Una vez a solas en mi camarote, me meto en la ducha. Bajo el agua caliente hago recuento de lo que llamaría... una extraña noche. Trato de reorganizar cada uno de los recuerdos entremezclados que tengo de los distintos momentos así como de las distintas sensaciones que me han producido. Miro la marca de las esposas en mi muñeca y me enfurezco, pienso en Marco y el cabreo crece, pero también recuerdo la tormenta y la mezcla entre el miedo y la tranquilidad que me ha hecho sentir y el enfado se esfuma para dar paso a la confusión.
-¡Eres un tío raro Moore!- digo mientras me seco con la toalla- ¿que hay en tu mente?, eres por un lado puro hielo y por otro...- me obligo a callar, como si con ello pudiera esconder el hecho de que me ha hecho sentir muy bien.
Regreso a la habitación y me pongo uno de los escuetos camisones de seda y encaje que mis alocadas amigas me hicieron traer. Me da la risa solo de pensar en lo diferente que ha sido este crucero a lo que ellas esperaban que fuera. Después me acuesto y en cuestión de segundos me quedo dormida.
Camino por la playa y miro hacia el revuelto mar. El océano infinito dibuja grandes ondas en su superficie, siento el aire en la cara, cada vez más fuerte, y las ondas empiezan a traducirse en olas, enormes olas...salgo corriendo a coger mi tabla, son unas olas estupendas y no quiero perder la oportunidad de cabalgar sobre ellas. Pero cuando regreso me quedo de piedra al ver la inmensa masa de agua que viene hacia la playa. Sin dejar de mirarla empiezo a andar hacia atrás intentando alejarme de la orilla, siento que es imposible y me giro con la intención de correr con todas mis fuerzas para ponerme a salvo. Escucho mi corazón en las sienes y mi respiración es agitada. Estoy muy asustada, entonces oigo un fuerte estruendo y me acurruco en el suelo intentando cubrir mi cabeza con los brazos, de las toneladas de agua que caerán sobre mí.
Despierto de golpe y porrazo justo en el momento en que debería sentir el agua sobre mí arrastrándome, pero en lugar de eso escucho un fuerte trueno y doy un respingo. Salgo de la cama como un resorte y busco donde refugiarme mientras me retuerzo las manos muerta de miedo.
Unos golpes rítmicos en la puerta llaman mi atención. Corro a abrir y me encuentro a Moore apoyado en el cerco con cierta chulería. Y lo cierto es que me da igual, ¡aunque fuera el mismísimo diablo!, tiro de su mano y le hago entrar. Él cierra la puerta y yo como una autómata me limito a ponerme de espaldas ante él y apoyarme en su pecho esperando que me acurruque como hizo hace unas horas durante la otra tormenta.
Una ráfaga de luz y casi al instante el tremendo sonido del trueno, tiemblo como una hoja y él me cubre con sus brazos y me acuna.
-¡Ssshhh!- susurra cerca de mi oído- sólo es ruido, Kalanie..., sólo ruido...
Cierro los ojos y me dejo llevar por la calidez de su voz.
Otro trueno y de nuevo me pongo tensa.
-El dios Thor debe estar muy cabreado- comenta y yo asiento- seguro que es por una mujer.
-¿Por qué estás tan seguro?- pregunto con un hilillo de voz sin dejar de prestar atención a la tormenta.
-Porque sólo una mujer es capaz de cabrearte así- contesta, irónico. No hago ningún comentario, a través de mis párpados cerrados puedo ver la luz de un nuevo rayo y espero, contando mentalmente los segundos, el estallido del trueno- la mujer es puro pecado...- continúa diciendo con esa voz grave que me traspasa- es el fruto prohibido cubierto de una maravillosa piel suave... y llena de fantásticas y voluptuosas curvas...
Noto su aliento caliente acariciar la piel de mi cuello cuando habla, provocándome un cosquilleo que me recorre la columna vertebral. La piel de mis pezones reacciona irguiéndose contra la suave seda del camisón.
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Perdida en tu mente
ChickLitKalanie es joven, moderna y desinhibida. ¿Podrá enfrentarse a su primer caso importante dentro del bufete de psicólogos donde trabaja? ¿Quien psicoanaliza a quien? «¿por qué siempre tiene que sacar algo a cambio?, ¿por qué con él todo tiene que se...
