¡Tres horas! ¡Tres malditas horas! Es el tiempo que Tereza lleva encerrada con Clara.
¡Estoy desesperado! Solo quiero saber que se encuentra bien.
Hace un momento Bertha subió a llevarles café, cuando bajó le pregunté como se encuentra, y me dijo que no la vio muy bien, que aún sigue llorando.
Llevo mis manos a la cabeza alborotando mi cabello lanzando una maldición.
La única forma de desahogarme para sacar la impotencia y frustración que siento, es gritar, maldecir. Tengo que ser paciente me repito una y mil veces, pero maldición, no soy paciente y nunca lo he sido.
—¿Se encuentra bien joven Edward?—Pregunta Bertha apartando mis pensamientos. He olvidado que ella aún se encuentra a mi lado.
—Eh...Si...estoy bien—Le respondo y frunce el ceño.
Creo que mi actitud hacia Tereza la ha puesto en alerta, y sospecha que algo está ocurriendo entre nosotros.
No me importa, solo quiero que Tereza deje de llorar, que vuelva a reír, que me sonría como solo ella sabe hacerlo, aquella sonrisa que me enamoró y que me sigo enamorando cada día.
—Me retiro a mi habitación, si necesita algo o la señora me llama, me buscas. ¡Buenas noches!
—¡Buenas noche Bertha! ¡Que descanse!
Diez minutos pasaron desde que Bertha se retiró a su habitación, yo tome asiento en el sofá, mientras sostengo mi cabeza en mis manos a la altura de mis rodillas.
Pasos en las escaleras me hacen alzar la vista.
Clara se dirige hacia mí con una expresión que no puedo descifrar.
—Ella quiere verte—Dice, y no escucho nada más porque planto a correr escaleras arriba.
Llego a su habitación y trato de calmarme, si vamos hablar lo mejor es que me llene de paciencia para poder escuchar lo que ella quiere decirme.
Toco a su puerta, y escucho un pase que hace que mi corazón se acelere.
Entro a la habitación encontrándomela en la misma posición que la vez anterior, con la única diferencia de que esta vez no se encuentra llorando, sin embargo, su rostro demuestra que solo se está conteniendo.
Su cara está completamente roja, su nariz, sus ojos hinchados, sus labios resecos.
—Acércate—Me dice, y no la hago esperar.
Me siento a un costado de la cama, ella aprovecha para incorporarse, pasa sus manos por detrás de mi cuello, y me acerca hacia ella hasta que nuestros labios quedan unidos en un beso brusco, fuerte, hambriento, al que yo inmediatamente correspondo.
La siento moverse hasta quedar encima de mí, con sus piernas a los costados de mi pelvis.
El beso es cada vez más agresivo, más necesitado. Un gemido involuntario escapa de mi garganta cuando esta se separa de mi boca para empezar a besar mi cuello.
Trato de alejarla de mí, porque aunque muera por hacerla mía se que este no es el momento indicado, pero me es tan difícil resistirme !Qué no soy de piedra! y más cuando esta comienza a rozar su sexo contra el mío, haciendo de mi erección un problema más que evidente.
—Tereza, no, por favor, necesitamos hablar—Expreso con dificultad.
—Ahora no—Responde, mientras comienza a deshacerse de los botones de mi camisa, acaricia mi pecho.
—Tereza...—Agarro sus manos para evitar que siga tocándome.
—Por favor, Edward, te necesito, necesito olvidarme de toda esta mierda por un momento...solo hazme el amor, te prometo que hablaremos pero en estos momentos solo necesito de tus besos, de tus caricias, quiero sentir tus manos recorriendo mi cuerpo—Suplica. Miro sus ojos y veo tristeza, pero también deseo, deseo de estar conmigo.
Sin decir palabra me levanto con ella aún en mi regazo, y la deposito en la cama, quedando yo encima de ella para empezar a besarla con pasión.
De un momento a otro la ropa ya no está, el silencio llena la habitación que solo se veía interrumpido por nuestros gemidos, y nuestras respiraciones entrecortadas.
—Te amo—Pronuncio llegando al clímax. Caigo sobre su cuerpo sin aplastarla.
Me coloco hacia un lado atrayendo a Tereza hacia mí para que se acueste en mi pecho, mientras nuestras respiraciones regresan a la normalidad.
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Nos leemos pronto...
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Volver a amar "Segundas Oportunidades 1"
Literatura FemininaPrimera entrega de la bilogía "Segundas oportunidades" Una exitosa empresaria, se enfrenta al pasado cuando revive sentimientos que nunca pensó volver a tener. Tereza Roberts quedó viuda muy joven, haciéndose cargo desde entonces de una cadena de...
