CAPITULO 5

105 10 0
                                        

A penas consigo dormir, estoy muy nerviosa y me levanto antes de que suene el despertador. Me doy una ducha caliente esperando que eso consiga aplacar la desazón que me consume y paso casi una hora probándome ropa, buscando el atuendo más adecuado.


-¿Ya estás vestida?- escucho decir a una somnolienta Trys.


-Sí, ¿Qué te parece?- pregunto mostrándole el cuarto modelo que me pruebo. Es una falda de tubo por encima de la rodilla y una camisa lila de seda.


Trys me mira de arriba abajo, se acerca y me desabrocha el último botón dejando a la vista un generoso escote- así te pega más.


Vuelvo a abróchamelo mientras comento mirándome al espejo- ¿crees que es adecuado?, ni demasiado corto ni demasiado largo, ni demasiado atrevido ni demasiado serio. Sugerente, pero sin enseñar...


Trys parpadea alucinada- ¿desde cuándo psicoanalizas tu ropa antes de ir a trabajar?


Suelto una risilla tontorrona.


-Estás perfecta, tú siempre lo estás.


Preparo el desayuno mientras ella se ducha y se viste, pero cuando llega el momento de comerme las tortitas, siento un nudo en el estómago que me impide probar bocado y Trys acaba dando buena cuenta de ellas. Durante el trayecto voy muy callada, sumida en mis pensamientos sin ni siquiera escuchar a Trys que canturrea a mi lado. En cuestión de poco tiempo voy a saber qué es lo que el señor VIP tiene que confesarme, ¿será un asesino en serie?, ¿un sadomasoquista como el famoso señor Grey que tanto le gusta a Trys?, o lo que es peor... ¿un pederasta? Mis pensamientos solo consiguen ponerme aún más nerviosa.


Una vez en la sala VIP, miro el reloj por enésima vez en los últimos dos minutos. Me pregunto de qué humor vendrá hoy, aunque creo que el que me mostró el otro día debe ser el suyo natural. Resoplo ante la idea de pasar dos largas horas soportando esa mirada azul hielo que me taladra, su gesto serio y altanero y esa perfecta boca de la que salen comentarios tan desafortunados. La vocecita de mi cabeza grita horrorizada "¿he dicho perfecta boca?"


Cuando el minutero se mueve para señalar las nueve en punto le veo aparecer ante mí. Me sorprende con un atuendo bastante informal, cazadora de motero en tonos negros y blancos, pantalón oscuro y un casco de moto y guantes en la mano.


-Señorita Duncan- me saluda con tono seco pero correcto, tendiéndome la mano.


-Buenos días señor Moore- contesto estrechándosela con fuerza tratando de disimular mis nervios. Noto como una especie de electricidad recorre mi cuerpo cuando nuestras manos entran en contacto.


Me cede el paso caballeroso hacia el interior de la sala. Le ofrezco algo de beber mientras le veo quitarse la cazadora, debajo lleva una camisa de marca que he de reconocer le sienta como un guante.


-Agua, gracias- me contesta y yo me apresuro a coger un vaso y volcar la jarra del agua sin que ambos cristales tintineen por mis manos temblorosas.


Cuando me vuelvo compruebo que de nuevo ha preferido sentarse en el sofá en lugar de tumbarse en el diván. Dejo el vaso en la mesita y él me da las gracias.


Ocupo mi lugar en la silla frente a él y cruzo las piernas hacia un lado ante su atenta mirada.


-Muy bien, señor Moore, cuando quiera puede empezar- me mira fijamente, ¿por qué tengo la impresión de que siempre que lo hace está estudiando hasta mi más mínimo gesto?


-Antes de nada quiero pedirle algo- dice.


-Claro, mientras esté dentro de lo ético, moral y legalmente permitido- contesto sin pensar, imitando lo que él me dijo. Tengo la sensación de que mis palabras le sorprenden y hasta me parece apreciar un amago de sonrisa en su rostro casi inmutable.

Perdida en tu menteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora