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Palabras clavadas en su pecho con un filo más cargado que el de un cuchillo.
En su cabeza se repetía, en su pecho palpitaba y en su cuerpo resonaba el peso aplastante de sus palabras.
Sus ojos se aguadaron hasta desbordarse en sollozos ahogados con lástima.
Senju estaba a su lado abrazándolo desde su hombro hasta su pecho, la peliblanca sirvió de pilar en ese instante de debilidad.
Entre lamentos inutilmente reprimidos, Andrew repetía una y otra vez, en su forma de pensar tal imagen propia resultaba tan patética como extraña.
Negando aquello Senju jaló su oreja en regaño.
— Deja de pensar así, idiota —
Apenado agachando la mirada por culpa de la incómodidad decía "Yo no soy así de patético".
Senju río por el comentario antes de volver a darle un jalón. — No somos patéticos por eso — Corrigió.
No le quedó de otra qué aceptar, en estas condiciones cualquier cosa salida de sus labios era una estupidez.
Eso y la dificultad que tenia para hablar en estos momentos.
El cigarro le había secado la boca desde hace ya un rato; — ¿Ya no quedan? — Preguntó queriendo uno más.
Senju negó con su cabeza para después decirle con curiosidad "Tu no sueles hablar mucho de tu pasado"
— No hay tantas cosas interesantes que contar, incluso siento qué es deprimente — Contestó tratando de perder su atención en el paisaje.
De noche la ciudad se deslumbraba como ningún otra, era fácil perderse en los tantos colores.
En esa sensación extraña de conocer otro lugar, llevaba poco en el país pero ya había logrado pertenecer más qué en su anterior hogar.
— Es la primera vez en tanto tiempo qué siento que formó parte de algo más — Confesó — No hace mucho solo me limitaba a quedarme en casa, no tenía muchos amigos ni tampoco solía salir a divertirme —
Por primera vez en todo este tiempo Senju podía ver como Andrew comenzó a abrirse un poco más.
— Desde que llegué mi vida cambió totalmente, e conocido a mucha gente, e incluso ahora tengo un grupo de amigos y a alguien quién quiero proteger — Se expresaba pensando en ella al final.
Sus mejillas rojizas junto a esos ojos como lunas, todo comenzó con ella.
Su vida cambió para bien, pero no podía lidiar con los recuerdos.