—¿Le sirvo más café? —inquiere Bertha al sostener la cafetera en mano.
—¡Sí! ¿Cómo me dijiste que se llamaba el chico? —Llevo un trozo de piña a mi boca.
— Edward, es un buen chico. —La convicción en su voz me sorprende—. Vive con su abuela y su hermana pequeña que tiene quince años.
—¿Y sus padre dónde están? —Siento curiosidad sobre ese hecho.
—Sus padres murieron cuando él tenía trece. —La nostalgia es notoria—. Desde entonces ha tenido que trabajar para ayudar a su abuela y a Ross, su hermana —añade.
—Sé lo que se siente perder a un ser querido —digo sin poder evitar pensar en Marcos. Mis ojos se humedecen ante los recuerdos—. ¿Qué edad tiene? —Hago lo posible para alejarme de aquellos pensamientos tristes.
—Tiene veinticuatro. Déjeme decirle, aunque no me lo haya preguntado, que trabajaba como mensajero en una compañía textil, pero quebró y se ha quedado sin labor, por eso está aquí. Su abuela y yo fuimos grandes amigas, y me llamó para pedirme ayuda.
—¿Supongo que es por eso que se encuentra acá? —Más que una pregunta, es una afirmación.
Asiente.
—Sí. Pensé que como a usted le hace falta un chofer, sería bueno entrevistarlo, le aseguro que puede confiar en él, como le dije, es un buen chico y necesita ayuda. —Confío en su criterio, por lo que le pido que lo haga entrar.
— ¿Ya desayunó? —investigo antes de que se retire.
—No he tenido tiempo de servirle.
—Pon otro plato para que desayune conmigo.
—Como diga. —Se marcha.
Momento después, Edward desayuno conmigo en silencio. Mientras lo hace, me es imposible aparatar mi vista de él. Es un joven muy guapo, pero, ¿qué pienso. Sacudo mi cabeza para alejar esas cavilaciones.
—Entonces, te llamas Edward, ¿verdad? —Rompo el silencio.
—¡Sí, señora!
—¡Por favor! Llámame Tereza —comunico con una sonrisa—. No me digas señora, es suficiente con Bertha. He intentado quitarle esa costumbre, pero no he tenido mucho éxito.
—¡Sí! ¡Seño...! Perdón, Tereza. —Baja su cabeza al plato, a lo mejor sigue avergonzado por lo ocurrido en la cocina.
Sus manos tiemblan al llevarse el vaso con agua a la boca.
—Bertha me contó que buscas trabajo. —Hallo la forma de que se tranquilice.
—Sí, así es. —Coloca el vaso en la mesa.
—En este momento me está haciendo falta un chofer, es lo único que puedo ofrecer, y lo hago porque Bertha me habló muy bien de ti. No acostumbro a contratar a gente solo por recomendación —comento dándole a entender la suerte que tiene. Veo como pasa saliva con dificultad y vuelve a tomar el vaso con agua—. El sueldo será de acuerdo a tu horario, tendrás seguro de salud e indemnización si en algún momento decides no seguir trabajando conmigo, claro está, si es que decides aceptar el trabajo. Si aceptas, mandaré a redactar el contrato con mi abogado mañana mismo.
—¡Acepto! —dice sin más.
—Bien, empezarías este lunes. Algo importante, tendrías que usar uniforme. —Aunque lo que me gustaría sería verte sin él. ¿Qué...?
Creo que la conversación que tuve con Clara ayer me afectó mucho.
—El lunes será. —Me regresa a la realidad.
—Una cosa más, tendrás que venir a vivir aquí.
Comienza a toser de repente, al parecer se ahogó con algo, me levanto de la mesa deprisa e intento ayudarlo, no dudo en alcanzarle agua.
—¡Gracias! —musita calmado—. Estoy bien. —Espero una respuesta a la propuesta que le acabo de hacer. Sin embargo, tarda en llegar—. Yo... no puedo aceptar. —La sorpresa en mi rostro es notoria.
¿No se supone que necesita el trabajo de manera urgente?
—Pensé que te urgía el empleo. —Le hago saber.
—Si, mucho, mas no puedo dejar a mi hermana y a la Abuela sola. —Su rostro luce derrotado, pero de inmediato su expresión cambia por una esperanzada, como si una gran idea se le ocurrió—. Yo podría seguir viviendo allá y cuando usted necesite de mí, llama y en minutos me presentaré aquí —habla deprisa—. Para mí no es ningún problema, mi casa está a solo una hora de aquí, le aseguro que no la decepcionare...yo...
—No —interrumpo—, eso no es posible. Mi trabajo puede requerir mi presencia en cualquier momento, no puedo esperarte una hora a que aparezca...¡Lo siento mucho! —murmuro con pesar—. Me encantaría ayudarte, por el aprecio que le tengo a Bertha, sé que le haría feliz que te diera el trabajo, pero en este caso no me es posible. Lo lamento.
—Entiendo. —La desolación en su mirada me deja pasmada—. Fue un placer, Tereza. —Extiende su mano hacia mí con una sonrisa triste.
Se levanta de la mesa para marcharse y siento cómo algo dentro de mí se quiebra. En su rostro veo impotencia, desesperación, angustia y tristeza. Sus ojos se ven cristalinos y desnudan mi alma al completo, no puedo evitar conmoverme. ¿Qué sería de él, de su familia? ¿Hacia dónde iría ahora? Esas preguntan se arremolinan en mi mente causándome una angustia que hace mucho tiempo no sentía.
—No, no puedo hacerlo —me digo a mí misma, me levanto incorporo y corro detrás de él para alcanzarlo. No obstante, ya ha desaparecido—. ¡Bertha! ¿Por dónde se fue Edward? —indago al entrar a la cocina.
—Acaba de marcharse, solo vino a despedirse. Lamento tanto que no haya podido contratarlo. —Su tono triste hace que mi corazón duela—. En verdad lo necesita mucho. —Hace que la desesperación haga estragos en mí.
—Sí, pero... ¿por dónde se fue? —resuello cada vez más impaciente.
—Por ahí. —Señala la puerta trasera.
Al salir al jardín no le veía. Le hago señas al de seguridad de la puerta de entrada para que la abra, cuando llego hasta la acera, miro hacia abajo, le veo doblando la esquina.
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Volver a amar "Segundas Oportunidades 1"
ChickLitPrimera entrega de la bilogía "Segundas oportunidades" Una exitosa empresaria, se enfrenta al pasado cuando revive sentimientos que nunca pensó volver a tener. Tereza Roberts quedó viuda muy joven, haciéndose cargo desde entonces de una cadena de...
