Se me pasará

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Agosto, 2018

El dolor de cabeza la estaba matando, ¿en qué momento le pareció buena idea beber sin límite? Esa fue la primera pregunta que se hizo Miriam aquella mañana, la segunda es dónde estaba, pero no tardó en acordarse. Dios mío, lo peor de todo es que se acordaba de muchas cosas, y todas ellas eran surrealistas; se le había ido la mano por completo, no encontraba más excusas para justificar su comportamiento. Sin embargo, por primera vez en muchos días había conseguido dormir del tirón; debía reconocer que la culpabilidad estuvo presente en ella desde que la granadina salió de su casa la mañana siguiente al maldito episodio que rogaba olvidar pronto.

Ella no era de las que se escondía, la confusión y la necesidad la llevaron a cometer una locura, pero ya está, no era para tanto, ¿quién no se ha besado con una amiga? Ella desde luego que nunca lo había hecho, abrazos los regalaba por doquier, pero sus besos se vendían muy caros... Tanto que se estremecía al recordar la escena, ¿en qué estaría pensando?

Decidida a dejar todo atrás y disculparse con su amiga, la gallega abrió los ojos y se giró para buscar a la granadina al otro lado de la cama. Pero se encontró la cama vacía, <<habrá ido al baño>> se dijo incapaz de pensar en la posibilidad de que la granadina se hubiera despertado antes que ella con lo remolona que era. Volvió a girarse buscando algún rastro de su teléfono cuando se percató de un pequeño detalle. <<Coño, joder, joder. No, dime que no>> se revolvió nerviosa la gallega al darse cuenta de su desnudez, negando repetidamente con la cabeza como una loca, se enrolló la sábana al cuerpo y se levantó de la cama para buscar su ropa y marcharse de allí cuanto antes.

-Hombre, la bella durmiente da señales de vida -exclamó divertida la granadina al entrar en su cuarto y verla levantada.

-Déjate de historias, Mimi. ¿Qué coño hago desnuda? ¿Qué pasó anoche? -dijo la gallega al borde de un ataque de histeria por no recordar la parte en la que se quedaba desnuda.

-Oh, que no te acuerdas... -comentó jocosa la mayor. -Qué no pasó...

-¡Mimi! No estoy para bromas -espetó molesta. -Y no me acuerdo de nada -dejó caer la gallega para evitarse la vergüenza ante determinadas escenas que recordaba a la perfección.

<<No está para bromas, pero ayer bien que sí quería>>. Mimi estaba empezando a calentarse en el mal sentido, la perdonaba sin exigencias, la cuidaba y ahora le salía con estas formas. No sabía lo que le entraba por el cuerpo al pensar que la gallega la veía capaz de aprovecharse de ella.

-Mira, te relajas un poquillo porque me estás empezando a poner de mala hostia ya -respondió. -No pasó nada, que llegaste muy borracha y te quedaste aquí a dormir.

-Ya, y lo de desnudarme, ¿para qué? -saltó de malas formas.

-Te desnudaste tú solita, guapa. No tuve ni que insinuarlo -respondió con maldad. Es que estaba harta de su prepotencia, de su rechazo... -A saber lo que no harás por ahí cuando te costó tan poquito...

Fue decirlo, y Mimi se dio cuenta de que se había pasado, ¿en qué momento insinuó algo así? Ni siquiera se le pasaba por la cabeza, conocía a la gallega, no era de esas. Si bien es cierto que desde que lo dejó con Pablo la gallega había pasado muchas noches fuera acompañada, al principio por presión de sus amigos y luego porque le apetecía; la granadina sabía que lo que había dicho no tenía nada de cierto. Que había tenido sus rollos de una noche, sí, pero después de seis años de relación con una persona se merecía disfrutar sin compromisos. Siempre quejándose de que llamen de todo a una mujer por el hecho de ser libre y disfrutar de su cuerpo y mira lo que le había soltado a su amiga. Pero en esas situaciones Mimi era de mecha corta, se prendía y no paraba hasta detonar la bomba con tal de protegerse de sufrir; mira, pensándolo bien, a lo mejor sí se parecía un poco a la gallega...

KILLA / Miriam²Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora