CAPITULO 2

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El viernes después de ir al cine nos vamos a su apartamento, hacemos el amor en el sofá y más tarde en la cama donde me quedo tumbada sobre su pecho mientras me acaricia el brazo distraído.
-Kala…mañana tengo una fiesta… ¿te gustaría venir?
Su pregunta me sorprende, me incorporo para mirarle y él se apresura a aclararme que no es nada de trabajo.
-Me imagino, si no, no me pedirías que te acompañara.
-Es una reunión de antiguos alumnos de la facultad.
-¡En serio!…¿me estás invitando a una fiesta  de esas en las que la gente presume de lo que ha conseguido en la vida mientras critican lo mucho que ha cambiado fulanita y lo gordo que se ha puesto menganito?
-Justo eso- dice riendo- no suena muy divertido, ¿verdad?
-¡No!- contesto riendo- ¡no suena nada divertido!
-¿Eso quiere decir que no vendrás?
-Eso quiere decir que me pregunto por qué quieres que vaya- según lo digo me acaricia el trasero- ¡Ya entiendo, quieres presumir de chica ante tus amigotes, para que hablen de mí en vez de ti!
Ríe antes de hablar- ¡vale, me has pillado!- le muerdo en broma en el pecho y eso le hace reír todavía más.  Le observo y me fijo en lo guapo que es.
-No tienes que temer sus comentarios, eres un psicólogo de prestigio, socio de un estupendo bufete de psicología, y las mujeres dirán al verte…- y poniendo voz exageradamente coqueta continúo-¡Erik, que guapo estás…esas canitas te hacen mucho más interesante!- le acaricio el pelo- ¡y tienes un cuerpo de infarto a tus....!- me quedo pensativa- ¿has pensado que seguramente averigüe tu edad?
-Seguro que Trys ya te lo ha soplado.
-¡Ni hablar!, Trys te es completamente fiel.
-En ese caso correré el riesgo- contesta entre risas- si con eso consigo que vengas.
Me tumbo de nuevo sobre su pecho- no sé…
-¿Sabes que Brandon Freser estará allí?- me levanto como un resorte.
-¿Freser?
Asiente sonriente sabiendo que ha captado mi atención.
-¿Freser el autor de los libros sobre la psicología analítica y los métodos de hipnosis?
-El mismo.
-¿Estudiaste con Freser?
Ríe antes de hablar- sí…, éramos buenos amigos.
-¡Dios…sí, claro que iré contigo si me prometes presentármelo!, me he leído todos sus libros y alguno más de una vez- exclamo con énfasis.
-Prometido.
-Está bien- y apuntándole con el dedo añado- pero te advierto que si ponen la música de flash dance saldré corriendo de allí- suelta una sonora carcajada.
-Por mi bien espero que no la pongan.
Cuando nos despedimos esa noche, queda en recogerme al día siguiente a las ocho en mi casa.
El sábado por la tarde empiezo a arreglarme, Trys me somete a un tercer grado sobre dónde voy a ir, de qué tipo de fiesta se trata y cuando se lo digo se empeña en que me ponga muy sexy para que todos babeen por mí.
-¡No voy a ponerme ese vestido!- protesto mirando con horror el minivestido rojo que ha cogido del armario de June- ¡y no quiero que nadie babee por mí!, no soy un escaparate sino una psicóloga joven y todavía inexperta que va a una fiesta llena de psicólogos, con gran experiencia y algunos de bastante éxito en la vida, como Brandom Freser.
-¿Y ese quién es?
-Un escritor famoso.
-¿Famoso?- hace como que piensa- pues su nombre no me suena, ¿ha escrito algo romántico o erótico?
Suelto una carcajada porque desde que leyó, o más bien devoró la trilogía de cincuenta sombras no lee otra cosa que no sea de ese estilo.
-No Trys, no es para nada erótico ni mucho menos romántico, pero tiene unas teorías muy interesantes.
-Yo desde que conocí al señor Grey soy más de práctica que de teoría- la miro riendo- sobre todo si la práctica te deja los cinco dedos marcados en el culo y un orgasmo de esos que te hacen temblar hasta las uñas de los pies- nos miramos y ambas estallamos en carcajadas.
Me decido por un bonito vestido granate, con escote en la espalda y drapeado en el pecho, la falda de patinadora con mis sandalias de tacón de vértigo me dan un aspecto bastante elegante. Me maquillo de manera muy sutil, me pinto la raya marcando aún más la forma rasgada de mis ojos y con el rímel negro consigo que destaque más su color gris. Truco que me enseñó uno de los estilistas en mis sesiones de fotos.
Dejo mi pelo negro suelto y lo ondulo ligeramente con la plancha y me pongo un poco de brillo en los labios.
-¡Estás perfecta, como siempre!- dice Trys mirándome a través del espejo- si te pillara el señor Grey…- otra vez me hace reír y en eso estamos cuando suena mi móvil. Lo cojo, es Erik que me avisa de que está esperándome en la puerta.
-Mi carroza me espera- comento guardándolo en el bolso.
-¡Que se cree que porque no llame a la puerta no me voy a enterar de que sales con él!
-Ya sabes que no le hace gracia que tú lo sepas- le justifico.
-¡Vale…anda date prisa que no soporta que le hagan esperar!- la doy un beso en la mejilla y la pregunto si tiene planes.
-Oh sí, había quedado con Christian pero estoy con la regla.
-¿Christian?-pregunto pensando en quien puede ser.
-Christian Grey- me aclara entre risas- así que me voy al cine, a la sesión golfa con Anette la de recursos humanos.
-Miedo me da preguntar que vais a ver.
Me contesta con una risilla tontorrona.
Según bajo por la escalera un flas me hace dar un respingo.
-¡Majestuosa!- exclama Ricco que me apunta con su esa cámara de enorme objetivo que utiliza para sus trabajos de fotografía- ¡vamos, nena, dámelo todo!
Suelto una risa y me pongo bizca.
-¡Joder Kala, me has estropeado la foto!
-Adios Ricco- digo sin pararme siquiera.
Salgo de la casa y veo a Erik apoyado en el capó de su flamante deportivo. Está guapísimo con un traje oscuro, combinado con una camisa blanca de cuello mao y sin corbata.
Cuando me ve acercarme se levanta y con una sonrisa chulesca se apresura a abrirme la puerta del copiloto- ¡madre mía, vas a acaparar los comentarios de la noche!
-Tú también y todas las mujeres de la fiesta dirán- e imitando el tono exageradamente coqueto añado- ¿por qué no me ligué al guapo de Maine en lugar del soso y aburrido de mi marido?
Ríe y se encamina hacia su lado del coche. Entra, mira hacia las ventanas de la casa y cuando está seguro de que nadie nos ve, me besa en los labios. Después arranca y yo veo como el visillo de la ventana de la habitación de Trys se mueve ligeramente, lo que me hace sonreír.
Una vez en la fiesta, Erik se dedica a pasear de mi brazo presentándome a todo aquel que se le acerca a saludarle. Aguanto casi una hora de elogios hacia su persona por parte de las mujeres y de miradas de envidia y comentarios burlones recordando fechorías de aquellos viejos tiempos por parte de los hombres. En un momento me escabullo y me acerco a curiosear las fotos colgadas en la pared para este evento. Una en particular llama mi atención, es un grupo numeroso de jóvenes con sus togas y birretes el día de la graduación, sonrío y me propongo encontrar a Erik en ella, la reviso a conciencia hasta que le veo, muy sonriente muestra a la cámara su diploma. Al lado hay un cuadro con la orla en la que se lee “promoción del noventa y seis”, al pie de cada foto aparece el nombre y la fecha de nacimiento. Busco a conciencia la de Erik, están colocadas por el apellido en orden alfabético así que me voy a la cuarta fila donde leo Lombard, Maberik y…”Bingo!”, grita la vocecita de mi cabeza. Maine Erik, siete de agosto de mil novecientos setenta y tres. Se me escapa una sonrisa triunfal, cuarenta y un años. Le miro y observo como ríe ante un comentario, tiene la chaqueta abierta y las manos en los bolsillos, se me escapa un suspirito casi infantil, ¡es tan guapo y está tan bueno para tener cuarenta y un años!
Sigo recorriendo la galería de fotos, en una aparece levantando un trofeo de fútbol americano, imagino que estudió gracias a una beca en ese deporte. Le vuelvo a mirar, eso explicaría esa buena forma física que tiene y ese cuerpo tan musculado. Sin darme cuenta me voy acercando hasta donde está él, veo como una rubia más o menos de su edad se acerca hasta el grupo. Todos la saludan menos él.
-Hola Erik- dice ella.
-Hola Alice- contesta él. No sé de quién puede tratarse pero la tensión entre ellos es palpable. Me acerco un poco más simulando mirar las fotos y afino el oído.
-¿Cómo te va?- pregunta él.
-Bien… ¿y a ti?
-Bien, gracias.
-¿Has venido sola?-la que pregunta ahora es una de las mujeres del grupo.
-No, he venido con mi…prometido.
-¿Te casas?- insiste ella.
-Sí, en otoño- llama a alguien, me giro para mirar y veo como se acerca un hombretón de color, se lo va presentando a todos y cuando le llega el turno a Erik la escucho decir- este es Erik, mi exmarido- me atraganto al escucharlo. La vocecita de mi cabeza grita descompuesta, “!maldita sea, su exmujer está aquí y no te ha dicho nada, será capullo!”
-¿Y tú, Erik, has venido con alguien?
-Sí, claro- me busca con la mirada y yo cierro los ojos un segundo como si eso pudiera hacerme invisible, cuando le escucho llamarme dibujo una sonrisa forzada.
-Kala, ven quiero presentarte a alguien.
-¿Kala?- la escucho decir- ¿pero ese no es nombre de perro?- los demás ríen mientras Erik la lanza una mirada envenenada.
Cojo aire con fuerza para no lanzarme a su espantosa melena rubia y dejarla más calva que un recién nacido mientras trato de obviar la multitud de improperios que retumban en mi cabeza.
-Alice, esta es Kalanie Duncan- Alice me mira de arriba abajo y veo en sus ojos la envidia, tengo bastantes menos años que ella y un físico de infarto, soy consciente de ello y  normalmente no me gusta presumir de ello, pero en estos momentos le doy gracias a Dios por esta cara y este cuerpo.
-Kalanie…- repite mientras nos damos la mano-muy…exótico- clavo mis ojos en los suyos, a sabiendas que mi mirada gris puede resultar heladora si me lo propongo.
-Es hawaiano, te recuerdo que Hawai es el estado número cincuenta de los Estados Unidos de América, ¿si eso te parece exótico?- sé que mis palabras han sonado como cuchillos cortantes, pero estoy harta de que me traten como si de un animal exótico se tratase. Mi madre es hawaiana y mi padre un surfero californiano que fue a pasar allí un verano y el destino quiso que se enamorara de una mujer llamada Keani que en hawaiano significa ola. Me parece una historia preciosa que dio como  fruto que yo esté en este mundo, así que no consiento que nadie se meta con mi nombre o con mis orígenes- ¡y no es nombre de perro!-exclamo molesta.
Me mira sorprendida porque debía pensar que no la había oído.
-Disculpa, no pretendía ofenderte.
-Un buen psicólogo debe saber que expresar en alto pensamientos inapropiados denota falta de madurez, normalmente atribuible a mala educación o falta de estudios, si está hoy aquí es porque tiene estudios universitarios así que deberemos achacarlo a su falta de educación- según termino de decirlo me siento liberada, ahora todos están serios excepto Erik que se tapa la boca disimulando la risa.
-¿Eres psicóloga?
-Sí, lo soy- digo con dignidad.
-¡Vaya!- exclama sorprendida- es que mi marido me tenía acostumbrada a mujeres explosivas carentes de cerebro.
-Pues yo lo tengo y por cierto, es su exmarido- digo recalcando el hecho de que le ha llamado marido.
La cosa se pone tensa así que el novio de Alice y Erik deciden intervenir.
-Alice, vamos a pedir una copa.
-Sí, Kala, vamos, quiero presentarte a más gente-me dice Erik a su vez y cogiéndome del brazo me obliga a abandonar el grupo junto a él. Estoy que trino y en cuanto puedo me suelto de su mano.
-¿Sabías que ella estaría aquí, verdad?- le increpo.
-Escucha…lo siento, debí habértelo dicho…siento que te haya hecho daño…
-¡Ella no me ha hecho daño, no ofende quien quiere, sino quien puede…me ha dolido más lo que me has hecho tú!- según lo digo la vocecita de mi cabeza da un gritito de júbilo.
-¡Vamos, ven conmigo, tenemos que hablar!
-¡No!- digo indignada-voy al lavabo y allí voy solita- le dejo con cara de pocos amigos y me marcho hacia el aseo. Una vez allí me meto en una de las cabinas apoyándome en la puerta. Respiro hondo varias veces tratando de calmar la furia que siento por el hecho de que Erik me haya utilizado como un trofeo para exhibir. “!Cuarentón con chica guapa al lado parece menos cuarentón!”, exclama la vocecilla deslenguada “!y si encima se la puede rebozar a su ex, pues mejor!”
Sacudo la cabeza indignada. Salgo y me miro al espejo, siempre he odiado a las mujeres florero, mejor dicho, ¡odio que me traten como tal!, y Erik hoy lo ha hecho. “!Eso es porque no te valora!”. Suelto el aire con fuerza, es cierto, no me valora, por eso después de más de dos años en el bufet no me ha dado ningún caso serio, nada verdaderamente importante. Nunca me he planteado si quiera la posibilidad de utilizar nuestra relación para conseguir su aprobación, he esperado pacientemente a que llegara mi oportunidad, pensando que me veía inexperta, pero no es eso, en mí solo ve una cara bonita y no una profesional con ganas de trabajar que es lo que soy.
No sé cuánto tiempo pasa antes de que salga de los aseos con la intención de abandonar la fiesta a escondidas de él, pero entonces una cara llama mi atención. Ante mí, a escasos metros está el mismísimo Brandon Freser, sonrío y me voy hacia él, pensando que al menos esta porquería de fiesta valdrá la pena por conocerle.
-¿Señor Freser?
Él dirige su mirada hacia mí, deja con la palabra en la boca a su interlocutor y me mira de arriba abajo.
-¿Nos conocemos?
-¡Soy su más ferviente admiradora!- digo tendiéndole la mano sin poder ocultar la emoción que me produce estar ante una eminencia de la psicología- he leído todos sus libros- Él me da la mano sonriente.
-¿Y mi más ferviente admiradora tiene nombre?
-Kala…Kalanie Duncan.
-Encantado, cielo- parpadeo extrañada por su exceso de cordialidad conmigo empezando a pensar que él también me ve como una cara bonita a la que poderse ligar- Kalanie…significa cielo, ¿verdad?- me aclara y de pronto me siento avergonzada por mis pensamientos.
-Sí… ¿cómo lo sabe?- respondo con una sonrisa bobalicona en la cara.
-De pequeño solía veranear en Hawai, una de las camareras del hotel al que solíamos ir se llamaba Kalanie, ella fue la que me dijo su significado.
Nos quedamos unos segundos mirándonos hasta que él rompe el silencio- ¿es psicóloga?
-Sí, y me maravillan sus teorías sobre la psicología regresiva, y lo que dice sobre la hipnosis… sé que en psiquiatría se utiliza pero…
-¡Vale, vale!- exclama riendo-¡está claro que no miente cuando dice que ha leído mis libros!
-No, no miento y estoy deseando que saque la segunda parte de “Un lugar en la mente”- me mira sorprendido y sonríe en señal de aprobación.
-Usted es demasiado joven para pertenecer a esta promoción, ¿entiendo que ha venido con alguien?…
-Sí- contesto riendo- he venido con Erik Maine, un amigo suyo.
-Maine…-dice pensativo- no recuerdo ningún Erik Maine.
Le busco por el salón con la mirada y le veo a lo lejos charlando muy serio con un hombre y una mujer- aquel es Erik- le indico, él le mira antes de hablar.
-Lo siento, no le recuerdo, pero tampoco yo tenía muchos amigos, era más bien una rata de biblioteca.
“!Te ha mentido!”, grita la vocecita enfadada, “!otra mentira más, nunca ha sido amigo de Freser!” .Suelto el aire con fuerza, está visto que esta noche Erik ha olvidado explicarme muchos detalles, por no decir que me mintió acerca de Freser para que aceptara venir a la fiesta.
-Quizás su acompañante la eche de menos, no querría monopolizar su tiempo.
-Mi acompañante ha dejado de serlo, tranquilo- y tendiéndole la mano me dispongo a despedirme y marcharme sola- ha sido un verdadero placer- el hombre me agarra la mano y me mira fijamente.
-¿Se marcha?
-Sí.
-¿Sola?
Asiento con la cabeza.
-Esta fiesta es un auténtico tostón- empieza a decir- la gente no hace más que criticarse los unos a los otros, cuanto mayor éxito han cosechado en la vida más críticas reciben- y acercándose a mí como si me fuera a revelar un secreto añade- por lo que deduzco que debo ser de los hombres más criticados esta noche.
Su comentario me hace gracia porque opino igual que él.
-¿Puedo llevarla a su casa?
-No se preocupe cogeré un taxi.
-Sí, puede hacerlo, pero en ese caso no sabré donde enviarle una copia dedicada de la segunda parte de mi libro- la mandíbula se me descuelga- tomaré esa caída de boca como un sí- comenta burlón.
-Sí…claro…vamos- consigo contestar.
-¿No se despide de su amigo el señor Maine?
Miro hacia allí y por unos segundos le veo mirarme y hacer intención de acercarse.
-No, ya me despedí de él antes- y agarrándole del brazo nos dirigimos hacia la calle. Me guía hasta su coche y cuando arranca veo a Erik salir del local buscándome.
Durante el trayecto disfruto escuchándole hablar de sus teorías sobre la psique humana y los trastornos del comportamiento. Nos quedamos un rato más charlando en el coche frente a la puerta de mi casa. Una larga hora después entro en ella con una sonrisa en la boca por haber conocido a un personaje como él.
Miro el móvil que llevaba en silencio, tengo siete llamadas perdidas de Erik y un sinfín de wassap, suyos también. Meto el móvil en el bolso sin leerlos siquiera y empiezo a subir las escaleras pesadamente, invadida por la tristeza y la decepción.
Cuando escucho la llave en la cerradura me giro esperando que no sea Trys, porque me sería muy difícil esquivar sus preguntas y ocultar mi cabreo. Al abrirse la puerta y ver quien entra me lanzo escaleras abajo como una loca.
-¡Tom!- grito lanzándome a sus brazos.
-¡Vaya!- dice riendo-¡Si llego a saber que me recibíais así hubiese venido antes!
-¡Que alegría!- exclamo comiéndomelo literalmente a besos. Cuando me separo para que termine de entrar me mira de arriba abajo.
-¿Te has vestido así para mí?
Ignoro su comentario y río como una cría feliz de tenerle aquí. De pronto se me olvida la fiesta y todo lo que ha pasado en ella. Le agarro de la mano y tiro de él hacia el salón. Él ríe dejando caer su equipaje por el camino.
-¡Vamos, cuéntame!... ¿qué tal tus vaquitas?- le obligo a sentarse en el sofá y saco dos cervezas de la nevera.
-Mis vaquitas bien, gracias, de hecho hay cinco terneritos más en el mundo gracias a mí.
Abro las cervezas, le tiendo una y me siento a su lado. Me descalzo y me quejo sin darme cuenta del dolor de pies que me han producido los enormes tacones. Tom se da cuenta y subiendo mis pies sobre su regazo comienza a masajeármelos.
Doy un trago a mi cerveza mientras suelto una exclamación de placer.
-Eso que llevabas en los pies es un auténtico martirio- dice entre risas.
-¡No lo sabes tú bien!
-Pero te sientan muy bien- y mirándome fijamente comenta pensativo- estás muy guapa, Kala.
-¡Tú sí que estás guapo!- digo acercándome a revolverle su rubio pelo- te has dejado el pelo más largo y te sienta fenomenal.
-¡No digas tonterías es que no he tenido tiempo ni de cortármelo!
Considero a Tom como el hermano mayor que nunca he tenido, ser hija única es lo que tiene. Y aunque hace seis años me confesó que estaba perdidamente enamorado de mí, le dejé claro que en mi vida no había cabida para el amor y que no quería que esos sentimientos hacia mí estropearan la fantástica relación de amistad casi fraternal que tenía con él. Hicimos un pacto para que eso no ocurriera y hasta día de hoy es mi mejor amigo masculino.
-Ven aquí- me dice.
Me acurruco entre sus brazos a sabiendas de que su abrazo no tiene ninguna intención distinta de la de ser una demostración del enorme cariño que nos tenemos.
-¿Has encontrado alguna granjerita que te haga tilín?- pregunto burlona y le escucho reír.
-No, no he encontrado ninguna granjerita.
-¿Y tú?... ¿sigues con Maine?
-No quiero hablar de eso ahora- digo en tono casi infantil.
-Uy…eso me huele a pelea de enamorados.
-Yo no me enamoro, ya lo sabes, Erik y yo solo lo pasamos bien juntos…
-Y deduzco que hoy no lo habéis pasado tan bien…
Paseo la mano distraída por su pecho y su abdomen deseando que el tema de conversación cambie- ¿Qué es esto?- pregunto notando cierta musculatura que la última vez que nos vimos no estaba ahí- ¡tienes tabletita de chocolate!- exclamo haciendo ademán de levantarle la camiseta.
-¡Kala, para!- dice entre risas tratando de impedírmelo.
-¡Pero la tienes!- insisto- ¡y quiero verla!
-Es sólo que he hecho un poco de ejercicio…- le miro, sonrío y de nuevo intento levantarle la camiseta. Él me sujeta las manos.
-¡kala!- me advierte. Pero yo hago fuerza para soltarme- ¡Basta!- dice en tono más serio y yo me quedo paralizada- lo siento…- añade con voz más suave- es solo que…me costó más de un año olvidar lo que sentía por ti- le miro fijamente a los ojos.
-No…perdóname tú- digo avergonzada. Me obliga a acurrucarme otra vez y nos quedamos unos minutos en silencio. Lo cierto es que me siento un poco confusa.
-¡Está bien!- exclama para mi sorpresa y haciendo que me incorpore continúa- ¡no soporto esos ojos grises mirándome con cara de pena!- y levantándose la camiseta me dice-¡mira!
Abro los ojos sorprendida, encantada, y sonriente. Me muestra un perfecto abdomen con unos músculos bastante marcados.
-¿Satisfecha?- voy a hacer un comentario algo subidito de tono pero me corta antes de empezar a hablar- ¡Ni una palabra!- abro la boca y me corta de nuevo- ¡he dicho que ni una palabra!- y ambos estallamos en carcajadas y me vuelvo a fundir en un fuerte abrazo con él.
Me pregunta por su hermana, le contesto que ha ido al cine, a la sesión golfa, pero que por lo demás está como siempre. Después le toca el turno a June. Le cuento que está en Marruecos y que regresará la semana que viene.
-¿Y Ricco?
-Inmaduro y salido como siempre- contesto y ambos reímos.
-¿Nunca te has planteado hacer un estudio psicológico sobre él?
Río ante de contestar- su cerebro está invadido por la testosterona, no queda sitio para neuronas ni pensamientos distintos del sexo. Sería mejor un caso de endocrinología que de psiquiatría- de nuevo estallamos en carcajadas cuando la puerta de entrada se abre y vemos llegar a Trys.
-¿Kala?- dice acercándose al salón, cuando ve a su hermano sale corriendo gritando su nombre. Se tira contra nosotros que reímos divertidos.
-¿Cuándo has llegado?- le toquetea por todas partes mientras habla- ¡pero que guapo estás!, ¿Qué te has hecho en el pelo?, ¿estás más…?
-Duro- contesto yo.
-Hola Trys, yo también me alegro de verte, hermanita.
Saco otra cerveza para ella y regreso a mi sitio en el sofá. Reímos y charlamos alegremente, yo acurrucada junto a Tom y Trys sentada en su regazo. De nuevo se escucha una llave que abre la puerta. Ricco se acerca al salón.
-¡Ya estamos todos!- exclama Tom.
-¡Joder, esa estampa es el sueño de mi vida…con dos tías…!
-Hola Ricco- dice Tom entre risas.
-¡Qué pasa tío, me alegro de verte!-le saluda para después tirarse contra nosotros- ¡abrazo de oso!- al instante siento una mano recorrer mi espalada en sentido descendente hacia mi trasero.
-¡Ni se te ocurra!- grito.
-¡Vale, vale!- dice levantando los brazos en señal de rendición- es que tienen vida propia.
-¡Estás enfermo, tío!- dice Tom entre risas.
-Tú sí que estás enfermo, ¿cuánto hace que no echas un buen polvo?, ¡si sigues así acabarás tirándote a una cabra!
Todos ríen menos yo que pongo los ojos en blanco mientras me  levanto de nuevo y saco cervezas para todos.
-¡Joder tío que ganas tenía de que vinieses!, por fin podré disfrutar como es debido de un buen partido de fútbol- dice Ricco palmeándole en el pecho.
-Pero yo los veo contigo- protesta Trys.
-Sí, cielo, pero tú gritas como una nena- y mirando a Tom añade- ¡hay que soltar tacos y eructar!
-¡Estoy de acuerdo!- dice él y ambos chocan sus cervezas.
Por la mañana el olor a tortitas me despierta, abro los ojos que me pesan como una losa, estoy echa un ovillo en el sofá, miro más allá y veo la mesita del salón repleta de botellas de cerveza vacías.
-¡Buenos días dormilona!- me incorporo y veo a Tom tras la barra de la cocina con el delantal y una sartén en la mano.
-¡El desayuno está listo!
-Buenos días- me llevo las manos a las sienes.
Un ligero ronquido llama mi atención, miro hacia donde proviene el ruido y me fijo que Trys y Ricco duermen tumbados en el suelo. Él se aferra a ella como una lapa. Cuando Trys se mueve, Ricco abre los ojos pesadamente.
-Ricco, me estoy clavando el mando de la tele en el culo- se escucha decir a Trys, remolona.
-No es el mando…
Según lo dice y Trys lo asimila pega un respingo y se separa como si quemara- ¡Ricco!
-Y luego no me creéis cuando os digo que tengo un serio problema matutino.
Miro a Tom que suelta una risotada.
Después de desayunar y recoger el salón subo a ducharme. Al salir del baño Trys me alcanza en el pasillo- ¿vas a contarme por qué Maine está plantado en su coche delante de casa?
-¿Cómo dices?- pregunto extrañada. Ella me agarra del brazo y tira de mí hasta su cuarto, me acerca a la ventana y descorre ligeramente una de las cortinas para que pueda mirar. Le veo, está dentro del coche y cuando mira hacia arriba, me aparto rápidamente.
-No quiero verle.
-¡Pero Kala…lleva ahí mucho rato!
-¡Me da igual!
-Vamos Kala… ¿no pretenderás tenerle ahí?, no sé qué ha pasado entre vosotros pero sal y habla con él por favor.
-No Trys…y no te metas ¿vale?- insisto.
-Pero Kala…el lunes estará de mala leche…y me pedirá un café, seguro.
-¡Pues no te preocupes, si lo hace, yo misma escupiré en él!- y decidida me marcho a vestirme a mi habitación

Perdida en tu menteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora