Y así fue como me quede parado, vestido solo con mi pijama, frente al lugar que era mi hogar, obviamente, como un adulto maduro no llore ni grite, bueno un poquito, está bien, llore y grite bastante, tanto que los señores soldados me sacaron del camino y me dejaron en un callejón para que no molestara a los vecinos.
Cuando me calme, ya era tarde y comenzaba a hacer frio. Gracias a los dioses, en mi casa no había nada de valor, el dinero del negocio y mis ahorros estaban en el banco del gremio y el poco dinero que tenía lo llevaba atado al cuello como mi padre me enseño. Mi casa, mi linda casa, donde crecí y estaban los recuerdos de mi padre, cuando pensé en eso volví a llorar y gritar. En mi vida anterior jamás conocí a mi padre, mi madre me crio a mí y a mis dos hermanas sola, yo estaba profundamente agradecido por eso. Pero, mi padre de esta vida me había tratado bien y se había preocupado mucho por mí , tanto que en mi corazón tenía un espacio especial y sentía orgullo de llamarlo padre. En fin, llore y grite por casi un día entero, hasta que en la madrugada un vecino me lanzo un ladrillo el cual me mando al mundo de los sueños.
Cuando desperté al otro día, habían dos guardias custodiándome y alguien coloco un cartel que decía "Hombre sensible, por favor tenga cuidado con sus sentimientos o se pondrá a llorar de manera molesta" Cuando lo vi, sin pensarlo corrí hacia la zona de caravanas y me subí en el primer carro que encontré, lo admito, llore un poco en el camino.
Cuando el carro de pasajeros se alejó de la ciudad, me acerque al cochero para pagar mi pasaje y averiguar a donde iba , el cochero me miro raro, pero luego de ver que pague sin quejarme y que vestía un pijama seguramente se imaginó algo y me dijo que el destino era la Ciudad Libre del Alcance.
Par los que no lo saben, las carretas no viajan solas, monstruos y ladrones abundan en los caminos, en cambio se unen a enormes caravanas protegidas por mercenarios y se separan acorde llegan a sus destinos, nuestra caravana era de más de diez caretas, en el interior de la carreta donde viajaba habíamos solo siete personas: Una familia de tres, un hombre que comerciaba libros, dos jóvenes y una dama.
Al parecer les parecía un poco raro que yo viajara sin equipaje ni otra ropa que un pijama, pero al poco tiempo se calmaron. El viaje duraría casi un mes, pero yo sabía que pararíamos varias veces durante el camino, además de que muchos de los comerciantes que iban en otras carretas vendrían a ofrecer productos durante la noche como también que la caravana me vendería comida básica a un precio no muy alto.
En la primera parada me di cuenta de algo horrible, no tenía una manta para abrigarme, aunque no lo crean las noches son realmente frías. Al ver mi situación uno de los mercenarios que cuidaba la caravana me ofreció una a cambio de que ayudara a hacer la comida, sin pensarlo acepte, aunque no lo parezca se me da realmente bien cocinar, así que me puse manos a la obra y básicamente hice todo el trabajo, a los mercenarios le encanto y me ofrecieron comida gratis a cambio de cocinarles durante el viaje ¿La manta? Pues me la regalaron y así mi equipaje aumento en una manta.
Tras los primeros día, la mayoría de la gente se aburre y comienzan a pelear por cosas tontas dentro de la carreta, para evitar esto decidí entablar conversación con ellos para distender el ambiente, al final la única que hablo conmigo fue la pequeña niña que viajaba con sus padres. Sin querer comencé a contarle historias inspiradas en los cuentos que oí de niño tanto en esta vida como en la anterior. Tras terminar la primera historia me di cuenta que todos los demás me miran con expectación y así fue como contar historias después de comer se volvió mi obligación, incluso el vendedor de libros me pregunto si podía escribir y vender esas historias tras hablarlo y negociar un poco llegamos a un acuerdo y juramos con nuestras tarjetas de gremio.
Puede que jurar a una tarjeta no sea la gran cosa en otras partes, pero acá es un acto serio, es como hacer un contrato mágico, las tarjetas en si tienen magia y sirven como vínculo entre los contratantes. Dependiendo del contrato cosas malas pueden pasar si no lo cumples, desde perder tus ingresos hasta la muerte. Si, jurar frente a una tarjeta es cosa seria.
En fin, así mi rutina durante el viaje se fijó, cocinaba en las comidas para los mercenarios, contaba historias, tejía y tallaba durante las tardes ¿Qué de donde saque la madera y la lana? Pues la lana se la compre a un comerciante con mala suerte, se le ocurrió comprar lana gruesa para vendérsela a los nobles pero llego con varios años de atraso, la moda de las capas y vestidos adornados con lana gruesa ya había pasado y se había quedado con casi toda la lana, ahora viajaba al norte a probar suerte, le compre varias madejas ya que el grosor era perfecto para hacer mantas tejiendo con las manos. La dama que viajaba con nosotros era estudiante de sastre y le llamo bastante la atención de modo de trabajar con la lana y me pidió que le enseñara, acepte pero a cambio le pedí que me hiciera ropa con una tela que compre a otro mercader, acepto, pero por alguna razón solo me hizo pijamas ¿Pareceré un obseso de los pijamas?
Y con respecto a tallar, pues compre herramientas de tallado a un hombre que se quedó sin dinero para comer y vendía algunas de sus herramientas de repuesto. Se me da bastante bien tallar y gracias a una piedras lija que encontré pude suavizar mis trabajos ¿Qué es una piedra lija? Es una piedra porosa, similar a las lijas que se usan en carpintería, en estas zonas son bastante comunes y suelen venderse al exterior ¿y qué fue lo que talle? Pues animales, cosas simples, a los comerciantes de la caravana les gustaron mis mantas y animales de madera así que comencé a venderlos. Antes de llegar a la ciudad de Alcance había quintuplicado el dinero que llevaba.
ESTÁS LEYENDO
Pantasya
Fantasía"Me gusta hornear pan, me gusta tanto que morí haciendo pan. Ahora que he reencarnado en otro mundo seguiré haciendo pan, porque el pan es amor, el pan es vida." Ese es el ideal de Pam Klust, un ex panadero que ha reencarnado en un mundo lleno de ma...
