Al parecer este día parecía estar en mi contra, aquel hombre esperaba la llamada de mi padre y ahora se dirigía a casa. No pude evitar llorar y sentirme algo irritada con todo esto, primero Austin yéndose y ahora esto ¿qué más faltaba? con todo lo que había pasado hoy estaba segura que ya nada me sorprendería. O por lo menos no el día de hoy.
Tome de nuevo una ducha y decidí cambiar mi ropa, no quería lucir mal pero tampoco quería arreglarme mucho y que pensara que lo estaba haciendo por él, de igual manera tome un vestido algo holgado de color rosa pálido y me puse unas sandalias, deje mi cabello suelto y salí de la habitación.
Cuando iba a medio camino de las escalera escuche que la puerta se abrió y se cerró de golpe. Él ya estaba aquí. Seguí mi trayecto y cuando subí mi mirada no creía lo que veían mis ojos. Un hombre de ojos color verde bosque, cabello negro oscuro como el carbón muy bien peinado, nariz recta, labios perfilados y con cuerpo muy bien trabajado al cual su traje se ajustaba perfecto. Reprimí el impulso de abrir la boca, era guapo no lo negaba.
- Por fin tengo el placer de conocer a esta belleza señor Montesano- sus ojos brillaron al verme, tomó una de mis manos entre la suya y la beso.
- ¿Usted es? - pregunté lo más cortante que pude.
- David Maestroni, a sus servicios- me dio una sonrisa de medio lado.
- Un gusto señor Maestroni soy Alex...
- Alexa Montesano Rodríguez- interrumpió arrogante. No pude evitar girar mis ojos.
- Bueno, basta de presentaciones ¿qué quiere hacer conmigo? o mejor dicho, ¿Qué quiere de mi?- dije con un tono amargo, él lo noto.
- No puede negarse que heredo el carácter de su padre- se giró a verlo, mi padre estaba a punto de matarlo con solo su mirada.
- Al grano, no tengo mucho tiempo, tengo tarea por hacer- estaba cansándome y solo llevaba conociéndolo unos minutos.
- Puedo suponer que ya sabe porque estoy aquí.- asentí, él levanto su ceja y decidí contestar.
- Si eso lo sé perfectamente- me gire a mis padres quienes tenían la cabeza gacha-continúe por favor no haga mal uso de mi tiempo- se rio un poco de mi ¡santa madre de Dios! que sonrisa tan bonita.
- Tranquila pequeña- volvió a besar el dorso de mi mano, no me había dado cuenta de que aun la sostenía- Necesito una esposa, y te quiero a ti- una sonrisa que me pareció maliciosa se posó en su bello rostro.
- Por supuesto que no, mi hija no se casara con usted - mi padre estaba tan enojado que se le notaban las venas de su cuello.
- Créame señor Montesano, ella lo hará si quiere que usted recupere su empresa- el tono de su voz se volvió amargo.
Mi padre se quedó unos momentos meditando sus palabras, pero él parecía demasiado recio ante la situación, claro que cualquiera lo estaría si le pasara esto de la noche a la mañana. Ninguno dijo nada por unos minutos, yo aproveche para quitar mi mano de la suya y alejarme un poco.
- No, prefirió vivir en la miseria a que ella se case con usted- escupió mi padre con rabia.
- No es su decisión señor, y seamos honestos ¿Podría dejar de vivir sin todo esto?- sus manos se alzaron para señalar el lugar.
- Claro que puedo señor Maestroni- reto mi padre.
- No puede- dijo como si nada y señalo a mis padres- usted y su esposa necesitan el dinero para que su hija termine la universidad, por lo que se le hace falta un año para culminar.
- Tiene razón señor Maestroni, pero yo podría buscar un empleo que me dé lo suficiente para pagar lo que resta de la universidad de mi hija- su actitud imponente me estaba cansando, ese hombre tenía razón.
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Matrimonio infernal.
RomancePor mis padres haría lo que fuera, incluso, casarme con aquel hombre de ojos verdes y sonrisa perfecta. Pero alto ahí, él no es mi caballero de resplandeciente armadura. Él es el caballero negro del cuál las damiselas escapan. Portada hecha por @dr...
