El viernes por la tarde al regresar a casa preparo una bolsa de viaje con algo de ropa, una muda, un pijama y el neceser con lo necesario para el fin de semana. Espero que alejarme del mundanal ruido de la ciudad y de Moore, Erik y demás congéneres me ayude a olvidar la rabia que siento dentro. Por la noche me duermo dispuesta a disfrutar de mi experiencia rural.
Unos suaves golpecitos en el brazo me despiertan. Abro los ojos pesadamente.
-¡Vamos dormilona!-susurra Tom- tenemos que irnos.
Miro hacia la ventana por la que no entra luz.
-¡Pero si es de noche!- exclamo somnolienta.
-Sí, pero tenemos un largo camino.
-¿Y no será mejor esperar a que las carreteras estén puestas, qué hora es?
-Las seis - contesta riendo-nadie dijo que este fuera un viaje de placer, ¡vístete y desayuna algo rápido!
-No puedo desayunar a estas horas...- digo remolona.
-Muy bien, cogeré algo y lo harás por el camino, te espero en el coche- le veo irse hacia la puerta con mi bolsa de viaje en la mano y vuelvo a cerrar los ojos- ¡ni se te ocurra dormirte o te sacaré tal y como estás y te meteré en el coche a la fuerza!
-¡Vale, ya voy!- digo arrugando la nariz
Veinte minutos después salgo por la puerta y subo al coche bostezando, él me mira burlón- puedes dormirte si quieres, tenemos unas tres horas de camino.
Sin decir nada me acurruco en el asiento y al instante me quedo dormida. Cuando despierto miro por la ventanilla, hace un sol espléndido aunque a lo lejos se ven unas nubes negras bastante amenazadoras.
-¿Dónde estamos?
-Ya queda poco.
Me fijo en lo bonito del paisaje, infinitas praderas verdes salpicadas de granjas rodean el estrecho camino.
-Esto es precioso- comento mirándole.
-Sí que lo es- contesta, orgulloso.
Poco después detiene el coche frente a una granja, baja del coche y yo también lo hago, cuando se pone ante mí se queda mirando mi atuendo. Pantalón vaquero pitillo, camisa rosa y cazadora vaquera ajustada, después centra su mirada en mis botines de nobuk con tacón.
-¿No tenías un calzado más adecuado?- pregunta irónico.
-Es lo más rural que tengo-contesto yo, más irónica todavía.
-Muy bien- dice levantando los hombros. Después saca su maletín y le sigo hacia una especie de establo situado al otro lado de la casa.
Cuando entramos un fuerte olor lo inunda todo, hago un gesto de asco tapándome la nariz mientras pregunto- ¿a qué huele aquí?
-A Chanel número cinco- contesta burlón. Parpadeo, sorprendida y él añade- esto es una pocilga, ¿a qué quieres que huela?
-¿Una pocilga?- pregunto siguiéndole, cuando abre la siguiente puerta veo una multitud de cerdos que gruñen y el olor se hace prácticamente insoportable. Reprimo las náuseas y agradezco no haber desayunado o ahora mismo vomitaría como si no hubiera un mañana.
Un hombre y una mujer se nos acercan y nos saludan.
-¡Doctor Evans, gracias a Dios que ha llegado ya!- dice el hombre.
-Hola Greg, ¿ya ha empezado?- pregunta Tom.
-Sí- contesta la mujer- ¡y la pobre se ha quedado atascada!
ESTÁS LEYENDO
Perdida en tu mente
Chick-LitKalanie es joven, moderna y desinhibida. ¿Podrá enfrentarse a su primer caso importante dentro del bufete de psicólogos donde trabaja? ¿Quien psicoanaliza a quien? «¿por qué siempre tiene que sacar algo a cambio?, ¿por qué con él todo tiene que se...
