Regalín de Navidad como muestra de que no me olvido de la historia, vuelvo siempre.
-Bueno, pues esto ya está -resolvió enderezándose mientras se llevaba las manos a la espalda.
Mimi, que percibió el gesto sumado al rostro de cansancio de la gallega no pudo evitar sentirse culpable.
-Sí, perdón por molestar tanto, de verdad -se disculpó de nuevo.
-Y dale la burra... qué pesada, chica.
Las dos permanecieron unos segundos en silencio, iluminadas por la tormenta que se colaba desde el ventanal y la tenue luz de la lámpara de pie.
-Bueno, pues, si no me necesitas para nada más... Creo que me voy a ir ya a la cama -resolvió.
-Vale -asintió sin saber qué más decir.
Era tan extraño aquelsilencio incómodo que se instaura de repente cuando una pareja ya no es más esetú y yo que siempre se juraron... Parecía formar parte de un hechizo de magiaroto, como si el no ser más ese tú y yo deshiciera la complicidad, los puntosen común, los planes, .... Y pensar que en ese tiempo de magia cualquier temaabsurdo daba para charlas hasta las cuatro de la mañana, hasta que se iban a la cama por necesidad, porque ya no eran capaces de mantener la cabeza en alto, y ahora... ahora todo eso era nada.
-Buenas noches -añadieron sin querer al unísono.
Se quedó de pie hasta que escuchó los pasos de la gallega alejarse por el pasillo y cerró la puerta de su cuarto. Ese simple gesto, hizo que Mimi no consiguiera reprimir más las lágrimas que llevaba, quizás, meses sin sacar. Lo habían sido todo y eran nada...
¿Por qué se empeñaba en culpar a Miriam de todo? No tenía la culpa, llevaban tiempo sin ser nada, mucho antes de aquel viaje a México. Justo desde que se había empeñado tanto en el trabajo y exprimirse que se le había olvidado que su éxito siempre había sido mirarla dormir entre sus brazos. Hacía tanto de eso, casi tanto como lo que llevaba sin bajar a su casa, había notado el dolor en la voz de su madre cada vez que la granadina posponía sus visitas con alguna excusa, primero fueron pruebas de sonido, luego ensayos, grabaciones, cuando se le agotaron las excusas vino tener que contarle lo de Miriam, que la presión había podido con ellas y habían decidido darse un tiempo, después del tiempo que se habían dado cuenta de que no se echaban de menos lo suficiente para intentarlo, tras ello, volvió a casa. Una vez en casi 6 meses, Mimi había decidido que tenía que ir a su casa de una vez por todas y allí su madre, haciendo honor a su nombre, le dio el mayor choque de realidad que pudo haber imaginado.
Había tocado el cielo con las manos, lo había tenido todo y desde arriba se había olvidado de lo importante, le puede pasar a cualquiera le dijo uno de los amigos en los que se refugió aquel día cuando salió colérica de su casa. Es tan sumamente fácil confundirse entre tantas luces, que por momentos se cegó, y ahí fue consciente, en un salón que antes sentía hogar y ahora no eran más que una estancia fría y desconocida en la que jamás se imaginó volver a dormir.
Desbordando lágrimas se tumbó y se cubrió con la manta. Quería desaparecer, quería volver a casa y deshacer aquel día, y con él el despertar de tantos sentimientos que había mantenido en una pausa configurada por su propio instinto de supervivencia. Ahogando recuerdos y sueños cruzados, cayó rendida.
...
Cuando abrió los ojos, le costó orientarse. Un llanto desconsolado retumbaba en el salón. Primero pensó que estaba soñando, después se miró el reloj y vio que aún eran las dos y media de la madrugada. Uno de los pequeños estaba en pleno berrinche y Miriam no parecía estar logrando calmarlo. Con cuidado, sintiendo toda la tensión acumulada en contracturas imposibles, se puso en pie. Adormilada, se dirigió al cuarto de Miriam, al que había sido su cuarto. Abrió la puerta con cuidado de no asustar a ninguno de los ocupantes del cuarto y se encontró la escena más surrealista posible. La gallega tenía cada mano agarrada por uno de los pequeños, uno a cada lado flanqueados de almohadas, Miriam en el medio, tan dormida que ni se había enterado del berreo del pequeño. No era una novedad que en casa de la gallega eran de sueño profundo, pero aquello arrancó la sonrisa divertida de la granadina, aquello ya era pasarse. Con cuidado de no despertar a los dos osos dormilones, cogió en sus brazos al culpable de su despertar y empezando a bullirlo se lo llevó al salón.
-¿Qué hago yo ahora contigo, eh? -dijo meciéndolo.
Encendió la lámpara dándole la mínima intensidad posible pero suficiente para evitar tropezar y caerse. Probó a poner la televisión, cantarle, contarle historias que ni ella era capaza de hilar porque se caía de sueño, probó darle el móvil y coger todos los peluches y juguetes que fue capaz de reunir. Nada.
-¿Tienes hambre? -preguntó desesperada.
El niño se calló unos momentos y Mimi creyó que por momentos aquel ser diminuto la había entendido cuando emprendió el llanto de nuevo. Tomando por afirmación aquella pausa momentánea, se encaminaron a la cocina. Tanteó todos los armarios posibles después de poner a funcionar el hervidor de agua. No podía ser tan difícil preparar un biberón al fin y al cabo, ¿no? Finalmente, en uno de los armarios encontró la lata de del preparado en polvo, eso sí en la balda más alta. ¿En qué momento Miriam había decidido que eran un buen sitio?
<<Me cago en sus ideas y en la madre que la parió>> dijo en su cabeza mientras se ponía de puntillas con cuidado de no tirar el niño, que además de berrear le daba manotazos. Dando saltitos, consiguió acercarla al filo del estante, un último tirón y en lugar de quedar a su alcance, salió disparada hacia ella. Se alejó justo a tiempo de que no golpease al niño pero no de que se abriera poniendo perdida toda la encimera. <<Joder, me cago en tó>>. El niño se rio del gesto de Mimi y la granadina no pudo más que suspirar resignada con una media sonrisa mientras sacaba un cacillo de la lata y lo mezclaba con el agua. Localizar el biberón fue más fácil, lo llenó con el cuidado que le permitía tener una sola mano útil, se aseguró de apagar todo y volvió al salón. Un biberón y un par de vídeos de la vaca Lola después, el pequeño torbellino cay dormido en brazos de una granadina que cabeceaba, pero no se atrevía a quedarse dormida. ¿Y si se caía? ¿Y qué si lo estrujaba al girarse? Que ella no era de las que tenía miramientos dormida. Ya empezaba a imaginar cosas inconexas cuando se le cerraron los ojos.
-Mimi -sintió una mano sobre su hombro, o tal vez eran imaginaciones suyas. -Mimi.
La gallega la sacudió con suavidad hasta que abrió los ojos de golpe asustada.
-¿Se puede saber qué hacéis? -preguntó con gesto seco.
Gracias de corazón por seguir aquí.
Vuelvo siempre, aunque tarde, ya lo sabéis.
Aunque saturada con los exámenes, en ENERO, más a mediados/últimos, se viene maratón. Os leo siempre agradecida.
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KILLA / Miriam²
FanfictionMimi y Miriam. Miriam y Mimi. Sin motivos, sin excusas. Sin saber por qué, a veces, las cosas suceden y te desmontan por dentro, sin saber por qué, a veces, alguien acalla tu miedo. A veces, el cambio es revolución, y la revolución, ¿amor?
