Primera entrega de la bilogía "Segundas oportunidades"
Una exitosa empresaria, se enfrenta al pasado cuando revive sentimientos que nunca pensó volver a tener.
Tereza Roberts quedó viuda muy joven, haciéndose cargo desde entonces de una cadena de...
—¡Te odio! ¡Te odio!—Grita Ross mientras se introduce en el auto cerrando la puerta con violencia.
—Ve a casa y trata de hablar con ella, pero esta vez intenta que no sea a los gritos, ponte en su lugar. —Aconsejo colocando mi mano en su mejilla acariciándola, cierra sus ojos y un suspiro melancólico sale de sus labios.
—Primero voy a llevarte a la oficina—Habla y me niego—Para eso me contrato.
—¡No! Yo llamaré un taxi. Todo irá bien, deja de preocuparte y haz lo que te digo.
—Está bien—Deposita un beso en mi mejilla, recuerdo donde estamos y me ruborizo.
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En la oficina no puedo concentrarme en otra cosa, en mi cabeza se encuentran Edward y su hermana, ¿Qué habrá pasado? ¿Habrán podido resolver sus diferencias? ¿Qué pasará ahora? Son algunas de las tantas preguntas que me hago.
¿Qué es eso que ella sabe de la relación que tengo con su hermano?.
En algo tiene razón, lo único que podrá pasar entre Edward y yo, es una relación en un plano físico, aún así, y a pesar de que lo tengo más que claro, me duele mucho escucharlo de su boca, no puedo dejar de pensar que entre nosotros nunca podrá existir otro tipo de relación. Por más que quisiera, no podría.
—Entonces será el sábado a la Siete—Dice Johanna interrumpiendo mis pensamientos.
—Perdón ¿Qué decías?—Pregunto al no comprender lo que acaba de decirme.
—La reunión con el señor Paterson ¿La coloco para el viernes o el sábado? —Pregunta.
Ese es otro asunto que me mantiene estresada.
¿Hasta cuándo tendré qué soportar a ese señor? ¿Hasta cuando su insistencia? Clara se reunió con él, pero sigue insistiendo en hacerlo conmigo también.
—Que sea el viernes. —Mientras más rápido mejor—Pienso—¡Puedes retirarte!—Digo a Johanna.
A la hora del almuerzo salgo con Clara, hablamos de lo ocurrido en la mañana y me aconseja que no me preocupe. Eso no me deja tranquila, supongo que tendrá razón, ella tiene dos hijos, y tiene más experiencia en ese asunto.
Al volver a la empresa trato de concentrarme en el trabajo lo que queda del día, sin poder lograrlo.
A la hora de la salida le pido a Clara que me lleve a casa. Al final terminé por darle el día libre a Edward para que se calmara y pueda hablar con su hermana.
Cuando llego a casa voy directo a mi habitación, no tengo ánimos para comer por lo que le pido a Bertha que nadie me moleste.
Me doy un baño y me meto a la cama con nada de sueño, Morfeo parece no tener planes de visitarme está noche. Después de dar miles de vuelta sobre la cama sin poder dormir, opto por terminar un libro que hace día empecé a leer.
Me encuentro tan sumergida en la lectura que me sobresalto al escuchar mi teléfono sonar. Lo tomo, veo que tengo un nuevo mensaje, un mensaje de Edward.
"¿Estás en tu habitación? ¿Podemos hablar?."
«¡Si! Sube—le respondo inmediatamente.
Algunos minutos después tocan a mi puerta.
—Pasa.—Digo sabiendo de ante manos quien es.
Entra y se sienta en una esquina de mi cama.
—Cuéntame ¿Qué paso? ¿Lograste hablar con ella?—Pregunto sin rodeos.
—No, no he podido, cuando llegó se encerró en su habitación y no ha querido salir, no sé qué hacer, todo es tan difícil, nunca le había pegado a mi hermana, eso me está carcomiendo por dentro—inclina su rostro cubriéndolo con sus manos.
Me arrodillo detrás de él, dejo caer mis manos en sus hombros para luego cubrirlo con ellas en un abrazo.
—Todo esto es mi culpa, no debí insistir en que la inscribiera en ese colegio—Digo con pesar.
—Claro que no. No teníamos otra opción, tú solo trataste de ayudar porque yo así te lo pedí, ella no lo entiende en estos momentos, pero sé que pronto se le pasará—toma mi mano derecha y deja un beso en el dorso.
Gira hacía mí haciendo que nuestros cuerpos queden uno al frente del otro. Me observa por lo que parece una eternidad, acariciando mi rostro con las puntas de sus dedos.
—Te necesito—susurra acariciando mis mejillas depositando un beso tierno en mis labios.—quiero hacerte mía una vez más. —Deja pequeños besos por todo mi cuello para luego regresar hasta mi boca y devorarla con ansías.
Correspondo al beso con la misma necesidad, porque se que es lo que ambos necesitamos en estos momentos.
Sin dejar de besarme hace que mi cuerpo quede recostado en la cama, sus manos son diestras, acaricia todo mi cuerpo provocando que de mi boca salga más de un gemido.
Nuestras ropas desaparecen en cuestión de segundos, Edward se sumerge en mí con fuerza provocando que mis uñas se claven en su espalda. El vaivén de sus caderas es como la danza que practicaban los aborígenes para poder comunicarse entre sí, eso es lo que nuestro cuerpo hacen, comunicarse entre ellos, ya se conocen, se llaman y se busca con fuerza, con anhelo.
Él gime, gime mi nombre aferrándose a mi cadera, uniéndome cada vez más a él como si de esa manera puede retenerme eternamente. Pero hay algo que quizás el no sabe, y es que yo no quiero irme a ningún otro lugar, no quiero estar lejos de sus brazos.
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