CAPITULO 47

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Al abrir la puerta me quedo estupefacta, la habitación es enorme y lujosa. Al fondo se ve una cristalera comunica con una enorme terraza. Nos descalzamos en la entrada y entonces Dan me agarra la cara y me besa. Yo le respondo encantada sintiendo como su cuerpo se pega al mío y me aprisiona contra la pared. La temperatura entre los dos aumenta cientos de grados en cuestión de segundos. Le deseo y miles de cosquillas se pasean por mi cuerpo con la caricia de su lengua.


Pero de repente el miedo me atenaza, miedo al dolor, a no poder ser la mujer sexual que era antes, a no ser capaz de tener relaciones sexuales normales sin que la sombra de lo que me ocurrió me acompañe eternamente y sobre todo miedo a decepcionarle. Sin pensar apoyo mi mano en su pecho y le separo de mí.


-Por favor...dime que serás delicado...- mi voz suena lastimera aunque trato de evitarlo.


Me mira confuso y de pronto cae en la cuenta de lo que le estoy hablando- ¿Qué te hicieron mi niña?- dice acariciándome la mejilla como si fuese de porcelana y pudiera romperme.


Aparto la mirada sintiéndome muy avergonzada lo que le hace sacar sus propias conclusiones. Su mirada se torna dolida mientras niega con la cabeza. Le escucho tomar aire con fuerza y de pronto golpea la pared con la mano abierta lo que me hace dar un respingo-¡maldita sea!- grita enfurecido- ¡dime quien fue, Kalanie!- niego con la cabeza asustada por su reacción. Sus ojos echan chispas- ¡dímelo por favor!- me pide ahora tratando de controlarse- no soporto pensar que alguien te ha...- deja la palabra en el aire como si le doliera pronunciarla.


-No sé quién fue...- miento. No soportaría que hiciese alguna locura por mí- sólo sé que no fuiste tú y eso es lo que importa.


Entonces su mirada apenada me traspasa.


-¿Cómo pudiste pensar que yo sería capaz de hacerte algo así?- dice haciendo un gesto de dolor.


Imagino su dolor, lo que me hace sentir fatal.


Entonces se arrodilla ante mí y me abraza apoyando la cabeza en mi vientre- no te puedes imaginar lo sagrada que eres para mí, Kalanie... dime quien te hizo eso por favor...


¡Dios mío, acaba de conseguir que me sienta como una diosa!. Le acaricio el pelo y le apretó más contra mí. Estoy loca por él y me sobran los motivos para estarlo.


-Es hora de olvidar...- le digo.


-¿Cómo puedes pretender que lo olvide?


-Sí Dan, es hora de pasar página, no podemos vivir envenenados por nuestros pasados- le agarro la cara para que me mire y dar más énfasis a mis palabras- el tuyo y el mío. Tenemos que enterrar todas esas cosas que nos han hecho daño...ahora sólo tenemos que mirar hacia delante, estamos juntos y eso es lo que importa.


Se queda pensativo unos segundos y la expresión de su cara se relaja. Entonces se levanta y me acuna entre sus brazos.


-Quizás tengas razón, pero no me va a ser fácil


Unos toques en la puerta nos devuelven a la realidad.


-¡Servicio de habitaciones!- se escucha al otro lado.


Dan se separa de mí remolón y abre la puerta, yo me dirijo hacia el interior de la habitación y observo cada detalle, curiosa. Al momento entra con una bandeja y la deposita en la mesa. Saca la botella de vino y mira la etiqueta- ¡excelente!


Mientras, yo levanto la tapa plateada que cubre la bandejita que lo acompaña. En su interior hay un montoncito de bonitas y perfectas fresas. Le miro sonriente- seguramente serán las fresas más caras que he comido en mi vida- comento burlona.

Perdida en tu menteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora