¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
— Koutaro.. — Fueron las únicas palabras qué su débil voz pudo recitar.
Ante sus ojos, ante su mirada en shock. Su cuerpo simplemente se negaba a mover si quiera un dedo.
La vida de Koutaro se apagaba frente a ella.
Antes de los múltiples disparos, este último había logrado cubrirla con su cuerpo, pero incluso había sido tan rápido qué logró acertar un tiro en el hombro del joven.
Sin embargo esto último solo causaría que el chico soltase el arma al recibir el disparo de plomo.
Había sido un intercambio de 3 por 1.
Raiden quién había volteado hacía ellos dos, se percataria qué ante sus pies había caído el arma de Yuu.
— Seguramente ella todavía tiene su arma — Pensó con lógica antes de decidir agacharse.
— Sería estúpido qué no la rematara a ella también —
En ese mismo tiempo Akira habría salido del shock con un gran esfuerzo, simplemente para darse cuenta de lo que Raiden estaba planeando hacer.
Antes de qué esté último pudiese tomar el arma con su mano derecha, y así acabar en algo mucho peor. La sangre de Raiden explotó hacía su rostro.
El grito qué vino consigo fue estremecedor. Fue de dolor puro.
Akira le había atravesado la mano con un disparo, antes de qué este último pudiese tomarla y ocasionar una tragedia.
Como si el mismo tiempo se alentara incluso más, pudo observar como en medio de su mano había un agujero qué la traspasaba. Incluso podía ver el mismo piso a través de ella junto a la sangre qué empezó a caer sin fin.
Un ardor infernal lo recorrió por todo el cuerpo. Tanto la piel como los huesos habían sido destrozados junto con sus nervios qué gravemente habían sido desgarrados.
— ¡¡ERES UNA HIJA DE PERRA!! ¿¡¡COMO TE ATREVES!!? — Gritó con fuerza ahogándose en su dolor.
Rápidamente Yuu lo tomó del hombro para huir, pero Akira seguía apuntando. Era solo cuestión de jalar el gatillo y ambos seguramente se irían al infierno.
Antes de hacerlo, por un segundo dudó de ello. — ¿De verdad.. Voy a matarlos?.. — Se preguntó antes de perder su humanidad.
Hasta ese momento jamás lo había hecho. Incluso la idea le resultaba algo hostigoza, a fin de cuentas era una joven inmadura de 18 años.
Esa simple inmadurez la había llevado a este acontecimiento qué pudo haberse evitado.
En su cabeza miles de ideas pasaron por su mente, reclamos hacía ella de parte suya por el simple hecho de no estar lista para ello.