Capítulo 18...

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Narra Tereza...

Al llegar a mi habitación quito toda la ropa de mi cuerpo quedando completamente desnuda, me introduzco en el baño, me dispongo a preparar la bañera para proceder a sumergirme en ella, me relajo dejando que el agua tibia haga su efecto, media hora más tarde salgo secando mi cuerpo con la toalla, cuando estoy completamente seca depósito la tolla en una percha para que se seque, voy hasta mi clóset por una bata, pero antes me detengo en los cajones de la ropa interior, tomo unas bragas de color negro, cuando la termino de colocar en mi cuerpo siento como la puerta de mi habitación es abierta.

—Puedes dejar la bandeja en la mesa Bertha, enseguida tomo algo—Digo sin girarme.

—Bertha me pidió que le traiga la cena—Responde una voz ronca detrás de mí. No tengo que voltear para saber de quién se trata.

—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¿Cómo es que me pasa esto a mi?—Susurro golpeándome la frente con la palma de la mano.

—¿Dónde dijo que la deposite?—Vuelve hablar. No quiero girarme, no puedo girarme, recorro con la vista mi habitación en busca de algo que cubra mi desnudez, y lo único disponible que alcanzo a ver está en el perchero y tendré que voltearme para poder conseguirlo.

Inspiro cubriendo mis pechos con la mano, tomando valor giro.

—Salga de mi habitación—Grito furiosa al ver que éste no se ha movido ni un centímetro de su lugar. ¡Qué descarado! No aparta los ojos de mi cuerpo.

—Solo le traje esto, cumplo una orden—Pone la bandeja en la cama—¿Segura que quieres qué me vaya?—Dice acercándose a mí de forma lenta y sensual.

—¡Qué se vaya! —Descubro parte de mis senos para apoderarme de uno de los frascos que se encuentran en mi tocador y lo lanzo contra él, lo esquiva y choca con la pared haciéndose añicos. El muy desgraciado aún se atreve a burlarse de mí.

—Me pone mucho verla tan enojada.—Dice relamiéndose los labios.

—Eres un hijo de...—Lanzo otro frasco.

—Esas no son palabras para una señora como usted, ríe esquivando cada uno de mis ataques.

—Si no sale de aquí, juro que te quedas sin trabajo. —Exclamo

—Deja de amenazarme con eso,  tú y yo sabemos que no es posible, nos necesitamos—Dice levantando la mano en señal de rendición. Sé que no se refiere a la relación Jefa-empleado, pero no voy a darle el gusto de verme claudicar.—Eres tan bella con tu cara toda sonrojada—Me lanza un beso y sale corriendo de la habitación.

Le arrojo un último frasco, pero para mi mala suerte impacta contra la puerta cerrada.

Corro por mi habitación en busca de una bata para cubrirme, la encuentro y envuelvo mi cuerpo con ella, me siento en el mueble que tengo a un lado, inhalo y exhalo tratando de calmarme.

—Estúpido, estúpido, estúpido Edward Samz. No creas que esto se quedará así.

¿Qué creen que Tereza hará al respecto?

Volver a amar "Segundas Oportunidades 1"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora