La promesa intrínseca en esa afirmación provoca que mi cuerpo se estremezca ante la idea de lo que podrá suceder.
Mis rodillas tiemblan y mi cerebro me pido huir ahora que hay tiempo, sin embargo, toda raciocinio abandona mi cabeza cuando siento los labios de Edward sobre los míos.
Es un beso lento como si midiera mi reacción, acaricia de forma suave y pausada mi labio inferior enviando descargas de deseo por todo mi cuerpo.
Mis manos cobran vida propia y las ubico detrás de su cuello con el fin de acercar su boca más hasta a mí para profundizar el beso, no es que me desagrade la ternura con la que me besa pero no es lo que necesito en estos momentos. Le siento reír sobre mis labios al notar mi ansiedad, profundiza el beso haciendo que mi estomago se encoja ante el placer que me provocan sus besos.
Necesitamos respirar y el parece notarlo porque lleva sus besos hasta mi cuello, de mi boca salen pequeños jadeos. Sus manos se encuentran en todas partes y en ningún sitio al mismo tiempo.
Le siento acariciar mis senos por encima del bikini que llevo puesto, siento sus manos por encima de mi costilla, la introduce dentro del sujetador del bikini teniendo acceso de esta forma a mis senos desnudo. La calidez de su mano me paraliza, lo siento alejarse de mi para observarme con curiosidad.
—¿Quieres que pare?—Pregunta. Al parecer a malinterpretado mi reacción. Niego con la cabeza porque soy incapaz de hablar, y de hacerlo no creo que algo coherente salga de mi boca.
Siento sus manos sobre mi espalda y después como estás desatan los lazos del brazier que llevo puesto, mientras lo hace no deja ni por un momento de repartir besos por mis labios, y descender con precisión por mi cuello, mi clavícula. Al sentir su aliento sobre mi pezón este se endurece al instante, lo besa, lo introduce en su boca.
Un gemido sale de mi acompañado de otros tantos cuando empieza a jugar con mis senos.
La sensación es indescriptible, mi excitación crece a pasos agigantados, mi boca está seca a pesar que hace tan solos unos segundos tenía la boca húmeda de Edward sobre la mía, siento desfallecer, mis rodillas tiemblan, mi cordura ya no existe.
Lo único que quiero y deseo es sentirlo dentro de mí, es por eso que cuando siendo sus manos en mis piernas y luego en el borde de la parte inferior de mi bikini tiro de su cabello hasta tenerlo a la altura de mi rostro.
—Q..uiero...—Intento hablar pero se me dificulta, él parece leer mis pensamientos porque se inclina hasta posar una mano bajo mi rodilla y otra en mi espalda alzándome sin esfuerzo del suelo.
Camina conmigo a cuesta mientras yo aprovecho para besar su cuello, me deleito con los pequeños gemidos roncos que salen de su boca. Sube las escalera y se detiene en la puerta de la que estoy segura es mi habitación, empuja dirigiéndonos a ambos a dentro.
Me deposita en la cama, y otra vez su boca asalta la mía, mi corazón late a una velocidad sin precedente como si quisiera salirse de mi pecho.
Edward se separa mi, mi cuerpo protesta, pero al instante se tranquiliza al verlo retirar su camisa, sigue con los zapatos y el pantalón, mis ojos se dirigen a aquella zona que está a punto de brindarme aquel placer que me he negado por tanto tiempo.
—Si me sigues mirando de esa manera no creo que aguante mucho.—Comenta.
Muerdo mi labio inferior. Edward se acerca hasta mi, su dedo pulgar acaricia mi barbilla para luego tirar de ella obligando a soltar mi labio, deposita un beso suave en ellos, sus manos vuelve al elástico de mis bragas para ahora si deshacerse de ellas.
Se coloca encima de mí, abre mis piernas y se deja ir dentro.
Contengo la respiración ante la invasión, mi cuerpo se arquea involuntariamente, le escucho jadear, gemir y susurrar un sin números de palabras que para mí no tienen sentido, es como si hablará en otro idioma porque no logro entenderlo. Un dolor placentero se expande por todo mi cuerpo.
Una sinfonía endulza mis oídos llevándome a un lugar donde solo existimos él y yo, donde no hay prejuicios, donde no existen diferencia de edades y clases. Me olvido de quién soy, mi pasado no parece ser tan oscuro ahora. Gimo, gimo su nombre y me aferro a él como mi tabla de salvación.
Hace siete años que no experimentaba nada igual, no sé si sería justo comparar porque por más que busco no encuentro similitud. Aquí, ahora, deje de ser Tereza Roberts para convertirme en una mujer más, que anhela, que desea, y que el placer la consume volviéndola tan vulnerable como al resto.
Alcanzo el clímax inversa en una nueve de invisibilidad que me oculta del mundo, permitiéndome gemir, jadear y gritar loca de placer, un placer que sobrepasa toda expectativa.
Mi respiración es entrecortada, y estoy a punto de preguntarme si Edward ha logrado sentir el mismo placer que he alcanzado yo. Todo queda en el olvido cuando le escucho gritar mi nombre y derramar un espeso y caliente líquido sobre mi estómago.
ESTÁS LEYENDO
Volver a amar "Segundas Oportunidades 1"
Chick-LitPrimera entrega de la bilogía "Segundas oportunidades" Una exitosa empresaria, se enfrenta al pasado cuando revive sentimientos que nunca pensó volver a tener. Tereza Roberts quedó viuda muy joven, haciéndose cargo desde entonces de una cadena de...
