardín cuando lo vio saltar por la ventana y transformarse en el aire. Todos ellos necesitaban al menos medio minuto para terminar de cambiar mas él lo había hecho en segundos. Lo siguió de lejos lo mejor que pudo para asegurarse que estuviera bien. Para su sorpresa, habían terminado en Incheon, vio al lobo blanco sentarse en la arena y mirar hacia al mar por largo rato, en aquel rincón donde él también fue una única vez con la Luna de la manada.

Taehyung iba ahí cuando extrañaba demasiado a su mamá o cuando se sentía sobrepasado por los sucesos a su alrededor, cuando se sentía vencer. Porque ese sitio significaba su madre, quien podía darle fuerza con solo pensar en ella. Ese rincón lo arrullaba, lo abrazaba y le daba ánimo. El de cabellos blancos se dio cuenta de su presencia pero lo ignoró. Incluso en el camino de regreso cuando Jimin dejó de ocultarse y corrió a su par, este no dejó ver nada de lo que le ocurría. Actuó como si su presencia no existiera.

Regresó, se bañó, fue a visitar los proyectos para las nuevas construcciones y se durmió. Esa mañana volvió a visitar los nuevos terrenos, a supervisar que se le estuviera entregando a las nuevas manadas unidas, todo los víveres y cosas que necesitaban. Entrenaron brutalmente y luego creyó que descansarían, pero mientras él iba a ducharse, Taehyung solo se trancó en su oficina a trabajar por varias horas y, sin siquiera cambiarse, regresó a entrenarse o más bien descargarse como lo estaba haciendo en ese momento.

Between WolvesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora